El Tibio anterior, en el que comentaba las elecciones al rectorado de la universidad de Murcia, ha provocado un pequeño alud de reacciones. Varios universitarios me han dirigido sus comentarios, algunos de los cuales merecen ser glosados. Más de uno me ha dicho que me equivoqué al señalar una favorita (Alicia Rubio) y una colocada (Senena Corbalán). En su compartida opinión, las elecciones están tan abiertas que resulta imposible predecir quién las ganará. Ni siquiera está claro, dicen, que vaya a ganarlas una mujer. De hacerles caso tendría que haber titulado “tres rectoras y dos rectores” y haberme limitado a relatar los nombres de los candidatos y algunas de sus ofertas. En ese caso, el artículo habría pasado desapercibido. Por supuesto que ganará el que quieran los electores, pero eso no implica que no sea factible adivinar algunas tendencias. Y la principal de ellas es que no se nota ninguna pulsión de cambio en la universidad de Murcia. De haberla, los debates electorales habrían sido mucho más explosivos. Esa especie de hipotensión electoral probablemente se deba a que la actuación del rector Luján no ha producido grandes malestares, sino algo muy parecido a una leve aceptación generalizada. Y, claro, ese estado de ánimo favorece a las vicerrectoras, que no son vistas como odiosas mandatarias a batir. Más bien, por el contrario, muchos votantes pueden albergar la esperanza de que no se desvíen demasiado del dialogante estilo marcado por Luján.
Por otra parte, tampoco es que sus contrincantes masculinos sean precisamente sendos descamisados de revolucionarias intenciones. No pueden serlo dos académicos de loable trayectoria que detentan los decanatos de sus respectivas facultades. En suma, estas elecciones no se prestan a discursos del tipo del pueblo contra la casta. Más bien parecen un episodio particularmente pacífico de Juego de Tronos, con cinco ilustres académicos, todos ellos con experiencia de gobierno, disputándose sin demasiado encono lo que podría ser la culminación de su historial universitario. Están tan ilusionados que da un poco de pena recordarles lo que el rector Cobacho un buen día me enseñó: lo mejor de que te llamen rector es haberlo sido. Hay que interpretar esa frase en clave irónica. Por aclararlo: haberlo sido y ya no serlo. Pero eso solo puede constatarlo el que ya lo ha sido (un servidor lo fue en dos universidades diferentes, todo un triunfo del optimismo de la voluntad sobre el realismo de la experiencia, como tantos divorciados que vuelven a contraer matrimonio).
Me horrorizan las ideas de los que denuncian la perversidad de la especie humana y anteponen los intereses de las demás especies a los de la nuestra"
Otro amable lector me anunció que iban a machacarme por haber llamado yeguas a las candidatas. Bueno, eso era en el contexto de comparar las elecciones al rectorado a una competición hípica, un símil que he empleado otras veces. De hecho, “información proveniente de las propias cuadras” es una de mis frases favoritas. Ya sé que los cinco candidatos son otros tantos miembros de la especie Homo sapiens, a la que yo mismo pertenezco. Así que no había ninguna intención denigratoria al referirme a los candidatos como caballos y las candidatas como yeguas. En realidad, yo me inclino por un antropocentrismo moderado, la ideología que nos sitúa a los humanos en el centro de la realidad. Me horrorizan las ideas de los que denuncian la perversidad de la especie humana y anteponen los intereses de las demás especies a los de la nuestra. Ya durante mi etapa de rector de la Universidad de Sevilla tuve que discutir con un grupo de claustrales la conveniencia de construir un nuevo animalario, como reclamaban los investigadores de las facultades de Biología, Farmacia y Medicina. Aunque me tachaban de antropocentrista, gané la votación y el animalario se construyó, lo que salvó muchas tesis doctorales y permitió desarrollar nuevos fármacos, mejorar ciertas técnicas quirúrgicas y avanzar en diversos campos del conocimiento. El animalario mereció la pena. Es más, tengo para mí que la religión cristiana, en su versión trinitaria, es la más antropocéntrica de los monoteísmos teocéntricos. En efecto, no solo su segundo mandamiento nos ordena amar al prójimo, sino que han elevado a Jesús de Nazaret, un hombre según todos los indicios, al alto rango de Hijo de Dios.
Ya comprenderán que un declarado antropocentrista no tendrá nada contra la Tauromaquia. Al contrario, creo que ese tema se presta a interesantes investigaciones culturales, como las que ha llevado a cabo Verónica de Haro, una solvente profesora de Comunicación. Así que, respondiendo a otro de mis críticos, mencionarla era una forma de distinguirla. Después de todo, entre los cinco equipos suman más de medio centenar de personas, de forma que citar solo los nombres de tres, aparte de los candidatos, era una forma de destacarlos. En realidad, de Verónica no me interesaba tanto su reputación de buena docente, sino su vinculación con Lorca. Y el motivo es bien sencillo: en esa ciudad hay un campus universitario de la Salud en cuyo desarrollo tendrá que jugar un cierto papel la próxima rectora (bueno, o el próximo rector, si así lo deciden las urnas)
Como buen antropocentrista, tampoco tengo nada contra los veterinarios. Al revés, creo que es una profesión imprescindible y que ha alcanzado un alto nivel científico. De ahí mi positiva valoración de Christian de la Fe, un buen profesor en esa materia. No obstante, de nuevo me interesaba más su faceta de director general de Universidades, lo que tiene que haberle dado una visión de la problemática universitaria más completa de la que pueden poseer los estrictos universitarios Un interesante complemento, pues, en cualquier equipo.
Y no es necesario decir que los antropocentristas sentimos una especial debilidad por los médicos (sobre todo, los antropocentristas viejos y achacosos, como el que suscribe). De ahí que llevar en el equipo a un médico de enfermedades infecciosas, como Pedro Hellín, sea una garantía. Ya me gustaría ver a los adversarios del antropocentrismo explicar a los leprosos o a los tuberculosos por qué las bacterias patógenas tienen tanto derecho a vivir y a evolucionar como los humanos a los que infectan. Cualquier ecocentrista debería renunciar a los antibióticos y las vacunas, pero solo los más chalados lo hacen.
Con todo, sigo pensando que Alicia tiene muy buenas cartas para ganar la partida. Entre ellas, contar con el apoyo de Andrés Escarabajal, que sabe bastante de atención a la diversidad docente.
Postdata: Ninguno de los candidatos, ni de sus ayudantes, es un universitario cubano de pura cepa. La mención a los cubanitos, por la que me han preguntado un par de críticos, era una percha para explicar el modelo cubano de universidades. Pero eso lo dejaré para el próximo Tibio.