Si las cosas van bien, y las autoridades se portan, así como el Servicio Murciano de Salud –heredero del antiguo Hospital Provincial– para noviembre de este año 2025, el doble mural alegórico de la Región de Murcia, alto y señero, debe estar recolocado en el Hospital Reina Sofía. Se ubicará en el vano de escalera que hay al entrar por la puerta principal, a la derecha, luminaria natural del interior, amplio y diáfano. El Hospital retomará así, a los veinte años de estrenar su actual estampa, su doble seña de identidad artística que nunca debió perder. Este mural, hermano viene a ser del que se ubica en el Museo Arqueológico, sobre La Entrada del Infante Don Alfonso, en la Murcia de 1243, ciudad musulmana entonces. Ambos son de Hernández Carpe. Son dos murales, uno alegórico, el del Hospital, y este otro, histórico, que fueron, y han de volver a ser, señas corales de identidad histórica y antropológica de Murcia y su Región.
El mural del Hospital es hermano del relieve del frontispicio horizontal que corona el edificio de la hoy Consejería de Economía, antaño Diputación Provincial, acaso un tanto olvidado, y deteriorado, obra de Juan González Moreno. Aunque éste sigue vivo y presente, aguantando décadas el sol de mediodía murciano, duro y feroz para la piedra arenisca.
Pero, el que nos importa ahora es el doble mural del Hospital. Las gentes que en su interior trabajan, sanitarias, y las que de allí salen curadas –maravilla la medicina que en este Hospital se dispensa– tienen derecho a sentir como propia esa seña de identidad que el genio de Hernández Carpe ideó y dio forma en la entrada misma del Gran Centro Sanitario.
En el mural que consideraremos primero, tenemos tres partes bien diferenciadas, horizontales. En la más alta, campea un Crucificado. Se nos antoja un guiño sucesorio al antecesor del Hospital, el de San Juan de Dios, donde un Cristo, el de la Salud, recibía a los enfermos. Hoy es un emblema señero de la Semana Santa murciana. Ángeles horizontales le dan honores. En la parte central, una pareja de campesinos, no tanto huertanos, sostiene el edificio que demolido fue en 1999, y que icono fuera de la ciudad tanto tiempo. Un cestón de mimbre aparece al pie, repleto de panes, como símbolo de la abundancia huertana. En el pie inferior, un joven maneja una junta de bueyes, aludiendo a la laboriosidad agrícola de la Región.
En el mural segundo, arriba, sendos ángeles señalan una edificación del XVIII, cuyo significado bien pudiera ser la entrada al antiguo Hospital de San Juan de Dios, repitiendo el guiño del primer mural. En el amplio sector central, una bordadora ejerce su oficio, mientras que, por su cabeza, las hilaturas de un artefacto de telar acaban en el tejido de rayas, con que finiquita la figuración. En la parte baja, sobre todo a la derecha, tal y como está en el mapa: su querido Mar Menor, el Mar Menor de Carpe, con sus barquitos identificadores tan característicos de su pintura.
Así pues, señores facultativos del Hospital Reina Sofia y altos funcionarios de Patrimonio, hagan conjuntamente sus deberes, y que S. M, la Reina Doña Sofía pueda ver y gozar, y todos con ella, el próximo noviembre, en el vigésimo aniversario del Hospital, el arte impar de Antonio Hernández Carpe. La Fundación El Mural de Arte de Hernández Carpe ha hecho su papel catalizador de la empresa. Todos a una, / vuelva el mural / con nuestra ayuda.
Loores al arquitecto Fernando de Retes, que ha diseñado todo el proceso de recuperación de los murales, desde su almacenamiento, hasta su, aun futura, presencia en el interior del Hospital Reina Sofía. Así sea.

- Mural de Carpe -