Cartagena, una de las ciudades más antiguas y con mayor peso histórico del Mediterráneo occidental, sigue sin contar con un símbolo que otras ciudades españolas sí han sabido incorporar: la Loba Capitolina, emblema universal de Roma y de su legado. Y la pregunta es inevitable: ¿por qué Cartagena no la tiene?
En octubre de 2024, la concejal María Dolores Ruiz Álvarez presentó una moción en el Ayuntamiento de Cartagena para solicitar al gobierno italiano una réplica de la Loba Capitolina. La iniciativa no surgía de la nada: otras ciudades españolas con pasado romano ya cuentan con ella. Ruiz ha preguntado a lo largo de los años -la última ocasión en el pleno de marzo- y desde el equipo de Gobierno le insisten en que no hay novedades en ese sentido, o lo que es lo mismo, desde el Consistorio no se ha movido ficha.
Tarragona la recibió en 1970, Segovia en 1974 y Mérida en 1997. Todas ellas entendieron que no se trata solo de una escultura, sino de un símbolo de conexión directa con la historia de Roma. Cartagena, sin embargo, sigue esperando.
La Loba Capitolina no es un adorno urbano más. Es uno de los símbolos más potentes de la civilización occidental. Representa el mito fundacional de Roma: la loba que amamantó a Rómulo y Remo, los gemelos que darían origen a la ciudad eterna.
Pero su significado va mucho más allá del mito:
Es un símbolo de origen, identidad y poder político
Representa la expansión de Roma y su legado cultural
Funciona como un icono reconocible internacionalmente
Es una forma de proyectar prestigio histórico y turístico
En ciudades como Tarragona o Mérida, la loba no solo decora: refuerza el relato histórico y atrae atención cultural y turística. Cartagena, fundada como Qart Hadasht y posteriormente convertida en Carthago Nova, fue un enclave clave durante la Segunda Guerra Púnica. La conquista romana de la ciudad fue decisiva para el dominio del Mediterráneo occidental.
Cartagena no es una ciudad romana más. Es una ciudad clave en la victoria de Roma. Y aun así, no tiene uno de los símbolos más representativos de ese legado. Tener una Loba Capitolina en Cartagena supondría mucho más que añadir una escultura:
Reforzaría la marca histórica de Cartagena como ciudad romana
Serviría como punto de interés turístico reconocible
Potenciaría el relato del pasado romano en espacios como el Teatro Romano
Generaría un elemento icónico para visitantes y promoción internacional
En una ciudad que vive en gran parte de su patrimonio, cada símbolo cuenta. Y la ausencia de la loba es, en ese sentido, llamativa. No hay una respuesta oficial clara. Lo que sí hay es una realidad evidente:
La propuesta existe desde hace dos años; hay precedentes en otras ciudades, existe justificación histórica de sobra y, aun así, no se ha materializado ninguna gestión efectiva visible.
La cuestión no es si Cartagena necesita otra escultura. La cuestión es si quiere reivindicar su papel en la historia de Roma con un símbolo reconocible y potente.