Opinión

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Desde mi Torre

Una carta cargada de sueños

Publicado: 03/01/2026 ·06:00
Actualizado: 03/01/2026 · 06:00
  • Cabalgata de Reyes de Cartagena
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Estimados Magos de Oriente:

Sé que suena a tópico esto de escribir una carta con deseos, pero quiero, a estas alturas de mi vida, conservar algo de inocencia infantil y un tanto, si puede ser mayor, de ilusión en que las cosas pueden cambiar.

No os voy a pedir mucho, ni tampoco únicamente para mí, a ver si con ello alcanzo la suerte y los buenos augurios con los que nos queremos tropezar este año -en realidad, toda la vida-. Nos hacen falta de veras sugerentes fines y mejores resultados en esta situación de crisis y de cuestionamiento global.

En primer lugar, os requiero salud para aquellos que me rodean, para los que amo, para los que intento estimar y admirar, para los que aún están pendientes de conocer.

También os reclamo ese amor que nos permita caminar con más quietud y concordia. Reconozco que anhelo fervientemente ese cariño que nos debe animar, paralelamente, a hacer las diversas actividades —las que sean, a las que estemos llamados— juntos, unidos, procurando que la fuerza venga compartida, y también sus cosechas. Hagamos, como dice esa canción, un millón de amigos para saldar todas las cuentas que podamos tener pendientes.

Os imploro, igualmente, trabajo. Desearía que se generaran más empleos, que construyéramos una sociedad más justa y justificada en sus grandes universales de solidaridad, respeto, bondad y fraternidad igualitaria.

Ya sabéis que hay colectivos, como el nuestro periodístico, que andan de mal en peor. Se cierran empresas, se reducen plantillas y se cuestiona ese modelo que, cuando tiene pluralidad y expansión, nos hace a todos mucho más democráticos y felices. Unamos empeños para que todo mejore.

Ya sabéis que hay colectivos, como el nuestro periodístico, que andan de mal en peor. Se cierran empresas, se reducen plantillas y se cuestiona ese modelo que, cuando tiene pluralidad y expansión, nos hace a todos mucho más democráticos y felices. Unamos empeños para que todo mejore.

Finalmente, os solicito que nos toquéis con la varita mágica del entusiasmo, de la creencia en los demás. Seguro que, con esa premisa, llegaremos mucho más lejos y con más alegría.

No me olvido tampoco de aquellos que andan solos, de los que no tienen lo suficiente para vivir dignamente, de los que padecen incomprensiones, violencias y/o desigualdades. Ellos deben ser vuestros objetivos prioritarios; otras cosas pueden esperar.

Por favor, tomad energías en y para vuestros sucesivos viajes, que seguro que, si aquí pedimos tanto, en otros lugares precisan más. Se me ocurre -porque nunca lo saco de mi cabeza, de mi mente, de mi corazón- que debemos echar una mano el conjunto de las sociedades y Estados para que se detengan las guerras y sus malditas consecuencias. ¡Ojalá!

Advierto que hacéis mucho, pero faltan manos, conciencia y mucha generosidad, que seguro que podemos prodigar y extender durante los 365 días del año.

Advierto que hacéis mucho, pero faltan manos, conciencia y mucha generosidad, que seguro que podemos prodigar y extender durante los 365 días del año.

Contad con nuestro reconocimiento. Os mando besos y abrazos y mi total disposición.

Juan Tomás Frutos

Con permiso, una postdata:

Hagamos realidad nuestros sueños

Hay días que vienen cargados de amistad, de regalos indescifrables en forma de estimulantes instantes, de ejemplos casi perfectos, de resultados enormes que consideramos inmerecidos, pero que seguramente son ganados con el sumatorio de cada jornada.

Ocurre. Vemos que todo surte efecto. Son esas horas en las que lo esencial madura a tiempo, en las que lo conveniente sale a pedir de boca incluso antes de que mencionemos lo anhelado.

La vida es eso que nos va viniendo como puede, o como debe, sin que sepamos ver las etapas hasta el final de la misma. Todo sale, aunque no lo oteemos de manera inmediata, como tiene que surgir.

No siempre damos con las cimas en el tono elucubrado y con las temperaturas adecuadas, pero hasta en esos supuestos de pérdida u omisión aprendemos para ocasiones venideras.

En verdad tenemos que ofrecer nuestras mejores versiones con humildad, con propósito de enmienda, juntando las piezas que nos invitan a distribuirnos por lugares de serenidad y sabiduría. La cosecha de los años ha de ir por esos lares. Busquemos, no obstante, los más óptimos resultados, pero sin obsesionarnos.

Articulemos las fuentes de las que hemos de beber para no pasar sed y para ir palpando los mensajes que nos brinda cada era. Las señales nos invitan a entender lo que sucede desde la parsimonia y la jovialidad de estar vivos y a optimizar las condiciones con exponentes sencillos.

Procuremos sentirnos bien. No seamos avariciosos. Sepamos calcular, pero sin encendernos en la persecución de provechos.

Procuremos sentirnos bien. No seamos avariciosos. Sepamos calcular, pero sin encendernos en la persecución de provechos.

Los eventos son los que son y nos han de servir de guía con cautela, fomentando los mejores. Sin embargo, no olvidemos que, sin sentimientos, sin humanidad, no alberga cimiento nada de cuanto realizamos.

En consecuencia, seamos caritativos hasta con nosotros mismos. Compartamos la bondad y progresemos en comandita, para que no nos falten, en la medida de lo posible, la salud y la educación.

En definitiva, hagamos caso a nuestro corazón, como apuntaban nuestros padres, y, con el suficiente sacrificio, desarrollaremos nuestros sueños. Puede que algo más.

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