objetivo: evitar desplazamientos injustificados

El miedo al colapso sanitario obliga a echar el candado a toda la Región de Murcia

López Miras cierra perimetralmente toda la Comunidad y recluye a los 45 municipios: nadie podrá salir de su localidad

29/10/2020 - 

MURCIA. La Región de Murcia se blinda con una drástica decisión ante el avance desatado del coronavirus. El Gobierno regional ordenó este miércoles una doble medida histórica: el cierre perimetral de la Comunidad y también la reclusión de sus 45 municipios. Nadie podrá salir de su localidad salvo por motivos estrictamente justificados: para ir a trabajar, por una urgencia médica, para cuidar a una persona dependiente o para asistir a un colegio. El aislamiento entrará en vigor el próximo viernes, con su publicación en el BORM, y tendrá una vigencia de catorce días, pero podrá ser prorrogable. A partir de esta medianoche, ya 30 de octubre, no sólo no se podrá abandonar la Comunidad para desplazarse hacia otra provincia vecina, tampoco se podrá viajar a otra ciudad murciana sin causa acreditada. Los vecinos únicamente tendrán libertad de movilidad por el interior de sus poblaciones de residencia.

Los acontecimientos se han precipitado en la Región de Murcia. El virus se expande sin freno, como nunca en toda la pandemia con un día, el miércoles, en el que se volvió a rozar la cifra de 1.000 positivos (911 contagios) y en el que los hospitalizados batieron un doble récord: 500 pacientes covid, con 87 enfermos en la UCI. En realidad, los hospitales regionales registran topes a diario, ya que las cifras crecen sin receso. Nunca antes hubo tantos ingresos por coronavirus como ahora.

La situación es muy grave y muy preocupante. El Gobierno regional busca frenar la propagación de los brotes e intenta que "no siga empeorando", como así manifestaba el presidente de la Comunidad, Fernando López Miras, en rueda de prensa. En juego está evitar el colapso de la Sanidad regional. "Si no invertimos la tendencia en un plazo de tiempo muy corto, podríamos estar hablando de un colapso sanitario", advertía el epidemiólogo y portavoz jefe del Comité de Seguimiento de la Covid, Jaime Pérez. La presión de las UCI alcanza ya el 72,5% de ocupación, con 87 pacientes en las 120 camas de Intensivos.

El presidente murciano defendió, pese a todo, que "todavía hay margen de actuación". Los miembros del Comité de Seguimiento de la Covid se reunieron de urgencia este miércoles en el Palacio de San Esteban -sede del Gobierno-, analizaron todos los indicadores y, finalmente, decretaron las restricciones más duras adoptadas hasta la fecha. "Estamos en un escenario nada deseable", reconocía López Miras antes de recalcar una de las frases que más ha repetido en toda la pandemia: "No me temblará el pulso para salvar vidas". Todas las "contundentes" medidas, justificó, se toman "basadas en criterios técnicos y sanitarios", aportadas por Salud Pública y por el Servicio de Epidemiología. "No son fáciles, pero sí necesarias", argumentaba el máximo mandatario regional. 

La trascendental decisión de las autoridades regionales contradice sus propias palabras. El pasado domingo, cuando el Gobierno central decretaba el estado de alarma y la Comunidad imponía el toque de queda, el Ejecutivo murciano anunciaba que no se planteaba el cierre de su territorio autonómico. Sólo tres días después, el Gobierno se corrige y cambia de criterio. Antes de la Región de Murcia, cinco autonomías ya dieron el paso: Asturias, País Vasco, Aragón, La Rioja y Navarra. Este mismo miércoles lo aplicaban también Andalucía, Castilla- La Mancha y Castilla León.

Hay otro motivo poderoso: se avecina un puente, con motivo del Día de Todos los Santos, que en el caso de Murcia coincide con una jornada festiva (es la festividad aplazada del Bando de la Huerta), por lo que hay que evitar "desplazamientos injustificados". A ello, adujo López Miras, se suma el "buen clima de Murcia, lo que propicia una mayor movilidad". Por todo ello la Región se cierra para eludir visitas que resulten "fatales para el control del virus".

La segunda ola ha superado, y con mucha diferencia, las cifras de la primera ola. En las dos últimas semanas, la Región acumula una incidencia de 640 casos por cada 100.000 habitantes; sólo en los últimos siete días, la tasa ha sido de 363 positivos por cada 100.000 ciudadanos. Más de 10.000 murcianos soportan la enfermedad a día de hoy. Además, octubre ha transcurrido como un mes trágico, con 86 muertos. La primera etapa de la pandemia -entre marzo y julio- deparó 151 víctimas; la segunda suma ya 152 finados. En total: 303 murcianos que han perdido la vida por culpa de la covid-19. Y la cifra, por desgracia, seguirá aumentando.

Diez municipios en fase 1

El cierre perimetral de la Comunidad no fue la única orden importante que tomó este miércoles el Gobierno. Diez municipios se encuentran en situación crítica. Por eso el Ejecutivo murciano ha ordenado su retroceso a la fase 1. Se trata de tres que ya estaban confinados, Totana, Abanilla y Fortuna, y otros siete: Torre Pacheco, Beniel, Bullas, Cieza, Archena, Lorquí y Ceutí. La principal consecuencia que acarrea su retroceso es que los bares no podrán servir en sus interiores. 

Murcia y Molina de Segura, con tasas de incidencias de los últimos siete días de 424 y 397 casos por cada 100.000 vecinos, respectivamente, se libran de volver a la fase 1. Por el momento. "Si la situación no mejora, tendremos que adoptar medidas aún más restrictivas", advertía el consejero de Salud, Manuel Villegas. La advertencia, en realidad, planea sobre ambos municipios desde hace tiempo.

La relajación, factor clave

¿Por qué han aumentado tanto los contagios? ¿Dónde está el problema? Para el Gobierno murciano sobresale una causa principal: los ciudadanos se han relajado. "El punto crítico", señaló Jaime Pérez, son "los encuentros entre familiares y amigos, en los que se descuida el uso de la mascarilla". El 75% de los brotes detectados en la pasada semana se originaron en entornos familiares y sociales. Nunca hay que bajar la guardia, insisten desde Salud. La mascarilla, recomiendan, sólo debe quitarse para comer y beber.


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