Opinión

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AL OTRO LADO DE LA COLINA

Turismo, entre el lujo y los contagios

Publicado: 09/05/2026 · 06:00
Actualizado: 09/05/2026 · 06:00
  • Imagen de archivo.
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Si hoy en día hay un sector que mantiene su pujanza, a pesar de todo lo que pasa en todo el mundo, ese es el turismo, y se extiende por todo el globo como mancha de aceite en unas ocasiones o de tsunami en otras, y de él les voy a hablar.

El ser humano es un viajero impenitente, desde que salimos de África (si creemos en la monogénesis del homo sapiens) poblamos todos los continentes habitables del globo terráqueo. Desde fértiles llanuras fluviales, extensas mesetas, altiplanos y montañas más o menos escarpadas, hasta desiertos áridos, o desiertos y paramos congelados, islas alejadas en medio de la nada, todos esos lugares los hemos habitado y ocupado.

Los motivos de ese carácter viajero en la humanidad son varios, pero podríamos resaltar dos, al menos, al principio: primero por necesidad de sobrevivir, el instinto de supervivencia ha empujado al hombre a buscar nuevos territorios donde alimentarse, al igual que otros seres vivos. En segundo lugar, la curiosidad, una de las características de la humanidad, es el instinto de averiguar qué hay al otro lado de la colina o del río, ese empuje a conocer nuevos lugares, hacia lo desconocido, a viajar hacia la puesta del sol.

Con la evolución de las sociedades y estructuras políticas, la aparición de los reinos, se generó una costumbre, el carácter itinerante de las cortes y curias reales, sobre todo según la extensión del reino, si éste daba lugar o permitía tener diferentes climas, esta sede se trasladaba a un lugar en verano y cuando cambiaban las condiciones climatológicas a una sede de invierno. En España, por ejemplo, se trasladaba de la llanura a la montaña y viceversa, dicho de forma tosca y resumida. Pero claro, la nobleza que seguía al rey también adquirió esa costumbre, no solo cuando le acompañaba, sino también dentro de sus propios señoríos. Incluso más en la antigüedad, ya existían viajes de salud a las famosas aguas termales, que los romanos urbanizaron y dieron lugar a las termas.

Estos viajes de invierno a verano y viceversa, (turismo viene del griego torno, giro, pasando por el francés tour) incluso a aguas termales-sanitarias, fue una costumbre de las clases altas, ergo lujo, que con la llegada del siglo XIX y XX se socializó y se fue extendiendo hacia el resto de los mortales. Por lo que algo que se consideraba en un principio un lujo, para muy pocas personas y profesionales, porque eran muy pocos los que tenían capacidad para realizar ese esfuerzo económico, se fue abaratando y democratizando, y se transformó en uno de los sectores económicos, de servicios, más importantes, no solo en Occidente, ya sean los americanos y los europeos, sino también en Oriente, para chinos, japoneses o coreanos; en fin todo un lujo democratizado.

Pero, como dirían los seguidores del Tao, todo tiene sus pros y sus contras, el yin y el yang, este sector imparable, que ni las guerras lo detienen, pues se cambia el destino del viaje a otro país y se soluciona el problema (España, tradicionalmente en las últimas décadas hemos sido beneficiados de ello). De tanto crecer y divulgarse por las redes sociales, se producen situaciones de saturación en puntos y lugares popularizados por los instagramers, que se han vuelto armas de destrucción masiva para la tranquilidad de aldeas y parajes bucólicos.

Estos cambios económicos, a nuestra clase política les han pillado a contrapiés, dado sus cortas miras, hasta las próximas elecciones (4 años), o hasta los próximos presupuestos anuales (si es que existen). Por eso ciudades cómodas de pasear y circular, han sido estranguladas por paseos preciosos y aceras grandiosas para paseantes y ciclistas foráneos, pero que amargan el día a día de los habitantes de la ciudad, que no pueden aparcar sus coches para descargar la compra, o el carrito de los niños, o ayudar a los ancianos a subir y bajar de los vehículos a las puertas de sus casas como siempre. También han provocado, casi, hasta un aumento de la polución al aumentar los atascos; en fin, parecen haber madrileñizado las grandes capitales y ciudades de provincias, en algunos casos.

Otro de los problemas que el turismo pone en evidencia, pero que para nada es el responsable, y las cifras no son significativas (en total son un 3% aproximadamente las viviendas turísticas en Valencia), sólo son la punta del iceberg de esa cuestión vital que es el problema urbanístico y habitacional; aunque en distritos como Ciutat Vella rebasan el 10%, fruto de esa madrileñización, y de hacer incómoda la vida a los vecinos en ese centro peatonalizado. Porque eso de ponerse de acuerdo entre las diferentes administraciones, en la España autonómica es, o así lo parece, misión casi imposible por el sectarismo de los partidos gobernantes esos que se llaman de Estado, en sus luchas partidistas, y no se construye lo necesario desde hace años. Todos esos miles de metros cuadrados en uso terciario, jardines, e inmensas avenidas faraónicas, algunos les gusta demasiado eso de cortar las cintas de inauguración, unido a la limitación de alturas, incluso en zonas modernas y despejadas (pasen por la rotonda de los anzuelos en Valencia, salida hacia Alicante y lo entenderán) hace que nos pongan la zancadilla y hagan trampas en el solitario, impidiendo el incremento del número de viviendas, desde hace tiempo.

Pero ya ven, a pesar de que hoy en día para España el turismo es nuestra principal fuente de ingresos del exterior, ergo sector estratégico, se permiten en exceso cuando casi se promueven, movimientos turismo-fóbicos, rayando el odio (figura que está tipificada por cierto), y lo sé de primera mano pues soy testigo de lo que los ingleses comentan en su propio país y perciben de sus autoridades, la existencia de una cierta hostilidad en España respecto al turista, lamentable.

Y si éramos pocos, el crucero turístico de lujo Hondius lleva camino de parir (esperemos que no) una posible pandemia, con la participación de la OMS, que ha sido incapaz de coordinar la ayuda con todos los países del hemisferio sur, tanto de África como de América. Recordemos que el barco navegaba por el Atlántico Sur, incluso más al sur del Trópico de Capricornio, y va a terminar en el hemisferio norte más al norte del Trópico de Cáncer incluso, en un país europeo, España. Todo es un completo desatino, porque no podemos olvidar, según algunos estudios tratados por la IA y el Center for Global Development, que la posibilidad de otra pandemia de aqui al 2050 de la gravedad del COVID-19, es entre un 47% y un 57-58%.

Es triste que se esté jugando a la ruleta rusa pandémica (que seguro que no, pero no sería la primera vez que “uno o dos casos” terminan siendo eso, una pandemia), con la complicidad de diversos responsables. Esperemos que esa bala vírica del Hantavirus no le toque a las Islas Canarias, cuando justamente el crucero Hondius atracará cuatro semanas antes de las concentraciones masivas, centenares de miles de personas, en la visita del Papa León XIV a Tenerife y Gran Canaria. Se acuerdan lo que pasó tras la celebración masiva del 8 M en 2020, pues eso, aplausos desde los balcones y un drama nacional e internacional; por favor más vale prevenir que curar y las crisis se solucionan antes de que surjan,

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