el gato en la talega / OPINIÓN

La Semana Santa de Cartagena debería ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO

12/04/2022 - 

MURCIA. Las procesiones cartageneras deberían ser Patrimonio Cultural Inmaterial y aparecer en la lista de la UNESCO con tal categoría. La frase se presta a polémica, dada la cantidad de desfiles procesionales que hay en esta Región. Pero asumo las consecuencias derivadas de su lectura por muchas de mis personas amigas, compañeras y conocidas, para las que el "esta es que es de Cartagena" les aparecerá iluminado en grandes neones. Ni pensar quiero en las personas que no me conocen de verdad. Lo asumo porque es así como yo lo siento, exactamente igual que cuando me expreso defendiendo el Mar Menor: sin filtro.  

Conozco otros desfiles pasionales, de otros lugares de la geografía española, pero ninguno ha logrado maravillarme como el de mi ciudad. He reflexionado sobre si no sería porque, precisamente, es el que forma parte de mis raíces. Pero tengo que decir que, a pesar de las irónicas sonrisas que puedan darse bajo los ya citados neones y apelando a todo mi pragmatismo, que es bastante, no se trata de eso. La unión del orden, la música, el paso, la luz y el color en un conjunto indisoluble que desfila y fluye cohesionado se da aquí como en ningún otro lugar. Es un "algo" que me hace sonreír y abstraerme, justo lo contrario que la nota de desorden. Entiendo que he adquirido cierto poso educativo por el que ligo belleza y bienestar con la armonía y me molestan los obstáculos que impiden el flujo, entiéndase, el desorden, la incoherencia cronológica, incluso. El sentido de una cronología, de estar narrando unos hechos con seriedad, y a la vez emitir la luz de esperanza que requieren, identifican esta Semana Santa.

"la belleza de los edificios que conforman el casco urbano de Cartagena los hace integrantes necesarios de los desfiles y su valor"

Hay un aspecto específico que, si bien ya lo tenía claro, he podido reafirmar tras leer el magnífico libro titulado Cartagena, puerta a puerta de Juan Ignacio Ferrández García, con la colaboración de José Antonio Rodríguez Martín. Se trata de que la arquitectura de las ciudades es lo que las hace reconocibles en imágenes y de que muchas de las actividades culturales y festivas carecerían de sello propio sin estos escenarios urbanos. En este libro, es impresionante el trabajo que han desarrollado describiendo al detalle y ubicando, unas puertas que son retazos de nuestra historia. El estudio historiador y de archivo es descomunal, la detallada ubicación sobre plano de los inmuebles, las nociones previas y también las puertas desaparecidas son extraordinarios, siendo reveladora la fotografía. Bajo la imagen de cada puerta y su descripción, incluyen una imagen del propio edificio. Y es ahí a donde quiero llegar. A la particular belleza de los edificios que conforman el casco urbano de Cartagena que los hace integrantes necesarios de los desfiles y su valor.

Entre su historia de más de 3000 años, a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX se desarrolló una arquitectura que aún se conserva y que, de algún modo, ha cincelado la ciudad actual también en sus restauraciones y nuevas construcciones en el casco antiguo. El tejido comercial y los establecimientos de restauración y hostelería cuentan con un plus inmejorable en este marco arquitectónico que, siguiendo unas normas de cuidado, lo rescatan del olvido. En el caso de la Semana Santa cartagenera se traspasa lo estrictamente religioso para formar parte de una expresión del arte desde la arquitectura hasta la artesanía más delicada. Y toda esta expresión es de una participación social intergeneracional, con diversidad religiosa, económica y cultural que mientras comparten espacios urbanos se han sentido atraídas por una manifestación que va mucho más allá de las creencias.

Las procesiones en Cartagena desfilan abrazadas por sus edificios. El marco de cualquier foto siempre es un edificio histórico e inconfundible. Las miradas comienzan en los pies de los penitentes, ascienden por sus capas y capuces, por los faldones del trono o por sus portapasos, y llegan al conjunto escultórico bañado en luz y flor, trepan por las cartelas, y saltan a los miradores y balconadas subiendo ágiles entre composiciones musicales y tambores hasta perderse en el cielo. Cartagena se descubre mirando de abajo hacia arriba.

"Cartagena se descubre mirando de abajo hacia arriba"

Hay procesiones como la del Encuentro que te permiten descubrir la ciudad entre dos luces: desde la noche en Santa Lucía al amanecer en Santa María pasando por calles casi olvidadas en las que te saludan retazos de la historia. La madrugada te llama a perderte entre calles estrechas y transeúntes, sentir el frío húmedo junto al Mediterráneo e ir corriendo de un enclave a otro impulsada por los tambores, las cornetas o las sirenas de los barcos para ver la salida del Medinaceli, el San Juan y la Pequeñica, la Verónica, el Jesús. Merece la pena esperar ante el Palacio de Aguirre con una Plaza del Lago abarrotada para presenciar la magia de ese momento y despedir a la Pequeñica entre las luces del amanecer del Viernes Santo te hace sentir casi invulnerable al sufrimiento. Esa misma noche en la procesión del Santo Entierro surge la luz que emana de dentro hacia fuera y la belleza tan humana de las tallas de José Capuz lo impregna todo. El sábado de Gloria vuelve a jugar con el día y la noche, atardeciendo, en un desfile intimista que lleva consigo vanguardia y liberación, que recupera espacios públicos y visibiliza su historia. 

Pasan así 48 horas que son un mundo, que incluyen un lunes santo de promesas, y que reflejan que soy una marraja de cuna. Pero sobre todo son horas que acumulan sensaciones de belleza no solo porque sean desfiles pasionales de la religión en la que me eduqué, sino porque son lecciones de historia un patrimonio agazapado, que te llama a casa paso, perfectamente armónico, cohesionado, universal, incontestable.  

Celia Martínez Mora

Investigadora

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