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DESDE MI ATALAYA / OPINIÓN

Salvar lo que queda de Huerta de Murcia

6/08/2023 - 

MURCIA. La Huerta de Murcia constituye un paisaje único y singular que, afortunadamente, todavía alberga abundantes lugares de interés, zonas bien conservadas y multitud de rincones con encanto, constituyendo un inmenso jardín, un paraíso natural.

Ademásla Huerta es un cinturón verde de la ciudad que ayuda a minorar las altas temperaturas durante los calurosos veranos, favorece el drenaje y evacuación de las aguas pluviales en los episodios de lluvias torrenciales, y su red de riego a cielo abierto es un corredor ecológico de flora y fauna autóctonas.

"El crecimiento de la ciudad provoca su degradación"

Sin embargo, el crecimiento de la ciudad con sus actividades industriales y de servicios, junto al abandono de los cultivos de la huerta y la permisividad urbanística, está provocando desde hace años su degradación.

Degradación que, a modo de lenta e imparable agonía, concluirá en su muerte, y entonces seguro se alzarán los cómo-es-posibles a la hora de su réquiem. Y las administraciones públicas pondrán en marcha costosas iniciativas de recuperación de este valioso patrimonio cultural y natural que se dejó perder.

HUERMUR, la Asociación para la Conservación del Patrimonio de la Huerta de Murcia, que lleva a cabo desde 2007 diferentes actuaciones de denuncia, conservación y concienciación de los valores de la huerta, publicó no hace mucho el interesante y exhaustivo estudio: Estado del sector oeste de la red del regadío tradicional de la huerta de Murcia, donde analiza aspectos tales como: el estado actual y futuro de los cauces de riego y su relación con la conservación del paisaje de la huerta, los lugares de especial interés paisajístico, los valores históricos, culturales y etnográficos, la situación urbanística del suelo por el que discurren los cauces de riego en relación al PGOU del municipio de Murcia, o los principales problemas a los que se enfrenta, entre los que destaca: 

  • 1. Falta de concienciación.
  • 2. Sustitución del suelo de huerta por residencial y de infraestructuras.
  • 3. El abandono de la actividad agraria.
  • 4. La degradación de la propia red de regadíos.

Pero más allá de los imprescindibles diagnósticos, es hora de buscar soluciones, a pesar de los múltiples intereses en juego y administraciones competentes implicadas (local, regional, nacional y europea). ¿No sería mejor, y más barato, actuar ya conservando lo que tenemos en vez de dejarlo perder para intentar recuperarlo posteriormente? (No sé por qué se me viene a la cabeza el Mar Menor).

Por ello, siguiendo el orden de los problemas identificados por HUERMUR en el citado estudio, aportaré mi granito de arena a modo de ideas para salvar lo que queda de huerta.

En primer lugar, diría que sólo se puede tomar conciencia de lo que se conoce. Una verdad de Perogrullo que nos lleva a que el problema es el desconocimiento de la huerta que tienen los ciudadanos de Murcia y su Región. Y para conocer la huerta hay que adentrarse por sus bonitos parajes y rincones con encanto y vivir experiencias huertanas. Porque, como decía Saint-Exupèry, "si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo, primero transmite a los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho". Por tanto, hay que abrir la huerta a la ciudadanía, facilitar su acceso y habilitar caminos y sendas para recorrerla.

En segundo lugar, en relación a la sustitución del suelo agrario por viviendas y naves industriales, se me antoja un problema arduo, porque el crecimiento de la ciudad conlleva más ladrillo y asfalto, así como más industrias y servicios. Sin embargo, siempre me ha llamado la atención por qué se ha permitido construir en la huerta sin licencia lo que se quiera. Luego, los servicios de inspección urbanística municipales levantaban la correspondiente denuncia y posterior multa, pero ya estaba construida la vivienda, o lo que fuese, y allí se quedaba.

"los huertanos son una especie en peligro de extinción y los pocos que se mantienen enraizados a los huertos de sus antepasados lo hacen sin ningún beneficio"

Tampoco puedo entender la permisividad con el mal gusto exquisito que ostentosamente exhiben algunos de sus nuevos pobladores, que construyen sus viviendas con abundante aluminio, acero y cristal y con ese estilo neutro, cosificado, de formas cúbicas y tonos grises, a modo de tanatorios. O la permisividad con un cableado eléctrico y de telefonía caótico y espantoso, un verdadero sindiós, que afea fachadas de casas y entrecruzan carriles y caminos.

El abandono de la actividad agraria, a causa de la insuficiente rentabilidad de los cultivos, llevó a muchos huertanos a emplearse en fábricas, la administración o como autónomos para poder sacar a delante a sus familias. De hecho podemos afirmar que hoy los huertanos y huertanas son una especie en peligro de extinción y los pocos que se mantienen enraizados todavía a los huertos de sus antepasados, regándolos de vez en cuando o realizando intervenciones de socorro contra las malas hierbas o las plagas, lo hacen sin ningún beneficio y asumiendo muchas incomodidades.

La cuestión es que no puede haber huerta sin huertanos, es decir, sin personas que la cuiden, como no puede haber jardines sin jardineros. Y además, muchos de estos huertanos son de avanzada edad y, desgraciadamente sus hijos o nietos, nativos digitales, se encuentran muy alejados la huerta. Por ello, además de contar con los huertanos que todavía se mantienen al pie del cañón habría que contratar nuevos huertanos: desempleados, personas en riesgo de exclusión, o empresas de economía social, entre otros. Todos ellos, huertanos viejos y neohuertanos, recibirían una remuneración por su trabajo, como los jardineros de los parques o los guardas forestales de los espacios protegidos.

Por último, para mitigar la degradación de la red de regadío por falta de mantenimiento, vigilancia y custodia a cargo de la Junta de Hacendados y la Administración se podría recuperar para el uso público y poner en valor los cauces y quijeros, los lugares de interés paisajístico, medioambiental o cultural-etnográfico mediante la cooperación público-privada. Abriendo así la huerta para el esparcimiento y disfrute de las personas, ordenando y fomentando actividades que además generarían riqueza, que es el mejor método de conservar algo. Acaso no habría empresas interesadas en invertir en alojamientos rurales; o en actividades de agroturismo como fabricar pan o dulces navideños en horno moruno, criar gusanos de seda, cultivar hortalizas o frutales, plantar árboles, cosechar fruta; o de deporte al aire libre como senderismo o running por las veredas y sendas habilitadas al efecto; o de equitación; o de meditación y relajación como yoga o shiatsu, rodeados de verde, con el sonido del aire entre las hojas y el olor del azahar, de tierra mojada, de hierba; o de gastronomía en merenderos bajo la sombra de un buena morera, o cenáculos al raso en noches de verano bajo la luz de la luna; o de turismo medioambiental como avistamiento de aves, fotografía de flora, fauna y paisaje; o de fauna y paisaje, entre otros.

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