Opinión

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Como ayer

La estación de penitencia en la Catedral de Murcia y los bailes de fechas

"Hace once años se cumplió un siglo del momento en que los nazarenos murcianos pasaron por última vez por el interior del primer templo diocesano. Pero solo aparentemente, porque se olvida un hecho que nos acerca bastante en el tiempo a las postreras estaciones penitenciales"

Publicado: 07/05/2026 · 06:00
Actualizado: 07/05/2026 · 06:00
  • Nuestro Padre Jesús Nazareno.
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Ya sabe el lector asiduo de estos ayeres que, en ocasiones, el asunto a tratar, de forma temporánea o extemporánea, se desarrolla a petición de parte, y que esa parte es, frecuentemente, uno de los amables seguidores de estos escritos. Y sucede que uno de ellos me invitaba hace unos días a ocuparme de ese hecho singular que ha constituido, la pasada Semana Santa, la estación del paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Un hito, sin duda, en la historia reciente de nuestras procesiones, aunque haya supuesto una versión reducida de lo que representaba hasta el año 1915 la estación penitencial que realizaban los cortejos nazarenos al completo de las cofradías de Servitas, el Domingo de Ramos; el Perdón, el Lunes Santo; la Sangre, el Miércoles Santo; y el Nazareno y el Santo Sepulcro, el Viernes Santo. Había ya por entonces, desde 1911, otra procesión, la del Resucitado, pero esta no fue incluida entre las que discurrían por el interior de la Catedral.

Es conocido el detonante del cierre de la Catedral al paso de las procesiones: en la noche del Viernes Santo de 1915 (Primera Guerra Mundial en Europa) con gran parte del cortejo en el interior del templo y el paso de San Juan haciendo la maniobra de entrada, alguien gritó: "¡Cuidado con las bombas!", aludiendo al nombre dado popularmente a las tulipas que dan luz a los tronos.

Dicen algunas fuentes que ese momento coincidió con una disputa entre unos huertanos que se hallaban presencia del paso del cortejo penitente. De uno u otro modo, se organizó un gran revuelo, se produjo un gran tumulto fuera y dentro de la Catedral, se descompuso la procesión, corrieron espectadores y nazarenos… No sucedió nada grave, pero el Cabildo Catedral encontró un buen argumento para acabar con aquella antigua tradición, que ya había dado lugar en alguna otra oportunidad a incidentes más o menos sonados.

De manera que, aparentemente, hace once años se cumplió un siglo del momento en que los nazarenos murcianos pasaron por última vez por el interior del primer templo diocesano. Pero solo aparentemente, porque se olvida un hecho que nos acerca bastante en el tiempo a las postreras estaciones penitenciales. Y es la entrada en el recinto catedralicio, cada Viernes Santo, de los tres últimos pasos de la procesión de Jesús: el Nazareno, San Juan y la Dolorosa. Tenemos constancia de que ya se hacía en el año 1929, y de que siguió realizándose en los años de la posguerra.

Dice el texto localizado en La Verdad del día 31 de marzo: “Al llegar a la plaza de Belluga, todos los mayordomos, condiciendo los pasos de Jesús con la cruz, San Juan y la Dolorosa, penetraron en el santo templo Catedral, rezando una estación ante el Monumento”.

Y en la última Semana Santa con procesiones antes de la Guerra Civil, la de 1935, encontramos un texto similar en Levante Agrario: “Ante el templo Catedral, ingresarán por la puerta principal del mismo las tres últimas imágenes de la procesión: El Titular, San Juan y la Dolorosa, que permanecerán frente a la Capilla de los Vélez, sede del Santísimo Sacramento durante la solemnidad del día, mientras los señores mayordomos rezan la estación”.

El Viernes Santo de 1942, aparece la noticia de una estación penitencial que resultó excepcional, puesto que “al hacer estación los pasos de Jesús Nazareno, San Juan y la Dolorosa en la Catedral, el Orfeón Donostiarra interpretó el Popule Meus y el Ave María, de Victoria”.

 

A raíz de aquellos intentos baldíos, se abrió cierto debate en los ambientes nazarenos sobre la estación penitencial, arguyendo tanto razones históricas, como espirituales, simbólicas y estéticas, pero lo cierto es que no hubo novedad hasta este año"

 

La presencia de la afamada masa coral guipuzcoana en Murcia durante aquella Semana Santa dio lugar a momentos tan emotivos como la interpretación del citado Ave María, de Tomás Luis de Victoria, a la salida de la Dolorosa, la presencia de txistularis donostiarras en la procesión, la interpretación del Miserere de Palestrina en la Catedral el Jueves Santo, o la de la misma composición al discurrir la procesión del Santo Entierro frente al Ayuntamiento.  

Hay constancia del paso por la Catedral de los tres pasos en los dos años siguientes, pero se pierden a partir de entonces las referencias. Sin embargo, lo que resulta manifiesto es que las últimas noticias no datan de 1915, sino de los años 40 del siglo pasado, por lo que el centenario de la completa desaparición de las estaciones penitenciales de nuestras procesiones de Semana Santa en la Catedral estaba aún lejos de cumplirse cuando se produjo el pasado Viernes Santo la de Nuestro Jesús Nazareno.

Cosa distinta es el intento reiterado por parte de la Cofradía del Cristo Yacente, desde sus inicios en 1987, que nunca fue atendido por la autoridad eclesiástica. Llegó un momento en que la situación se hizo muy curiosa, pues el obispo Ureña participó casi todos los años de su episcopado en esta procesión, y en determinado momento la cofradía decidió hacer la estación ante la puerta cerrada de la Catedral… con una oración dirigida y rezada por el prelado, máxima autoridad de la Diócesis, y también del primer templo diocesano, donde tiene por definición su sede.

A raíz de aquellos intentos baldíos, se abrió cierto debate en los ambientes nazarenos sobre la estación penitencial, arguyendo tanto razones históricas, como espirituales, simbólicas y estéticas, pero lo cierto es que no hubo novedad hasta este año. El hecho ha reavivado las pretensiones de algunos cofrades y, como sucedió en los años precedentes, se ha oído hablar de fórmulas diversas que apuntan al acceso al templo sólo de los pasos Titulares, o de una concesión rotativa, que recayera cada año en una cofradía. Pero como yo mismo escribía hace más de un cuarto de siglo sobre estas cuestiones: por el momento, no pasa de ser procesionismo-ficción.

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