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Tribuna libre

De apuesta tecnológica a abandono institucional

Publicado: 14/01/2026 ·12:12
Actualizado: 14/01/2026 · 12:12
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A principios de los años 2000, la iniciativa nació con ambición. No fue una ocurrencia improvisada. Detrás había una alianza sólida entre empresas privadas, entidades financieras y administraciones públicas: MTorres, BMN, Banco Sabadell, el Instituto de Fomento (INFO), la patronal de Cartagena y la Cámara de Comercio. El objetivo era claro: atraer compañías tecnológicas, intensivas en conocimiento y ligadas a la investigación y el desarrollo.

Durante un tiempo, el proyecto ilusionó. No se trataba solo de urbanizar suelo, sino de crear un entorno con identidad propia, conectado con la universidad y orientado a la I+D+i. En el horizonte aparecían sectores como la biotecnología, la aeronáutica, la naval, la automoción, la microelectrónica o las tecnologías energéticas y medioambientales. La cercanía de la Universidad Politécnica de Cartagena reforzaba esa visión: talento, investigación y empresas podían convivir en un mismo ecosistema.

Pero esa ambición fue perdiendo fuerza hasta apagarse en 2017. Ese año, los socios del parque aceptaron la propuesta del INFO de liquidar la sociedad gestora al considerar que su misión —desarrollar la infraestructura— ya estaba cumplida. Con ese cierre administrativo se puso fin, de facto, a la etapa institucional del parque y también a su vocación como polo tecnológico.

Para amortiguar el golpe, el Gobierno regional anunció entonces que impulsaría una nueva fórmula de gestión, quizá una fundación o un modelo público-privado que liderara una segunda etapa. Se habló de revitalización, de proyectos de innovación, de transferencia de conocimiento. Pero los anuncios no pasaron del papel.

Hoy el panorama es nítido: el Parque Tecnológico de Fuente Álamo no tiene quien lo dirija como proyecto tecnológico. No existe una estrategia, ni un liderazgo claro, ni políticas activas para atraer talento o empresas innovadoras. Lo único que funciona es una entidad de conservación creada por las propias compañías instaladas, dedicada a tareas básicas como limpieza y mantenimiento. El INFO sigue siendo propietario del suelo, pero no actúa como gestor ni como dinamizador. Ese papel, sencillamente, quedó vacío.

Hoy el panorama es nítido: el Parque Tecnológico de Fuente Álamo no tiene quien lo dirija como proyecto tecnológico. No existe una estrategia, ni un liderazgo claro, ni políticas activas para atraer talento o empresas innovadoras. Lo único que funciona es una entidad de conservación creada por las propias compañías instaladas, dedicada a tareas básicas como limpieza y mantenimiento.

El resultado es un parque que ha ido perdiendo su identidad innovadora, aunque en su web aún se presente como tal. Un relato que ya no encaja con la realidad. La comparación con el Parque Científico de Murcia es inevitable: allí sí hay gestión, servicios, programas de apoyo, conexión con emprendedores y presencia en la red nacional de parques. En Fuente Álamo ocurre justo lo contrario. Sin capacidad para liderar proyectos de I+D, captar socios o canalizar ayudas, funciona hoy como un polígono industrial avanzado. Un dato lo resume todo: ni siquiera ya forma parte de la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España.

 

Murcia, a la cola en parques tecnológicos

Este caso local refleja una debilidad más amplia. En la mayor parte de España, los parques científicos y tecnológicos son piezas clave del desarrollo económico. Concentran innovación, generan empleo cualificado y atraen inversión europea. En la Región de Murcia, en cambio, el sistema aparece fragmentado y con poco peso.

Los números hablan por sí solos. Mientras en otras comunidades estos espacios acogen a cientos de empresas y miles de trabajadores, en Murcia apenas se alcanzan unas pocas decenas de compañías y unos cientos de empleos. La densidad empresarial y su facturación están muy por debajo de la media nacional. La innovación existe, pero dispersa, sin un motor que la articule.

No es casual que la OCDE sitúe a la Región como la comunidad menos productiva de España. Los expertos insisten en invertir más en educación y tecnología, pero también en algo igual de decisivo: contar con infraestructuras bien gestionadas que conviertan el conocimiento en actividad económica real.  La desaparición de la estructura gestora en Fuente Álamo ha debilitado esa capacidad de arrastre. Hay universidades técnicas de prestigio y talento,  pero falta un entorno sólido que conecte investigación, empresa e inversión.

Sin capacidad para liderar proyectos de I+D, captar socios o canalizar ayudas, funciona hoy como un polígono industrial avanzado. Un dato lo resume todo: ni siquiera ya forma parte de la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos de España.

 

Un abandono difícil de explicar

Lo ocurrido en Fuente Álamo es casi un caso único. No fue un proyecto fallido desde el inicio. Llegó a albergar alrededor de una treintena de empresas, una masa crítica suficiente para consolidarse. Sin embargo, hace nueve años la sociedad gestora fue disuelta y desde entonces el parque quedó huérfano de respaldo institucional.

En otros lugares, cuando un parque atraviesa dificultades, las administraciones lo reorientan o refuerzan. Aquí no ocurrió nada de eso: simplemente, se dejó caer. Y resulta aún más llamativo teniendo a veinte minutos a la Universidad Politécnica de Cartagena, una fuente directa de talento e innovación.

La suma de decisiones —o de ausencias— dibuja una anomalía: un parque en funcionamiento, sin gestor, sin estrategia, con una universidad tecnológica próxima y una administración que observa desde la distancia. Más que un fracaso técnico, es el reflejo de un abandono político y de una descoordinación institucional que ha costado a la región la pérdida de una oportunidad clave.

La pregunta es inevitable: ¿puede permitirse Murcia desperdiciar una infraestructura pensada para liderar su salto tecnológico? Por ahora, la respuesta no está en los hechos, sino en el silencio.

Más que un fracaso técnico, es el reflejo de un abandono político y de una descoordinación institucional que ha costado a la región la pérdida de una oportunidad clave.

Tres claves para cambiar el rumbo

Para dejar de ser una excepción negativa, los expertos señalan tres ideas básicas. La primera es recuperar una gestión profesional y estable, con dirección clara y estrategia a largo plazo.

La segunda pasa por conectar de verdad universidades y empresas, para que el conocimiento se transforme en proyectos reales.

Y la tercera consiste en apostar por la especialización, concentrándose en sectores donde la región ya tiene ventaja, como la agrotecnología, el agua, la energía o la defensa.

En resumen, la falta de una estructura institucional sólida ha limitado el papel de los parques científicos y tecnológicos como impulsores del desarrollo. La región tiene recursos y talento, pero sin una apuesta firme por espacios bien gestionados y orientados a la innovación, seguirá lejos de la media nacional en productividad, empleo cualificado y proyección económica.

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