LA LIBRERÍA

'Pequeña enciclopedia de lugares íntimos', de Yuri Andrujovich: geopoética contra la geopolítica

Acantilado edita esta antología enciclopédica de treinta y nueve ciudades de las ciento once retratadas por el autor ucraniano en la obra original

12/04/2023 - 

MURCIA. Es uno de los conceptos estrella de este último lustro, quién sabe si década: sin duda ya existía previamente, pero su popularización es cosa de un tiempo breve para acá. Antes, el término geopolítica no escapaba de ciertos despachos; a lo sumo se le daba uso en las universidades y en escuelas de negocios atentas a la actualidad internacional. Más allá de eso, no era una palabra demasiado frecuente en las conversaciones con amistades en la mesa de un bar. Ahora, sin embargo, la geopolítica es algo que invocamos con cierta asiduidad: en parte esto es culpa o bondad del coronel Pedro Baños, @geoestratego, a quien hemos entrevistado hasta en dos ocasiones en esta sección que es La librería. Por otra parte, los medios están interpretando lo que antes era política internacional en clave de geopolítica, lo cual tiene unas connotaciones diferentes: la política internacional es algo tedioso, lento e improductivo, mientras que la geopolítica es vibrante, espectacular, cinematográfica. 

Internacional son un montón de ministros de exteriores y sus equipos poniéndose de acuerdo para matizar nosequé normas comunitarias: geopolítica son alianzas en la oscuridad y relaciones de dependencia en el filo de una cabeza nuclear. No hay color. Internacional no vende ni una suscripción con descuento del 75%: la geopolítica produce bestsellers, podcasts de éxito y series y documentales tanto de Netflix como de Filmin. Para todos los gustos. Sin frivolizar: la cobertura de la guerra de Ucrania es pura geopolítica. Ya no hay vuelta atrás: estamos demasiado metidos en las dinámicas del infotenimiento como para comprar algo más sosegado. El cuerpo nos pide amenazas y simulaciones, escenarios posibles, modelos de catástrofe apocalíptica a escala global. Puede que detestemos la muerte de inocentes, pero somos adictos a la pelea al salir de clase, a la noticia truculenta o escalofriante de última hora. Al final el camello que nos regalaba droga a la puerta del colegio ha terminado siendo el presentador del telediario.

El ucraniano Yuri Andrujovich tiene un antídoto contra las sobredosis de geopolítica, una droga de efecto bastante inmediato: la geopoética. La edición española de su libro Pequeña enciclopedia de lugares íntimos (Acantilado, con traducción de Oksana Gollyak y Frederic Guerrero-Solé) recoge treinta y nueve de los ciento once retratos de ciudades de la obra original Leksykon intymnich mist publicada por la editorial de Kiev Meridian Czernowitz. Algunos de estos lugares-experiencia son Járkov, Kiev, Bucarest, Detroit, Odesa, Guadalajara, Minsk o Novi Sad. De esta ciudad serbia extrae una idea: imaginemos que Kosovo es Crimea. Un día Occidente decide defender a los tártaros de Crimea, y para ello bombardea Lviv. Esto, dice, es lo que pasó con Novi Sad, ciudad rebelde y prooccidental que sin embargo fue bombardeada sin piedad, destruyendo todos sus puentes sobre el Danubio, aislando a la población, que tuvo que ser evacuada mediante pontones del ejército. 

De Odesa recuerda un episodio vergonzoso:  un crucero de cuatrocientos escritores atracando en la ciudad a orillas del mar Negro: "Tenían ganas de Odesa, eso era indudable. Estaban ansiosos por ver la escalera de Potemkin con el cochecito. Pero querían aún más. Querían las banderas rojas, querían el KGB y querían las putas del puerto […] los odié por segunda vez cuando se abalanzaron sobre los tenderetes […] y empezaron a comprar ávidamente a aquellos mangantes todo lo que tenían a mano: matrioshkas, orejeras militares, gorros de piel de conejo, gorros del Ejército Rojo, retratos de Lenin-Stalin […] Tenían la impresión de ser testigos de la liquidación final de los vestigios de un mundo derrotado pero aún atractivo". No cuesta reconocer una situación como la de Andrujovich con los escritores occidentales en Comunistland: todo es susceptible de convertirse en un parque temático si se dispone de la suficiente distancia, privilegios y sinvergonzonería. El desmantelamiento de la URSS nos ha permitido jugar y comprar muchos souvenirs: entender en profundidad cansa. Es mucho más divertido disneificar, ver de forma parcial, aleccionar a los autóctonos. Lo importante es la estética y el disfraz. Las ciudades que componen esta pequeña enciclopedia, sin embargo, son parte de la vida del autor. El libro es —y el concepto que sigue, tomado del prólogo, es muy acertado— algo así como una autobiogeografía, y también un paisaje de una historia reciente, una historia eminentemente europea, a la que asistimos a través de la escritura brillante del novelista, poeta, ensayista y traductor, a través de su mirada lúcida y afilada con un sentido del humor inteligente necesario para poder recorrer según qué caminos. Esto quiere decir que Andrujovich se encuentra repartido en sus páginas. Y algunas de ellas deben resultar ahora francamente dolorosas. 

Como toda enciclopedia, esta también requiere un orden, que lógicamente, al ser alfabético, no puede ser el mismo que el original, puesto que el libro fue escrito haciendo uso del alfabeto cirílico ucraniano. Eso da lugar a una reinvención de la obra, a una transformación que hace de ella una experiencia nueva. En la edición en español las ciudades se ordenan de un modo distinto en el plano espacial y en el temporal, como si alguien hubiese sacudido el espacio-tiempo igual que airearía una sábana. Todos estos lugares han salido volando y han aterrizado reordenándose de otra manera. No obstante, el propio autor recomienda no prestar atención a este orden nuevo, y a decir verdad, le hemos hecho caso. 

La Pequeña enciclopedia de lugares íntimos, que porta como subtítulo Breviario personal de geopoética y cosmopolítica, lo permite. En realidad, salvo para no depender de un índice, ¿quién puede considerar apropiada semejante rigidez en materia de recuerdos, de psicogeografía? Lo que interesa aquí es ver el tiempo como los heptápodos alienígenas de La llegada (o de La historia de tu vida, el relato original), pudiendo acceder mediante el lenguaje a Drohóbych en 2007, a Múnich en 1992, a Bayreuth en 1994, a Yalta en 1966, a Toronto en 1998, luego a Uzhgorod al principio, en 1965, y de pronto a Varsovia en 1989, a Riga en 1981, a Venecia en 2001, a Praga a continuación en 1968, a Nueva York treinta años después, en 1998, a Leningrado en 1981, a Berlín en 2009, y a Lviv, allí, siempre. 

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