Opinión

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Y próspero 1976

Un fin de año en la Murcia de hace medio siglo

Publicado: 01/01/2026 ·06:00
Actualizado: 01/01/2026 · 06:00
  • Los Premiers, que durante décadas pusieron a bailar a los murcianos.
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MURCIA. ¡Claro que era más recogida y silenciosa la Nochebuena de nuestros ‘ayeres’! Y lo hemos vuelto a comprobar este año, con ejemplos que uno ha tenido la oportunidad de constatar personalmente, alcanzando su apogeo con el macrobotellón, más o menos espontáneo, que se formó en Santa Isabel conforme avanzaba la tarde e iban cerrando bares y barras callejeras.

Ríos de jóvenes y “jóvenes”, que diría la otra, afluían a la plaza ocupando la totalidad de aquella extensa plaza ajardinada y haciendo imposible el tránsito de peatones y el acceso o salida de los edificios. Alertada la policía que se encontraba en las inmediaciones, no se dio por aludida.

Más ruidosa fue siempre la Nochevieja, con sus uvas de la suerte y sus fiestas de cotillón que se alargaban hasta bien entrada la madrugada del primer día del Año Nuevo. No sé ahora, pero hace medio siglo se llevaban mucho las fiestas privadas en locales que alguien de la correspondiente pandilla ponía a disposición del grupo por tratarse de un bajo comercial o una vivienda en desuso de su familia. Fondo común para adquirir el “bebercio” y alguna cosilla de “comercio”, amén de las imprescindibles uvas, un equipo de música, un extenso repertorio de discos, y bailoteo y copeo hasta que los cuerpos aguantaran.

Luego estaban las fiestas oficiales de hoteles, restaurantes y alguna sala de fiestas, y la clásica entre las clásicas del Casino. Pero todo aquello se escapaba de las posibilidades de los más jóvenes, y el cambio de año en compañía de la panda siempre ofrecía unas innegables opciones de pasarlo bien.

En el fin de año de 1975, el Teatro Romea, regido entonces por la empresa que regía el director de teatro y realizador de televisión, de origen y crianza murciana, Gustavo Pérez Puig, programaba del martes 30 de diciembre al jueves 1 de enero de 1976 una de las tan frecuentes entonces funciones de revista, en este caso la titulada ‘Eva al desnudo’, a cargo de la Compañía Colsada, que tenía como protagonistas a la vedette británica Diana Darvey, que trabajó en el célebre show televisivo de Benny Hill, y al popular actor cómico Quique Camoiras.

La función de noche del 31 de diciembre, se retrasaba a las 11 de la noche, “siendo obsequiados todos los espectadores con las uvas de la suerte, las señoras y señoritas con obsequios del comercio murciano y los caballeros con champán”, según rezaba el anuncio en prensa.

Era una forma tradicional de matar dos pájaros de un tiro, con función teatral y fin de año en un solo paquete. Como lo era la Nochevieja que ofertaba la sala de fiestas y discoteca Pierrot, en el local del antiguo cine Salón Vidal, a espaldas del convento de las agustinas.

Más ruidosa fue siempre la Nochevieja, con sus uvas de la suerte y sus fiestas de cotillón que se alargaban hasta bien entrada la madrugada del primer día del Año Nuevo"

El Cotillón del Pierrot incluía las actuaciones del showman internacional Robert Jeantal, cantante francés y español de adopción, el ilusionista Tauro, la vedette sexy (literal) La Ina, la pareja acrobática Joe Heras y los ballets Embrujo de Oriente (exótico) y de Fernando Duclós (arte español).

Y como las evocaciones siempre dan pie a alguna referencia colateral, hay que reseñar que no fue aquella la primera Nochevieja en la que Camoiras se tomó las uvas y brindó por el año entrante con el público murciano. En 1968, también en el Teatro Romea, que administraba entonces la empresa de Enrique Botas Blanco, el mismo que se había hecho poco antes con la concesión de los autobuses urbanos de Murcia, la compañía de Colsada presentaba el espectáculo titulado ‘Un marido provisional’, con Viky Lussón y Quique Camoiras como estrellas principales, si bien por entonces la gentileza de la empresa se concretaba en la docena de uvas, sin más.

Eran años en los que habían proliferado las salas de fiestas, empezando por el ya citado Pierrot, con su Cotillón amenizado con espectáculos internacionales, a los que se sumaba la actuación del grupo Los Premiers, que tantas veces nos amenizaron las verbenas veraniegas de la Ciudad del Aire.

Y estaban también otras como Río Club, junto al Puente Viejo, que tenía como estrella en aquella Nochevieja a Bambino; o El Molino, en la carretera de Beniaján, que contó como actuación estelar la de Maritsa, pero también con la música de Los Durán… y Los Premiers, que hacían doblete. También el citado Bambino estuvo en dos escenarios, porque fue uno de los artistas que pasaron por Taplows, otro lugar clásico en ese tiempo, que se encontraba frente al Pabellón de Deportes.

No se me olvida la sala Picadilly, ya que estaba en la calle de Ruipérez, o de Las Mulas, y yo pasaba frente a su puerta a diario, ya que vivía al final de aquella céntrica vía. Allí también hubo fiesta especial aquél 31 de diciembre, con La Gata, el ballet Pascal, el de Ángel Bermejo, Franciskus y Frexi, la canción española de Antoñita Megías o Carmen Jurado, Mili, la Orquesta de Henry Vidal y el conjunto músico-vocal Los Play-Boy. Para todos los gustos.

A todas ellas, y como colofón, a este cierre de año, debe reseñarse el baile organizado por el Club Remo en sus privilegiadas instalaciones de la entrada del Malecón, con la orquesta titular de la entidad y la atracción flamenca ‘Los Rumberos’. Fiestas en los cuatro puntos cardinales de la ciudad para un cambio de año que se estila transitar bailando.

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