He escuchado esta mañana a Alba Flores cantar No dudaría en los Goya.
“He prometido ver la alegría… pero nunca, nunca más usar la violencia”.
Y luego:
“¡Viva Palestina libre!”.
Lo he escuchado después de ver, otra vez, las imágenes de Gaza. Los niños. Los hospitales.Los cuerpos tapados con mantas que parecen demasiado pequeñas. Y casi sin transición, las noticias sobre Irán. Otro ataque. Otra escalada. Otra explicación que intenta convertir el horror en algo inevitable, técnico, asumible.
Y entonces he pensado en anoche. Anoche salí de la Mamba y crucé el río. Morgan había tocado su último disco. Ese que no te levanta ni te promete que todo va a ir bien. Ese que habla más bien de seguir cuando ya no sabes ni por qué sigues. De aguantar porque no queda otra. Murcia estaba tranquila, casi callada, y el Segura parecía más oscuro de lo normal, con las farolas temblando en el agua como si alguien hubiera bajado el volumen de todo. En uno de los temas alguien gritó “¡otra!” antes de que terminara la canción. Nina se rió, con ese cansancio amable que tienen los músicos cuando están dentro de lo que están haciendo, y dijo:
“Dejadnos acabar”.
La cultura no sirve para escapar del mundo: sirve para que, cuando vuelvas a él al día siguiente, no puedas fingir que no sabes lo que está pasando"
Y siguieron tocando. No le di más vueltas entonces. Salí, crucé el río y me fui a casa con esa sensación rara que te deja la música cuando no te anima, pero te acompaña. Pero esta mañana sí. Porque mientras dentro de la Mamba alguien cantaba sobre no poder más, Gaza seguía bajo las bombas. Mientras la gente que venía conmigo salía a la puerta entre tema y tema, alguien en Teherán miraba al cielo. Mientras yo cruzaba el río, Cuba seguía siendo castigada por no aceptar el sitio que le dijeron que tenía que ocupar hace más de medio siglo. Nada se había detenido. Solo nosotros. Durante una hora y media. No dudaría no es una canción bonita. Es una canción cansada. Es alguien diciendo que ya ha visto lo suficiente como para saber que la violencia no arregla nada. Que solo deja más vacío detrás. Que seguir golpeando no cierra ninguna herida. Y por eso el grito de “¡otra!” antes de que termine la canción se parece tanto a todo lo demás. A esa incapacidad para parar. A esa necesidad de continuar aunque todo empeore. A esa lógica donde detenerse parece rendirse.
Hoy, escuchando a Alba Flores, he entendido algo que anoche no quería pensar. Que la cultura no sirve para escapar del mundo. Sirve para que, cuando vuelvas a él al día siguiente, no puedas fingir que no sabes lo que está pasando. Que cuando cruces el río de camino a casa, no puedas decir que no lo viste. Que cuando alguien diga “nunca más usar la violencia”, no suene a lema. Sino a cansancio.
A alguien que ya ha visto demasiado. Y que no usar la violencia no sea una frase, sino una forma de vida para toda la humanidad.
Ángel Luis Hernández
Secretario de Organozación de Podemos en la Región de Murcia