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Hay pocas cosas capaces de unir en Cartagena a figuras tan enfrentadas política y personalmente como José López, Ana Belén Castejón, Pilar Barreiro y Noelia Arroyo. Pero la moción de censura impulsada por MC, PSOE, Sí Cartagena y los dos exconcejales de Vox lo ha conseguido. Los cuatro últimos alcaldes y exalcaldes de la ciudad han salido públicamente a rechazar una operación que consideran improvisada, inestable y nacida más de la ansiedad por el poder que de un proyecto sólido para el municipio. No lo dice este que escribe el artículo -que es deporte nacional encasillar al mensajero cuando no les gusta lo que dice- sino aquellos que han dirigido los destinos de este municipio a lo largo de este siglo XXI. Está claro que cada persona es muy libre de opinar lo que quiera y a lo largo de esta semana se han dado todo tipo de versiones, justificaciones y argumentos en un sentido o en otro. Se ha promovido una corriente a favor de la moción -principalmente en las redes sociales- y otra en contra impulsada por el Partido Popular.

Pero, por contra, los antes mencionados también han querido dar su visión en un momento trascendental de la legislatura, clave en el sino del municipio porque se puede quebrar el gobierno del Partido Popular por un conglomerado de siglas políticas y concejales no adscritos que quieren mostrar su versión de gobierno aunque sea solo durante un año.

Pero lo dicho y lo escrito es demoledor, porque Cartagena asiste a un hecho insólito: los cuatro últimos regidores de la ciudad coinciden, desde posiciones ideológicas opuestas y trayectorias irreconciliables, en cuestionar la viabilidad y la legitimidad política del pacto que pretende desalojar del Gobierno a Noelia Arroyo a menos de un año de las elecciones municipales.

La crítica más dura llegó de Ana Belén Castejón, exlíder del PSOE, del que fue expulsada tras pactar con el Partido Popular y Ciudadanos para gobernar la ciudad en 2019. La exalcaldesa socialista y una de las figuras clave en la creación de Sí Cartagena dinamitó públicamente la maniobra impulsada por su propio espacio político y definió el acuerdo como un “pacto Frankenstein”, “sin coherencia ideológica” y construido únicamente desde la “ansiedad por ocupar cargos”.

Castejón, que conoce como pocos las guerras internas de la izquierda cartagenera, fue especialmente contundente al advertir de que “en política no todo vale”. La exregidora considera que la moción llega “a destiempo”, sin reflexión colectiva y sin un proyecto común real detrás. “Cartagena necesita estabilidad, serenidad y gestión”, sostiene, rechazando convertir una moción de censura en “un simple reparto de sillones”.

Más explosiva todavía fue la reacción de José López. El fundador de MC, exalcalde y un azote del Partido Popular -que nadie se le olvide-, especialmente en la época de Pilar Barreiro acusó directamente a su partido de traicionar el proyecto cartagenerista por una operación de poder. Para López, la alianza con PSOE, Sí Cartagena y exediles de Vox constituye una “operación contra natura” que puede destruir la credibilidad del movimiento cartagenerista.

“El mayor error lo comete mi partido”, llegó a escribir el exlíder de MC, que alertó de que una alcaldía conseguida mediante esta operación podría costarle a MC “la confianza del cartagenerismo”. Incluso deslizó una durísima crítica personal contra el actual liderazgo del partido, al hablar de “un líder de desmesurado ego y ambición”.

Desde el otro extremo ideológico, Pilar Barreiro también mostró su rechazo a la moción, aunque con un tono más institucional. La histórica alcaldesa del PP evitó cuestionar la legitimidad democrática de la iniciativa en una entrevista en La Opinión, pero advirtió de las consecuencias de la inestabilidad política crónica que vive Cartagena desde hace una década.

“Las estabilidades de los gobiernos hacen crecer las ciudades”, defendió Barreiro, que lamentó que Cartagena encadene alcaldes y cambios de gobierno sin tiempo suficiente para consolidar grandes proyectos. “La gran perjudicada es Cartagena”, sentenció.

La actual alcaldesa, Noelia Arroyo, aprovechó precisamente esa coincidencia inédita para reforzar su discurso contra la moción. En un acto multitudinario organizado por el PP de Cartagena, Arroyo presumió de que “este pacto es tan disparatado que ha puesto de acuerdo a los cuatro últimos alcaldes de Cartagena”.

La regidora popular sostiene que la operación responde únicamente a “un cálculo electoral” y al “pánico” de PSOE y MC ante la posibilidad de llegar a las elecciones con un Gobierno municipal “que funciona, que invierte y que baja impuestos”. Según Arroyo, no existe detrás de la moción ningún modelo alternativo de ciudad, sino una simple “operación de supervivencia política”.

En el fondo, todos coinciden en una misma idea: la ausencia de un proyecto común reconocible. Castejón habla de “intereses incompatibles”; López denuncia “contradicciones ideológicas”; Barreiro alerta de la falta de estabilidad; y Arroyo insiste en que el pacto solo busca “bloquear Cartagena”. Cuatro diagnósticos distintos, pero una conclusión compartida: nadie ve un gobierno viable en una coalición formada por partidos que llevan años enfrentándose entre sí y que apenas tendrían diez meses para gobernar antes de volver a pasar por las urnas.

La paradoja es brutal. Cartagena vive una de las mayores crisis políticas de los últimos años y, al mismo tiempo, presencia algo casi imposible hasta ahora: que sus cuatro últimos alcaldes hablen prácticamente el mismo idioma.

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