Mucho se ha escrito acerca del origen de esta famosa frase. Pero he de decir, sin temor a equivocarme, que no está ni en la primera ni en la segunda parte de El Quijote, como más popularmente se cree; ni tampoco en Vida de don Quijote y Sancho, de Unamuno; ni tampoco es de la autoría de Orson Welles, como algunos pocos creen.
Esta frase, cuya autoría creí en un principio, cuando me puse a investigar, que era de Rubén Darío, ahora sé que no es así. Se debió esta creencia a que la referencia literaria más antigua que había encontrado, hasta aquel momento, era la del artículo necrológico Rubén Darío, íntimo que escribió Nilo Fabra (hijo de Nilo María Fabra, quien fuera el fundador, en 1867, de la primera agencia de noticias en España, la Agencia Fabra) dedicado a su amigo y publicado el 10 de febrero de 1916, cuatro días después de su muerte, en el diario madrileño El Imparcial. En dicha necrológica se puede leer, referido a R. Darío:
“[…] Al sentirse burlado o explotado supo oponer siempre con orgullo santo el gesto despectivo de quien tiene confianza en sí mismo y está seguro de su propio valer. “Ladran; señal de que cabalgamos”. Esto contestaba cada vez que se enteraba de una befa o de una injuria.
Recuerdo a muchos de aquellos perros ladradores. Unos han muerto en el más completo olvido. La mayor parte […]”
Sin embargo, existen referentes periodísticos de antes de aquella fecha en donde se hace alusión a esta célebre frase, aunque formulada de distintas maneras. El más alejado en el tiempo data del año 1903. Todos ellos nombran al gran poeta alemán Johan Wolfgang von Goethe (1749-1832) como autor de tal moraleja; aunque en ninguno de los escritos se alude a la obra concreta de donde se extrae.
He rebuscado entre la obra poética de Goethe y he encontrado un pequeño poema titulado Kläffer (Ladrador, 1808), que dice así:
Wir reiten in die Kreuz und Quer
Nach Freuden und Geschäften;
Doch immer kläfft es hinterher
Und bellt aus allen Kräften.
So will der Spitz aus unserm Stall
Uns immerfort begleiten,
Und seines Bellens lauter Schall
Beweist nur, daß wir reiten.
Y que, traducido libremente por mí, se podría leer más o menos así:
Cabalgamos en todas direcciones
En pos de alegrías y negocios;
Pero siempre ladran detrás
Y ladran con todas sus fuerzas.
Quisieran los gozques* del establo
Acompañarnos todo el tiempo,
Pero el ruidoso sonido de sus ladridos
Solo demuestra que cabalgamos.
De otro modo, con decasílabos y rima con el sistema original (ABABCDCD):
Cabalgamos por todos los lados
En pos de parranda y trabajo;
Mas siempre nos ladran ya pasados
Y ladran y ladran a destajo.
Quisieran los gozques de la cuadra
Acompañarnos donde vayamos,
Mas el estampido de su ladra
Solo demuestra que cabalgamos.
*Gozque (RAE: perro pequeño muy sentido y ladrador.) Traducción libre del término alemán "Spitz". ("Su desconfianza hacia los extraños y su falta de interés por la cacería, permiten considerarlo como el vigilante ideal para la casa y la granja. En algunos casos puede resultar molesto por sus ladridos.) Otro término castellano que aquí podría ser de aplicación es el de quiltro (hoy definido como perrucho; antes, como perro gozque).
"Allí, como gozques, gruñen por invidia, ladran por odio y muerden por venganza."
[Cristóbal Suárez de Figueroa, El pasajero, 1617]