Murcia tiene por primera vez una alcaldesa. El hecho es histórico y merece ser celebrado. Pero, sinceramente, creo que lo interesante empieza precisamente ahora.
Porque Rebeca Pérez no lo va a tener fácil.
He tenido la oportunidad de coincidir con ella en numerosas ocasiones y siempre me ha llamado la atención una cualidad poco frecuente en la vida pública: escucha antes de hablar. Puede parecer algo menor, pero en una época dominada por los mensajes rápidos, las declaraciones contundentes y la necesidad permanente de posicionarse, escuchar se ha convertido casi en una rareza.
Y quizá por eso mismo su llegada a la Alcaldía resulta especialmente interesante.
Rebeca no llega desde fuera. Hija de pedáneo, ha crecido viendo la política municipal de cerca. Conoce las pedanías, los barrios, las asociaciones vecinales y la complejidad de una administración que, como todas las grandes organizaciones, tiene sus inercias, sus equilibrios y también sus resistencias al cambio.
Quienes conocemos mínimamente el funcionamiento de instituciones tan veteranas como el Ayuntamiento de Murcia sabemos que los relevos en la cúspide nunca son sencillos. Mucho menos cuando se producen en estructuras donde las dinámicas de poder llevan años asentadas.
Lo que en un hombre suele interpretarse como autoridad, en una mujer todavía genera preguntas"
En los mentideros políticos ya se habla de tensiones, reajustes y nuevos equilibrios. Nada extraordinario. Ocurre siempre que se abre una nueva etapa. Pero en este caso existe un elemento adicional que conviene no ignorar.
Todavía hoy, las mujeres que alcanzan posiciones de máxima responsabilidad continúan sometidas a un escrutinio diferente. Se examinan con más detalle sus decisiones, su estilo de liderazgo e incluso su forma de comunicar. Lo que en un hombre suele interpretarse como autoridad, en una mujer todavía genera preguntas. Lo que en un hombre se presupone, en una mujer muchas veces debe demostrarse.
A ello se suma otro factor: la juventud.
Nuestra sociedad sigue asociando liderazgo con experiencia y experiencia con edad. Sin embargo, las organizaciones modernas nos están demostrando que la capacidad para dirigir depende cada vez más de la adaptación, el aprendizaje continuo y la capacidad de gestionar entornos complejos que de la mera acumulación de años.
Y precisamente ahí aparecen algunas de las fortalezas que la investigación lleva tiempo observando en muchos liderazgos femeninos.
Desde la neurociencia y el comportamiento organizativo sabemos que hombres y mujeres suelen desarrollar competencias diferentes. Generalizar siempre es arriesgado, pero numerosos estudios apuntan a que las mujeres tienden a desarrollar con mayor frecuencia estilos de liderazgo más colaborativos, una mayor orientación a la escucha activa, una mejor integración de perspectivas diversas y una notable capacidad para gestionar simultáneamente múltiples dimensiones de un problema.
Dicho de otra manera: son capaces de hablar de estrategia sin perder de vista a las personas.
Y eso no es una cuestión menor.
Gestionar una ciudad exige tomar decisiones sobre presupuestos millonarios, infraestructuras, movilidad, sostenibilidad o desarrollo económico. Pero también exige comprender las pequeñas preocupaciones cotidianas que afectan a los ciudadanos. La ciudad se construye tanto desde los grandes proyectos como desde los pequeños detalles.
Quizá por eso muchas mujeres han demostrado una extraordinaria capacidad para desenvolverse en entornos complejos donde conviven simultáneamente lo estratégico y lo cotidiano.
La diversidad no garantiza el éxito, pero amplía las posibilidades de encontrar mejores soluciones"
Los ejemplos internacionales son numerosos. Durante la pandemia vimos cómo varias líderes europeas fueron reconocidas por modelos de gestión basados en la comunicación transparente, la participación y la cercanía con la ciudadanía. Frente a enfoques más jerárquicos o más confrontativos, demostraron que la empatía también puede ser una herramienta de gobierno eficaz.
Y no se trata de afirmar que las mujeres gobiernan mejor que los hombres. Sería tan simplista como injusto.
Se trata de reconocer que las organizaciones funcionan mejor cuando incorporan distintas formas de liderar. La diversidad no garantiza el éxito, pero amplía las posibilidades de encontrar mejores soluciones.
Por eso creo que el verdadero debate no debería centrarse en si Murcia está preparada para tener una alcaldesa.
La verdadera pregunta es otra.
¿Estamos preparados para aceptar que existen formas distintas de ejercer el poder?
Me gustaría responder que sí.
Sin embargo, mi experiencia profesional y personal me hace ser más prudente. Durante mi etapa en la vida pública, alguien me dijo una frase que nunca he olvidado: “El poder que no se ejerce pierde prestigio”.
Con el paso de los años he comprobado que, en gran medida, tenía razón.
Las organizaciones necesitan diálogo, pero también dirección. Necesitan participación, pero también capacidad de decisión. Escuchar es imprescindible, aunque llega un momento en que quien lidera debe asumir la responsabilidad de elegir un camino, incluso cuando no todos están de acuerdo.
Y quizá ahí resida precisamente el mayor desafío que tiene por delante Rebeca Pérez.
"Quizá el reto de Rebeca Pérez no sea únicamente gobernar una ciudad; quizá su verdadero desafío sea encontrar el equilibrio entre dos fuerzas aparentemente contradictorias: la escucha y la autoridad"
Porque quizá el reto de Rebeca Pérez no sea únicamente gobernar una ciudad.
Quizá su verdadero desafío sea encontrar el equilibrio entre dos fuerzas aparentemente contradictorias: la escucha y la autoridad.
Demostrar que la firmeza no está reñida con el diálogo. Que la cercanía no implica debilidad. Y que se puede ejercer el poder sin renunciar a la capacidad de entender a quienes piensan diferente.
Murcia ya ha escrito una página de su historia al nombrar a su primera alcaldesa.
Ahora comienza algo mucho más importante.
Demostrar que otra forma de liderar es posible.
No una forma más blanda. No una forma más débil.
Una forma distinta.
Porque las ciudades no se transforman solo con grandes proyectos ni con discursos brillantes.
Se transforman cuando quienes las gobiernan son capaces de escuchar, decidir y asumir las consecuencias de sus decisiones.
Y si Rebeca Pérez consigue encontrar ese difícil equilibrio entre la cercanía y la autoridad, su mayor logro no será haber sido la primera alcaldesa de Murcia.
Será haber demostrado que el liderazgo más sólido no siempre es el que más ruido hace.
A veces es, sencillamente, el que consigue que una ciudad avance.
Isabel Martínez Conesa
Catedrática de la Universidad de Murcia y directora de la Cátedra Mujer Empresaria y Directiva