EL RINCÓN DE PENSAR / OPINIÓN

Sí es sí y no es no

20/02/2023 - 

MURCIA. Quizá la frase más repetida durante las últimas semanas tanto en los medios de comunicación como en la calle haya sido "sí es sí", referida a la Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual.

Ley que no voy a analizar -no es el tema sobre el que quiero reflexionar hoy-, pero cuyos frutos han demostrado que se trataba de una auténtica chapuza jurídica, y de la que nadie parece ahora ser responsable: ni el Ministerio que la impulsó, ni los partidos políticos que la aprobaron (que no fueron solo el PSOE y UP…), ni por supuesto quien 'estampó' su firma antes de pasarla al Rey para su sanción y publicación, o sea, nuestro presidente del Gobierno.

Pero, insisto, no es esa ley el motivo de este artículo.

Desde hace unas semanas hemos entrado en un año que será marcadamente electoral, y sobre esto quiero escribir. En mayo se celebrarán elecciones municipales y autonómicas en gran parte de las comunidades y, como muy tarde en diciembre, las elecciones generales. Tres convocatorias que marcarán nuestro futuro durante los próximos años, y que deberían ser una oportunidad para abandonar la crispación, y los derroteros extremistas en los que parece que muchos de nuestros políticos se han instalado.

El "sí es sí" de las últimas semanas probablemente dejará marcado a uno de los socios del Gobierno, al menos en cuanto al vocabulario popular se refiere.

Pero si echamos la vista atrás, también nuestro actual presidente se encaramó al poder con otra frase parecida, pero de signo contrario, y que también pienso que marcará su paso por la política: me refiero al "no es no".

Buscando referencias, he podido ver que la popularizó en una pedanía de nuestra ciudad: en ¡Cabezo de Torres!.

Aunque también son famosos otros "noes", como el "no" dormir tranquilo con ministros de Podemos en su Gobierno, aquel de que “no” pactaría con determinado partido: "Le estoy diciendo que con Bildu no vamos a pactar. Si quiere lo digo cinco veces o veinte durante la entrevista. Con Bildu, se lo repito, no vamos a pactar, o el de que "no" indultaría a los independentistas catalanes.  

He traído las dos frases y esos ejemplos a colación porque en mi opinión, a unos meses de estas citas electorales, convendría hacer una reflexión profunda sobre la necesidad de regenerar y volver a dignificar la política.

Desde luego no es algo que vayamos a conseguir de la noche a la mañana, ni es algo exclusivo de los políticos. Al contrario, me parece una tarea de la sociedad civil en la que debemos involucrarnos todos. Y que empieza por una toma de conciencia de nuestra responsabilidad, y nuestra actuación consecuente. Si la política no es más que el Gobierno y organización de los asuntos públicos, se inicia con nuestro propio comportamiento como parte de la sociedad.

¡Cuántas veces hemos oído criticar la corrupción de los políticos a personas que utilizan su oficina para surtir de material escolar su propia casa (folios, bolígrafos, fotocopias, etc.)! ¡O trabajadores que no tienen empacho en calificar de ladrones a los políticos mientras "roban" al Estado o a sus empresas horas de trabajo en almuerzos interminables o abandonando su puesto de trabajo cada media hora para fumar!

¿Qué diferencia la actitud de quien "desvía" dos mil folios de los cien mil que pasan por su mesa, de aquel que lo que "desvía" son unos euros de los muchos que pasan por su mesa? Quien desvía folios, ¿no desviaría también algún euro si fuera eso lo que efectivamente está a su alcance y con poco control?

Pero además de nuestro propio compromiso, regenerar la vida política nos obliga a ser responsables al depositar nuestro voto. ¿Qué debemos exigir a aquellos en quien pongamos nuestra confianza?

Podríamos considerar muchas actitudes que resultan necesarias en un dirigente. Pero voy a referirme a tres que considero esenciales, y que, aunque quizá en estos momentos no son muy comunes, supondrían un cambio radical en la política y en el auténtico desarrollo de nuestro país:

1. Humildad: algo esencial en un líder. Y necesaria simplemente porque -como decía Santa Teresa- la humildad es andar en la verdad. 

¡Qué ridículo resulta no reconocer los errores! ¡Y qué grave para una sociedad que sus dirigentes se empecinen en el error! 

¿Tan difícil es reconocer, por ejemplo, que el "sí es sí" ha sido una metedura de pata? ¿O es que el verdadero problema está en reconocer que fue una ley "política" que no atendió a informes del Consejo de Estado, del Consejo Fiscal y de tantos juristas de prestigio que avisaron de sus consecuencias?

2. Preparación: ¡Basta ya de políticos sin capacitación, de políticos sin un bagaje profesional digno de tal nombre, de políticos que no sean los mejores en su campo de actuación! ¿Nos subiríamos en un avión pilotado por un aficionado o por un estudiante en prácticas? ¿Y cómo se nos ocurre dar los mandos de nuestro país a algunas personas cuyo único currículum consiste exclusivamente en haber vivido de lo público desde su juventud, sin una preparación técnica e intelectual de primer orden?

3. Sinceridad: quizá es una expresión pasada de moda, pero es el vocablo que expresa lo que quiero decir. Necesitamos como agua de mayo (y es mes de elecciones…) que los políticos cumplan con la palabra dada, o de lo contrario conseguir que asuman sus responsabilidades (¡dimisiones!) o expulsarlos de la vida política. 

Políticos que cuando digan "sí" efectivamente sea sí, y cuando digan "no" sea "no".

¿Se imaginan al cambio que se produciría en la sociedad? Quizá no es fácil, pero está en nuestras manos.


Javier Giner Almendral 

Economista

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