LOS TEBEOS SON PARA EL VERANO

La amenaza nuclear vuelve a las portadas de la prensa, es hora de leer a Raymond Briggs

19/08/2022 - 

MURCIA. El día 9 de agosto de 2022 el diario El País publicaba un artículo de su enviado especial a Kiev, Óscar Gutiérrez, con el título La central nuclear de Zaporiyia, la rehén más peligrosa de la guerra en Ucrania, y la entradilla Ucrania acusa a Rusia de minar y almacenar armamento en la planta energética, que desde el fin de semana sufre daños provocados por varios ataques, aunque no fugas. Moscú y Kiev piden una misión de la Agencia Internacional de la Energía Atómica. Ese mismo día fallecía en Brighton, Inglaterra, Raymond Briggs, el autor de “When the wind blows”, la más poderosa diatriba en contra de la escalada nuclear en forma de cómic, y posiblemente en cualquier otro género narrativo, publicada en 1982, nada más comenzar el mandato presidencial de Ronald Reagan, cuando estaba muy presente el enfrentamiento nuclear entre la NATO y el Pacto de Varsovia. Un día más tarde, el crítico e historiador del cómic Álvaro Pons publicaba un tweet con el siguiente texto: Briggs nos dejó un relato desolador y despiadado de la locura de la guerra nuclear. Quizás, si su lectura o visionado fuera obligatoria en todo el mundo, este planeta no intentaría lanzarse a la autodestrucción con alegría.

Nunca he sido muy de lecturas obligatorias, aunque el hecho de que me empujaran (con un empuje bastante imperativo) a leer la “Ilíada” con unos doce años, y lo hiciera en la minúscula tipografía (ahora mismo casi una sopa de letras ante mis ojos) de la colección Austral, en “versión directa y literal del griego” por Luis Segalá y Estalella, acabó de consolidar mi personalidad lectora. No fue la guerra de Troya la primera, ni siquiera la más grande, ni la más mortífera, probablemente, pero sí fue la guerra nuclear del mito, la confabulación de fuerzas que hizo de los guerreros los chicos buenos de la tribu, el epítome de la virilidad, la transubstanciación de la sangre y el sexo.

En las antípodas de la Ilíada, de la Odisea, de la Tebaida y de la imagen del héroe musculado y sudoroso, se encuentra el universo de Raymond Briggs. La fantasía pura, esa fantasía orgánica y poblada de seres de la naturaleza que conviven en paralelo a nuestro mundo de cemento y que, de vez en cuando, asoman las orejas por el agujero de entrada de la madriguera, toma cuerpo en su obra infantil: “Snowman”, “Fungus the Bogeyman”, “Father Christmas”; pero cuando se dirige al público adulto, lo cotidiano, la imagen codificada de la vida burguesa de la clase trabajadora británica, vuelan como la más frondosa de las fábulas. Puede sonar tremendamente conservador, fruto de la nostalgia de un tiempo pretérito, sin embargo, el resultado final, tras la lectura de “When the wind blows” y de “Ethel and Ernest” es que no hay nada más progresista que la ternura que transpiran los siguientes diálogos entre el lechero y el ama de casa que protagonizan “Ethel and Ernest” en los años 30 del siglo XX:

Ernest: “Un diputado RECLAMA que las viviendas para obreros tengan baño. LABORISTA, por supuesto”.

Ethel: “Siempre se ha dicho que, si le das una bañera a un proletario, te la llena de carbón”.

Ernest: “¿Sí, eh? ¡Pues no he visto carbón en la nuestra!”

Ethel: “¡Nosotros no somos proletarios!”

Ernest: “¿Sabes, Et, que si fueras judía en Alemania no podrías casarte con un alemán?”

Ethel: “¡Con un alemán! Ni loca”.

Ernest (leyendo el periódico): “Mira: ‘Las familias que ingresan menos de 6 £ semanales están por debajo del umbral de la pobreza…’”

Ethel (planchando): “¿Qué es el umbral de la pobreza?”

Ernest: “Ni idea, pero ojalá yo cobrara 6 £ semanales”.

El estilo gráfico de Briggs se emparenta con el del cómic británico de los años 50 y 60: retícula densa de viñetas, siete filas divididas, en la mayoría de los casos, en cuatro viñetas cada una, pobladas de bocadillos repletos de una letra diminuta, sin cartelas, en una sintaxis gráfica sencilla y eficiente, desbrozada de efectos superfluos, que rompe únicamente en momentos de alta carga emocional, y un dibujo que hace uso de la expresividad heredada de la caricatura de la comic strip, añadiendo la característica marca de la casa del colorido artesano del lápiz o la cera.

En los dos títulos, “When the wind blows” y “Ethel and Ernest”, el personaje principal es el paso del tiempo, manifestado a través del tiki-taka constante entre las dos parejas protagonistas, un juego dialógico en el que doxa y episteme se suceden, sin demasiado convencimiento, crudo y cruel en el caso de “When the wind blows”, cuando, llegado un momento de la narración, se pone en marcha el mecanismo del suspense que describiera Alfred Hitchcock: el lector es consciente de lo que va a pasar, tiene más información que los personajes, puede llegar, incluso, a un momento de angustia que le impida seguir con la lectura, dado que no es capaz de avisarles de lo que les espera; “Ethel and Ernest” es, como bien reza su subtítulo, “Una historia verdadera”, una historia que empieza en la portada, donde podemos encontrar dos retratos fotográficos de los padres de Briggs, cuyas sonrisas nos acompañarán durante las cien planchas que reproducen, casi con exactitud, las soluciones gráficas que le han acompañado durante toda su trayectoria. ¿Para qué cambiar lo bueno? Una vez más, Raymond Briggs nos traslada su visión del devenir histórico desde lo cotidiano.

“When the wind blows” se publicó aquí el año 1983, en versión castellana de Rosa Montero desde la versión francesa, en la Biblioteca Verde de Editorial Debate. En 1986 se estrenó una película de animación basada en el cómic, con guion del propio Briggs, dirigida por Jimmy Murakami, música de Roger Waters, miembro de Pink Floyd, y la participación en el tema principal, homónimo al cómic, de David Bowie. Esta edición lleva años descatalogada, no sabemos si por desinterés (pecado capital) o por problemas con los derechos en España (pecado venial que esperamos se solucione en breve). Mientras tanto, Blackie Books, editorial no especializada en cómic, incorporó a su catálogo “Ethel y Ernest. Una historia verdadera”, con traducción de Regina López Muñoz, en 2020, en formato libro 14’5x21’5 y tapa dura, con una excelente impresión del color y legibilidad. Astiberri, por su parte, mantiene en su catálogo “Gentleman Jim”, editada en formato álbum.


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