EL CUDOLET / OPINIÓN

Castilla debe entenderse con España

1/08/2023 - 

El pasado 23J, antes de que las agujas del reloj rebasaran las dos del mediodía, en uno de los pocos grupos de WhatsApp que participo, les hacía saber a mis compañeros del pulgar y de los almuerzos, nos apretamos muchos bocadillos sin llegar a coronar el flan de bogavante, que quizás los avanzados resultados electorales de los últimos días fallarían.

Todos los allí presentes, virtualmente, se lo tomaron a guasa. No se rieron de mí por educación. No me creían. No les convencieron mis "sólidos" argumentos. No lo eran, todo hay que decirlo. Ni el reintegro de la Bonoloto suelo acertar cuando arriesgo unas monedillas en los juegos del Estado. Mi pronóstico no estaba justificado en base a ningún conocimiento ni a tabla matemática. Si a mí intuición.

Me había tocado ese domingo de entre otros, lidiar con el público. Atenderles. Observaba en la carretera mucho vaivén de vehículos de cuatro ruedas, y sin preguntar a cuatro desconocidos, todos mis "encuestados" además de exigirme rapidez en el servicio porque tenían que subir a València a delegar su voto. Las respuestas coincidían en el mismo relato, no queremos un gobierno nacional con participación ultra, en referencia a la reciente creación de la formación verde.  

Horas después sentí que había conseguido algo en mi vida, por lo menos el siguiente almuerzo no lo abonaría quedando indultado del ticket de caja. Tras un primer pantallazo numérico de disputados y senadores me vinieron a la cabeza unas palabras de aquel presentador de la noche, Sardá, hoy reconvertido en tertuliano, crítico y analista político. En España se hablan varias lenguas, castellano, valenciano, catalán, gallego y euskera, y otras tantas minoritarias.

Además existen diferentes realidades históricas. España está formado por varios reinos, España no solo es Castilla y la periferia está muy representada en el Parlamento. No debemos siempre asumir como válido el discurso centralista de las formaciones con implantación nacional. Lógicamente las periferias siguen teniendo un papel destacado en cada legislatura, son millones de votos que sus electores sienten sus colores, los de casa.

Y esto no es nuevo, Aznar, aquel presidente que suprimió el servicio militar, que a la banda terrorista ETA les regaló lo de Movimiento de Liberación Nacional, y que no tuvo más remedio que hablar en la intimidad catalán sabe a lo que me refiero. Necesitó el apoyo de los nacionalistas vascos y catalanes para poder gobernar y echar de la Moncloa a un Felipismo en horas bajas. Por poner un ejemplo, el nacionalismo español siempre se ha cebado con las reclamaciones de Cataluña, y no ha metido a Navarra en el mismo saco, disfrutando dicho Reino Foral de otras tantas rebajas fiscales.

Hasta que no empecemos a conocer nuestro país de palmo a palmo, no seremos un gran país. Y todo empieza por zanjar de una vez el absurdo debate de la Memoria Histórica. Enterrar a los muertos que yacen en las cunetas. Castilla debe hablar mejor el español.

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