crónica del segundo día de debate del estado de la región

Conesa exhibe su mejor talante y Liarte saca un 'as'

1/07/2021 - 

MURCIA. Una de las imágenes que dejó la moción de la censura fue la de un alterado Diego Conesa, iracundo y fuera de sí, que se desgañitaba en la tribuna al grito de "corruptos", "maletines" y "chorizos". Ante los ojos de la Región de Murcia y también de España -aquel golpe para derrocar a Fernando López Miras adquirió una repercusión nacional-, el jefe de la oposición regional no ofreció su mejor cara, por muy grave que resultara el hecho que denunciaba. Las formas en política importan, y mucho. El fondo no lo es todo. Sin embargo, esta vez fue distinto en el debate del estado de la Región. No gritó. No se soliviantó. No se perdió en el camino de los descalificativos y sí se empeñó en desmenuzar los problemas de la Región, que no son pocos. Lo hizo exponiendo informes y esgrimiendo cifras, apoyado en la eficaz coletilla -hoy sí- de "la Región real, la de carne y hueso", en la que habitan 478.000 murcianos en riesgo de exclusión social, la que soporta el abandono escolar de 20.900 jóvenes y la que suma más de 113.000 trabajadores en el paro. 

Por supuesto, Conesa también se desenvolvió crítico y duro; nombró a cada uno de los socios de López Miras para calificarlos alto y claro como "tránsfugas" e incluso reiteró algunos de sus clásicos reproches y latiguillos -sí, volvió a decir que su partido ha ganado las elecciones de 2019-, porque al fin y al cabo un líder de la oposición no puede ser otra cosa que un altavoz incómodo para el Gobierno. Pero se mostró más contenido, lejos de la exaltación de marzo. E incluso fue por momentos constructivo, al ofrecer un pacto sobre el agua y tenderle la mano al Ejecutivo. Mejor así. El propio Juan José Liarte, en las antípodas de su credo político, así se lo reconoció: "Me ha gustado hoy su tono, señor Conesa". 

Liarte disfruta con estos formatos: un debate, un atril y todo el tiempo del mundo para disertar. Hay muchos perfiles de políticos: los que saben gestionar y organizar equipos, los que reúnen el extraordinario talento para ser líderes y luego está el grupo de fenómenos como el de Liarte, que transmiten la sensación de que se enrolaron en política especialmente para ejercer de parlamentarios. Ideologías al margen, a Liarte le sobran recursos, se desenvuelve con soltura en el arte de la retórica. Y encima ayer se sacó un 'as' dialéctico potente: deslizó que el PSOE ofreció al grupo Vox consejerías a cambio de su apoyo en la moción de censura. Estas declaraciones no son fortuitas, están bien estudiadas. Nada es inocente en política. El debate no giraba en torno a las entretelas de la moción, y mucho menos a las cuitas entre dos políticos rivales. Pero el portavoz del grupo Vox puso ahí el foco, desvió la atención, protagonizó el principal titular. Estuvo hábil. Se apuntó ese tanto, y obligó a los socialistas a tener que contrarrestarle.

Francisco Álvarez no es precisamente el tipo de diputado nacido para el parlamentarismo. O al menos no lo parece todavía. Su valía, de hecho, hasta hace dos meses se reservaba detrás de los focos. Su actuación en el debate transcurrió en un tono demasiado monocorde, rayando el sopor, con un discurso muy generoso con el Gobierno regional. Pero, aun así, supo arreglarlo con un ácido final. Sacó el picante para golpear a sus adversarios. Atizó primero a Conesa: "A usted no le quieren ni en su propio partido, porque pusieron como cabeza de lista a Ana Martínez Vidal para gobernar esta Región. Usted -añadió- no es de Alhama ni de Fuente Álamo, ni siquiera es murciano: usted se ha plegado a sus jefes de Madrid". Cargó después contra el Gobierno central por la moción de censura: "Las verdaderas cloacas son las de Moncloa, donde pactaron más de 30 mociones de censura, siete de ellas en nuestra región". Y por último se acordó de su exjefa, Martínez Vidal, ausente en el pleno por un "tema médico" y por "recibir la segunda dosis de Pfizer" -así lo justificó ella misma en las redes sociales-, y de su excompañero Juan José Molina: "Venir a tiempo parcial es lo que han hecho, pero hoy no han venido ni un solo minuto. Al parecer no les merece la pena el debate del estado de la Región". Molina, también desde Twitter, le replicó: "Las ausencias y los silencios también son una forma de hablar. Pero hay que tener un nivel mental adecuado para entender el mensaje. Obviamente, algunos no lo tienen".

María Marín desplegó toda la pólvora contra Miras. Empezó fuerte, acusándole de maniobrar para colocar en una operación médica a un familiar de Teodoro García Egea. Prosiguió denunciando los desmanes democráticos del presidente: le afeó la derogación de la limitación de mandatos, empleando calificativos inclementes: "Miras se está convirtiendo en un dictador en potencia, en un peligro para la democracia". Y remató su intervención con un sello de la casa, como es reivindicar el feminismo y los derechos LGTBI: ellos también forman parte del debate del estado de la Región. "Un observatorio LGTBI sin personas LGTBI es un insulto a la inteligencia", dijo, entre otras ideas.

Ya por la tarde, la portavoz del Grupo Mixto se tropezó con el moderador del debatepero no con Alberto Castillo, con quien ya se las mantuvo tiesas en el pasado pero que esta vez dirigió ecuánime ordenando callar a todo aquel que osara interrumpir -"respeten al compareciente, tiempo tendrán de replicar en la tribuna", repitió sin cesar-, sino con el vicepresidente de la Asamblea, Miguel Ángel Miralles, a cuenta de su afirmación: "Si pudieran [los diputados del PP] nos volverían a meter en la cárcel y nos volverían a quemar como a las brujas en la hoguera".

—Señora Marín, vamos a respetar a la Asamblea y a los que formamos parte de ella, por favor. Absténgase de comentarios exagerados —le reprendió Miralles

—¿Perdón? Estoy en el uso de mi palabra y expreso las ideas que me parecen convenientes.

—Decir "nos meterían en la cárcel" y "nos quemarían" es una falta de respeto.

—No hay ninguna falta de respeto. A mí me han llamado etarra, me han llamado amiga de asesinos y usted no ha dicho ni media, señor presidente.

—Nadie les ha llamado asesinos. Nadie en toda la legislatura.

—Mire, señor presidente. Es mi derecho en el uso de la palabra decir lo que estime oportuno representando a los más de 36.000 murcianos y murcianas en esta tribuna.

—Bien.

Y continuó Marín, ya con el ánimo traspuesto, remarcando que "si fuera por el PP a muchas mujeres las volverían a quemar en las hogueras". Lo dejó bien claro: a ella "nadie le va a amenazar", nadie "la va a hacer callar".

Cerró la mañana Joaquín Segado, el portavoz parlamentario del PP. El diputado hizo gala de dos facetas que domina bien: respaldar la gestión del Gobierno -"Después de más de un año luchando contra el virus, podemos decir que el estado de la Región es bueno"- y desnudar las miserias del Ejecutivo central -"¿Alguien cree que Sánchez habría anunciado el fin de las mascarillas si no se hubieran dado los indultos?"-. También aprovechó para enviar recados a los líderes murcianos de Ciudadanos y PSOE, cuya moción de censura fue, a su juicio, "una mal faena de un mal torero". "Martínez Vidal va a ser recordada por llevar a la irrelevancia a su partido con su intento sucio, urdido mediante engaños y basado en sus ambiciones personales". Y se sumó al barco de Liarte para atacar al socialista: "Les ofrecieron a los diputados libres de Vox pasarse a Ciudadanos y desde ahí poder acceder a las consejerías. Esa es la verdad de la moción de censura".

López Miras, que escuchó los discursos de todos los diputados, tomó la palabra en la sesión de la tarde. Recogió con gusto el guante de la oposición de sus 38 invocaciones al "señor Sánchez" en la comparecencia del martes. Esa crítica no le disuade, al contrario: le encanta. "Voy a hablar mucho del señor Sánchez, aunque les pese. La Región no es una isla, forma parte de España. Y lo que pasa en España nos afecta", advirtió mientras enumeraba los mil y un temas del "señor Sánchez que perjudican a la Región". Se encontró cómodo el presidente, agradecido con sus nuevos portavoces-socios del Gobierno, y confiado en su réplica a la oposición -aunque sí se le notó molesto con Marín-. Pero decidió terminar el debate apelando a "la unidad" y ofreciendo la "mano tendida". Al fin y al cabo, un debate del estado de la Región, espectáculos dialécticos aparte, si para algo debería servir es para diagnosticar la Región, analizarla y ofrecer soluciones. "El futuro de todos los murcianos está en juego y necesitamos avanzar juntos", sentenció. Ojalá no sea una frase hecha.

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