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WOMEN TALKS: APRENDIENDO DE ELLAS / CÁTEDRA MUJER EMPRESARIA Y DIRECTIVA

¿Y si las empresas se parecieran más a los Reyes Magos?

Publicado: 04/01/2026 ·06:00
Actualizado: 04/01/2026 · 06:00
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Hay algo en los Reyes Magos que sigue emocionándonos incluso cuando dejamos de ser niños. Esa mezcla de espera, de esperanza, de creer que alguien -que crees que no te conoce del todo- va a acertar con lo que necesitas.Ese ritual nocturno de la mágica noche del día 5: dejar los zapatos en orden, el vaso de leche, las galletas, las luces apagadas… como quien se rinde un momento al deseo de que lo importante llegue, aunque no podamos verlos.

De niña, me gustaba pensar que los Reyes no traían solo juguetes. Traían reconocimientos secretos. Premios silenciosos por haber hecho lo correcto cuando nadie miraba. Por haber ayudado en casa, por haber tenido un gesto generoso.

De niña, me gustaba pensar que los Reyes no traían solo juguetes. Traían reconocimientos secretos. Premios silenciosos por haber hecho lo correcto cuando nadie miraba. Por haber ayudado en casa, por haber tenido un gesto generoso.

Crecí en una familia grande, con cinco hermanos, y competíamos, sin saberlo, por destacar, por hacer las cosas bien, por ser vistos entre el ruido del día a día. Por eso, cuando llegaban los Reyes y aparecía ese regalo inesperado, aquel que no habías pedido pero sabías que te habías ganado, sentías que alguien había estado prestando atención.

De adulta, esa emoción ya no está en el envoltorio brillante, sino en ese gesto que dice: “he pensado en ti”, sin necesidad de grandes discursos. Los que llegan cuando alguien ha sabido mirar. Es una magia sencilla, pero profunda: ser vistos. Ser tenidos en cuenta. Ser recordados.

Desde Recursos Humanos, pienso muchas veces en eso: qué pasaría si las organizaciones se parecieran un poco más a los Reyes Magos. Personas que no solo organizan, regulan y planifican, sino que también ven.

La política laboral y la cultura que necesitamos.

2025 ha sido un año clave para el mundo laboral en España. El campo de juego está cambiando con reformas que buscan equilibrar productividad y bienestar, modernizar las relaciones laborales y adaptarlas al ritmo de nuestro tiempo. Entre las medidas más comentadas se incluye la esperada reducción de la jornada laboral, la consolidación del derecho a la desconexión digital y la obligación progresiva de registrar la jornada con sistemas digitales que reflejen, de forma más fiel, lo que acontece realmente en el trabajo. Estas transformaciones no solo son legales: son simbólicas de una aspiración mayor hacia condiciones laborales más respetuosas con las personas.

Pero si la ley define el marco, la cultura lo convierte en realidad. Lo que no se ve… pero se nota.

Hace unas semanas en mi empresa, como muchas otras en esta época, celebramos nuestra convención anual. Más de 420 personas reunidas en el mismo espacio. Un evento grande, planificado, con mensajes corporativos… pero también con algo más. Algo que no estaba escrito en la escaleta y, sin embargo, fue lo que trascendió: el reconocimiento. El de verdad. El que no se improvisa.

Durante el encuentro, quisimos romper la dinámica habitual y poner en valor, con nombres, apellidos y emoción, a personas de la organización cuya actitud positiva, constante y generosa ha dejado huella a lo largo de los años. No solo en sus resultados, sino en los equipos, en el ambiente, en la energía compartida.

El efecto fue inmediato: lo que era una convención de Navidad se transformó en una reunión de familia.

El reconocimiento no es un extra. Es una herramienta estratégica que da forma a la cultura de una organización. No hay valores que se sostengan si no se encarnan en ejemplos reales convirtiéndose en emoción compartida. Y eso es lo que pasó en nuestra convención.

El reconocimiento no es un extra. Es una herramienta estratégica que da forma a la cultura de una organización. No hay valores que se sostengan si no se encarnan en ejemplos reales convirtiéndose en emoción compartida. Y eso es lo que pasó en nuestra convención.

Gente que se emocionó porque, por fin, alguien puso en palabras algo que llevaba tiempo siendo evidente. Equipos que aplaudieron a compañeros con un orgullo sincero. Un líder que fue capaz de hablar desde el vínculo y la emoción. Y una organización que, por unas horas, se sintió no solo grande, sino unida.

¿Qué pedirle entonces a los Reyes Magos… y a las empresas?

Si este año pudiera escribir mi carta pensando en lo que me gustaría ver en el mundo laboral, no pediría grandes reformas ni ideas brillantes. Pediría algo más sencillo, pero también más difícil.

Que las empresas reconozcan antes de que alguien se queme.

Que el cuidado no sea algo que se defienda en presentaciones, sino que se practique en los pasillos.

Que el liderazgo no consista solo en saber, sino en saber ver.

Que una actitud positiva no pase desapercibida solo porque no es ruidosa.

Que se entienda que el reconocimiento no solo motiva: construye tejido, fidelidad y cultura.

 

Elena Gil Ortega

Directora de RRHH Hozono Global Grupo Corporativo

Cátedra de la Mujer Empresaria y Directiva

 

 

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