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Tribuna libre

¿Cambios en la regulación de sostenibilidad? ¡Y qué más da ya!

Publicado: 28/02/2025 ·06:00
Actualizado: 28/02/2025 · 06:00
  • Úrsula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

La Comisión Europea proponer un primer paquete ‘ómnibus’ para rebajar la burocracia administrativa e incrementar la competitividad de las empresas de la UE. Entre las principales novedades, se modifican los criterios que establecen qué empresas están obligadas a elaborar informes de sostenibilidad -la cantidad de datos a reportar se puede reducir hasta en un 70%- y se propone posponer la obligatoriedad hasta 2 años para algunas empresas.

 

Si, otra vez cambia el marco regulatorio para las compañías y, muchas de ellas, no saben hacia donde deben caminar. Sin embargo, los que nos dedicamos a esto de la sostenibilidad desde hace unos cuantos años podemos intuir el porque de un cambio que ya hemos explicado unas cuantas veces.

 

Ha costado mucho que aquellos vinculados al mundo empresarial más tradicional entendieran lo que intuimos y por lo que apostamos desde el principio: que dentro de la estrategia de negocio de una compañía se iba a tener que incluir la necesidad de gestionar datos vinculados a aspectos medioambientales, sociales y de gobierno corporativo, que tienen o tendrán un impacto en la rentabilidad del negocio y, por lo tanto, en la viabilidad futura de la empresa.

 

He de reconocer que la apropiación en cierta manera del término sostenibilidad por parte del activismo medioambiental no ayudó mucho en los inicios. Tampoco ha contribuido la politización del discurso al respecto de la inversión con criterios ESG, vinculado al cambio climático y la descarbonización.

 

Y, aunque duela, genera cierto rechazo (en privado, claro), determinada asociación al respecto de prácticas de economía social cercanas a unos ideales políticos alejados de algunos principios del capitalismo y una economía, digamos, tradicional.

 

No negaré que nuestra intención y propósito es cambiar el mundo, somos así de ambiciosos. En cierta manera buscamos una satisfacción más allá del éxito empresarial, queremos conseguir que las empresas sean mejores, que sean más rentables, más resilientes a las crisis, que atraigan y fidelicen al talento, que tengan un menor impacto medioambiental y que tomen mejores decisiones.

 

Por desgracia, un gran número de empresas o, mejor dicho, las personas que las dirigen, hacen más caso a la obligación regulatoria que a entender los beneficios para su negocio con una mirada más allá del cortoplacismo. Y esto seguro que molesta a muchos, pero lo siento, lo constatamos día a día.

 

Aunque no me gusta nada generalizar porque es obvio que entre el blanco y el negro hay una amplia gama de grises,  las circunstancias que rodean a la empresa hacen que la gestión y el crecimiento sea una labor titánica. Y, como decía un jefe que tuve y del que aprendí bastante, “hay que sorber y soplar a la vez”, a lo que yo añado que también hay que silbar al tiempo que haces malabares en el aire con varias pelotitas a la pata coja y una venda en los ojos mientras llueve y hace viento.

 

Así, en lugar de hacer el esfuerzo de ver esto de la sostenibilidad corporativa como una oportunidad de identificar y gestionar riesgos, de generar información que permita la toma de decisiones estratégicas, de verlo con perspectiva económico/financiera, se ha enfocado en gran medida como “eso” que se encarga calidad, medioambiente o marketing. Y, en el mejor de los casos, se percibe como un mero cumplimento regulatorio que solo abordo cuándo “me toca” y percibiéndolo como que “me toca” las narices.

 

 

Los informes de sostenibilidad corporativa, los estándares europeos de reporting, la Directiva CSRD, el reglamento de Taxonomía, la Directiva de Diligencia Debida, antes el Estado de Información No Financiera, el cálculo de huella de carbono, todo lo relacionado con finanzas sostenibles, y un largo etcétera de cuestiones vinculadas a regulación de aspectos medioambientales y sociales no son más que algunas “palancas” que Europa ha elegido para impulsar a las empresas a evolucionar hacia modelos de negocio más sostenibles.

 

Podríamos debatir si el mal endémico de la burocracia y el exceso regulatorio europeo entorpece más o menos la evolución empresarial, pero no es el tema de hoy. Decreto Omnibus, Competitive Compass, menores exigencias para algunos, más tiempo para otros, ir más rápido en regulación, frenar y dar oxigeno a los menos buenos...¡¡qué más da!!

 

Vaya por delante que el principio de proporcionalidad siempre es clave. Cuándo algo es novedoso es bueno contar con cierto tiempo para abordarlo y la simplificación ayuda. Pero lo que no debe olvidarse es que la transparencia, la comparabilidad, y la consultabilidad de los datos vinculados a aspectos de sostenibilidad corporativa son imprescindibles para que el mercado impulse y premie aquellos que están cambiando y mejorando.

 

Esto es un camino que como en otros ámbitos, seguirá avanzando, cambiando, siendo más o menos exigente y que introducirá tecnología y digitalización para ser más eficiente. Hoy nadie pone el grito en el cielo por tener que reportar datos en un balance y cuenta de resultados que trasladen la solvencia financiera de la empresa. Por lo que tampoco debería incomodar reportar datos que pongan el foco en cómo se está consiguiendo esa solvencia.

 

Al igual que una buena gestión financiera permite a las empresas identificar y abordar aquello que no hacen bien, una buena gestión de datos vinculados a la sostenibilidad corporativa sirve para que las empresas cambien, evolucionen, mejoren en aspectos que hasta hace no mucho eran intangibles pero que ahora son una realidad.

Nadie duda de la necesidad de gestionar el posible impacto de los riesgos climáticos, de la necesidad de transición a procesos productivos con nuevos materiales,  de una mejor gestión de residuos,  de mejorar en cuanto a eficiencia energética o de caminar hacia la descarbonización.

 

Todo esto se puede ver desde la perspectiva del reporting regulatorio, pero parece más sensato hacerlo desde la perspectiva de una gestión estratégica de la empresa. Y que, la consecuencia final sea cumplir con aquello que me pida la regulación.

 

Porque, no se trata de hacer las cosas porque “toquen” sino porque es lo más inteligente.

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