MURCIA. El patrimonio de la huerta murciana recibe un nuevo respiro. La Comunidad ha decidido proteger de forma oficial los elementos que aún se conservan de la antigua noria de sangre junto al azarbe de la Landrona, en Torreagüera. Con este "blindaje", los propietarios están ahora obligados por ley a custodiar y proteger estas piezas, garantizando que no se deterioren más ni acaben destruidas por el paso del tiempo.
Lo más interesante de esta medida es que, al tratarse de piezas de maquinaria, la resolución permite que las ruedas metálicas puedan ser trasladadas y reubicadas en un lugar más seguro y adecuado. La idea es sacarlas del abandono actual para que sirvan como testimonio didáctico, permitiendo que vecinos y visitantes entiendan cómo se aprovechaba el agua en la huerta de Murcia hace siglos. Eso sí, cualquier movimiento o limpieza que se quiera hacer tendrá que pasar antes por el visto bueno de los técnicos de Patrimonio.
De la Murcia árabe a los años 60
Aunque hoy solo queden dos ruedas metálicas, estas piezas son el rastro de un sistema que funcionó en Murcia desde el siglo XII. Estas norias de sangre se movían gracias a la fuerza de un animal que, dando vueltas, conseguía elevar el agua para regar las parcelas que antes eran de secano.
Originalmente eran de madera y usaban cuerdas de esparto con cangilones de barro, pero con el tiempo se modernizaron con piezas de metal hasta que, a mediados de los años 60, los motores de gasóleo las dejaron definitivamente fuera de juego.
A día de hoy, lo que queda junto al azarbe de la Landrona son las dos grandes ruedas metálicas del engranaje. Con este blindaje oficial, se asegura que este ingenio medieval no se convierta en chatarra, sino que pase a formar parte de ese mapa de tesoros recuperados que Murcia está intentando poner en valor en sus pedanías.