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el tintero / OPINIÓN

La resaca nacional

Tras el gran triunfo de Rafael Nadal, España celebró el día de la Hispanidad, su Fiesta Nacional con un modesto pero solemne acto en el Palacio Real presidido por el Jefe del Estado, Felipe VI. De ahí pasamos a un martes 13 y más malas noticias

17/10/2020 - 

MURCIA. Tras el largo puente donde los valencianos celebraron su día, toda España y gran parte de los aficionados al tenis en todo el mundo disfrutamos de un nuevo triunfo del gran deportista Rafael Nadal, pero no sólo emocionó a sus compatriotas con su 13 Roland Garros y su 20 Grand Slam, sino que hizo que el orgullo de ser y sentirse español y la sensación (difícil de explicar) de ilusión y emoción al ver cómo sonaba la marcha real, o sea, el himno de España en París y todos lo escuchaban con respeto y el tenista natural de Mallorca se emocionaba, nos hizo vibrar y de alguna forma, entender la importancia del patriotismo. Porque es algo natural y lógico, de la misma forma que si hubiera ganado Djokovic se habrían emocionado los serbios y no los españoles. 

El triunfo de los españoles en el deporte suele ser una de las pocas situaciones en que la bandera de España y el orgullo y la satisfacción patria parecen estar legitimados, pero justo al día siguiente tuvimos la celebración de la fiesta nacional, día de la Hispanidad y celebración de la Virgen del Pilar, de gran arraigo en nuestro país y patrona de la Guardia Civil. En esta ocasión la celebración del tradicional desfile militar quedó reducida a un solemne acto en el Palacio Real, pero que no por ello tuvo su impecable protocolo y reconocimiento a los caídos y sobre todo a quienes de forma anónima están siempre cuando más los necesitamos: ejército, guardia civil, policía, protección civil, médicos de urgencia y demás servicios. Sólo hubo un aspecto negativo que como en tantas otras ocasiones, protagoniza el vicepresidente segundo del gobierno, quien no está ni personal ni profesionalmente a la altura del cargo. 

Llegamos a un martes 13 donde se celebró otro Consejo de Ministros y volvimos a encontrarnos con el ansia total y descarada por parte del actual gobierno de aniquilar el estado de derecho, de ciscarse en las Cortes Generales y de intentar controlar todo, empezando por la Justicia. Si no logran el tantas veces sacrosanto consenso, si no consiguen renovar los órganos de gobierno de los jueces junto a los partidos de la oposición, deciden hacerlo de manera unilateral y encima tienen el cinismo de decir que lo hacen para defender la Constitución. Una muestra más de que toda crítica, toda preocupación y todo mal augurio sobre lo que pretende hacer el ejecutivo actual está más que justificado. 

Hemos vivido unos días de fiesta y celebración, una especie de respiro en este extraño y desagradable año 2020, hemos podido vibrar con un deportista español que es ejemplo de todo y disfrutar de un día que se celebra en España y gran parte del continente americano y que nos recuerda que somos una tierra de cultura y civilización de la que sentirnos profundamente orgullosos. Y todo ello pese a los constantes intentos de manipular la historia, descontextualizarla de sus hechos acaecidos en cada momento histórico y aislarla del comportamiento de otras naciones y otros imperios, en definitiva generar una leyenda negra que no se ajusta a la verdad histórica y que sólo sirve para azuzar el odio de acomplejados y pusilánimes, pero la resaca está presente en el cuerpo del ejecutivo y no nos libramos de sus síntomas: dolor de cabeza, cansancio y sensación de cabreo y arrepentimiento por no haber hecho las cosas de otra manera. 

Estos días leí un artículo que abría hueco a la esperanza, y algunos líderes políticos intentan generar ese clima de que los españoles somos capaces de lo peor y lo mejor, así somos, de extremos, de organizar la mejor fiesta y vivir la peor resaca, de tener a gente como Felipe VI o Rafael Nadal y por otro lado a personajes como Pedro Sánchez o Pablo Iglesias, y al final siempre salimos victoriosos de las empresas en que nos enrolamos. Esta vez el enemigo es interno, el problema está donde debería estar la solución y la pandemia del coronavirus favorece mucho a quienes abogan por restringir libertades y aniquilar derechos, quizá estamos ante una de las peores resacas y aún no somos conscientes del todo. 

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