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'The Crusaders': la revista de cómics ultra de cristianismo fundamentalista de Jack Chick

Sus cómics de cristianismo radical han sido calificados como pornografía espiritual para protestantes. "Pura fantasía sadomasoquista con énfasis en la retórica que conduce a la inevitable sumisión a Jesucristo". Llegó a distribuir millones de copias de esta revista. The Crusades, que estuvo circulando en los 70 y 80, estaba obsesionada con la homosexualidad, presentaba a héroes cristianos luchando contra los comunistas y sostenía que los rivales católicos habían creado el cáncer con un veneno

18/08/2021 - 

MADRID. Miembro de las iglesias bautistas independientes, Jack Chick fue un dibujante y editor que cargó las tintas con toda su alma contra el pecado, los musulmanes, testigos de Jehová, los masones... hasta a los católicos les dio para el pelo. Todos sus trabajos están considerados ejemplos de odio fundamentalista e incluso tuvo cierta relevancia cuando, antes de morir en 2016, dedicó sus últimos esfuerzos a advertir a su rebaño de la peligrosidad de Harry Potter. Chick consideraba que la traducción de las biblias posteriores a 1611 eran una herejía. Podría parecer un demente, pero según datos de Wikipedia, llegó a difundir 750 millones de obras con sus ideas.

Natural de Los Ángeles, Chick no fue religioso de joven. Tan solo, cuando le tocó servir en el ejército en la II Guerra Mundial y tuvo destinos como Nueva Guinea, Australia, Filipinas o Japón, le sorprendió el trabajo de los misioneros en estas latitudes. Sin embargo, como sucede en tantas comidas de olla de personas a priori inteligentes y normales, perdió la chaveta por amor. Su pareja fue una mujer canadiense extremadamente religiosa y, entre ella y sus suegros, le convirtieron. En nuestros días se ven muchos casos como este relacionados con la política, pero es más llevadero que tener que caerle bien a tus suegros por la fe que profesas. Los de Chick eran casi una secta, pertenecían al movimiento de los cristianos renacidos. Pero al final, con la fe del converso, como reza la máxima, inició su actividad proselitista de la religión a lo loco y sin límites.

En los años 50 había empezado a dibujar historietas en periódicos angelinos y encontró que la viñeta era la mejor forma que con la que podía difundir la palabra sagrada, porque era demasiado tímido para hacerlo en persona o puerta por puerta. El negocio funcionó tanto que en 1970 estableció su editorial Chick Publications. Sus obsesiones iniciales fundamentalmente eran el sexo, los vicios tales como el alcohol y las drogas y sobre todo la música rock. Todo el hedonismo al que se entregaba sin control la adolescencia post-hippie en esa época.

Estuvo publicando cómics en papel hasta bien entrados los años ochenta. La cabecera más popular The Crusaders (Los cruzados), con vivencias de cristianos fundamentalistas como él.  Las primeras historias eran sobre un dúo de justicieros, Timothy Emerson Clark, ex boina verde, herido en la jungla fue salvado por un campesino profundamente cristiano y se convirtió, y James Carter, un ex traficante afroamericano reconvertido y salvado por la vía de la fe. Sus misiones servían para contar relatos como, por ejemplo, comunidades piadosas que se enfrentaban a los malvados comunistas distribuyendo biblias microfilmadas en la Rumanía de Ceaucescu, historias de misiones, exorcismos varios o peripecias de corruptos hippies. Cada entrega llegaba con el lema "Estos libros podrían cambiar tu vida". En una ocasión, una espía enviada por el KGB trataba de seducirlos y acababa convertida al cristianismo. Un caso parecido al que protagonizó un joven Adolfo Suárez con una turista que se puso en bikini en Peñíscola.

Otro de los personajes fue un ex jesuita, Alberto Rivera, que sirvió para descargar otra de las obsesiones de Chick: todos los males del mundo provenían de la Iglesia católica. Con este personaje contaba cómo los católicos habían introducido el cáncer en la sociedad con un veneno, celebraban orgías entre los sacerdotes y monjas y los bebés que se engendraban en esas fiestas eran sacrificados en honor a Satanás y luego comidos por ellos mismos. Este personaje estaba tomado de la realidad, existía. Agárrense, el individuo era español y en un número se mostraba directamente su DNI. Parece que había apostatado y se había incorporado a los cristianos renacidos, donde contaba estas historias. Todas las revelaciones se las había partían de él y eran bien interesantes, llegaban hasta nuestra Guerra Civil. Por supuesto, los católicos también eran responsables del Holocausto y planeaban hacerse con la supremacía mundial. En estas amenas historietas se colaban pasajes bíblicos además de estas teorías.

Cynthia Burack en su libro Sin, sex and demography: Antigay rethoric and the christian right cuenta que en estas páginas la homosexualidad era tratada como el paradigma del pecado, relacionado con todo lo que es malo en el mundo y la señal evidente de que el apocalipsis está acerca. No obstante, en el propio pecado llevaba la penitencia y, según la investigadora, Chick nunca se bajó de la burra de la radicalidad de su mensaje y, con el paso de las décadas, hasta los conservadores cristianos le dieron la espalda. Reunida cierta base de apoyo popular, había llegado un momento de sofisticar su mensaje y él se negó. Por su línea burda, perdió buena parte del estatus del que gozaba entre la carcunda estadounidense.

El dibujante con el que más trabajó fue Fred Carter, incluso en 2001 filmaron una película a partir de los óleos del artista sobre historias bíblicas, The light of the world. Hay que reconocer que su estilo y técnica eran excelentes, perfectamente podrían haber pasado algunos de sus dibujos el filtro del comic underground de aquellos años, concretamente sus portadas. De hecho, es conocido que Robert Crumb era fanático de la obra de Chick y Carter, aunque fuese para descojonarse.

Graciosamente, Chick se enfrentó a los mismos problemas que los creadores underground, la Comics Code Authority. Tanta denuncia introducía a los lectores jóvenes en el mundo de corrupción de los adultos que la censura quería esconder. El código prohibía mostrar relaciones sexuales ilícitas, no podían ser "ni insinuadas ni retratadas" y cualquier tipo de "perversión sexual". El problema de Chick es que no podía denunciar lo que no podía mostrar, así que tuvo que sumergirse en el undeground, como todos aquellos a quienes odiaba. Al final, compañeros de viaje.

En este estudio podemos encontrar análisis detallados que explican cómo esta obra llegó a convertirse en lo que pretendía combatir, esto es, pornografía. Se trataría de porno espiritual, historias irreales, pero que conducen todas ellas mediante el sadomasoquismo a la sumisión a Jesucristo. Una forma de masturbar la fe. Curioso fenómeno, aunque si lo piensas, está muy extendido en su vertiente ideológica. Y no es ninguna tontería. Como sostiene Burack, los niños que leían estos cómics que inundaron las iglesias cristianas americanas en su momento, son los cristianos conservadores de hoy.

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