En un Pleno para debatir y votar una moción de censura contra el Gobierno capitaneado por Noelia Arroyo, nos dio tiempo para ver el papel que cada uno representó en una larguísima sesión que estuvo a punto de no celebrarse si los políticos hubieran hecho caso a la secretaria Adelia Rodríguez. Le oí decir, explicar, sugerir y argumentar, al menos en cuatro ocasiones, que no debía celebrarse el Pleno porque no se cumplían los requisitos legales, después de que los concejales no adscritos Diego Salinas y Beatriz Sánchez del Álamo hubieran desistido de la iniciativa.
Pero la realidad era otra, porque los concejales, el público -que creía que asistiría a un entremés- y los medios de comunicación habíamos venido a otra cosa, y Adelia no podía aguar este espectáculo que llevábamos dos semanas anunciando. Tan claro tenía el Partido Popular que consideraba ilegal su celebración que luchó hasta el último aliento para que no se produjese, a pesar de tener los votos para derribar la moción.
Y ahí estaban Nacho Jáudenes (PP) y Enrique Pérez Abellán (MC), como integrantes de la mesa de edad que presidía la sesión extraordinaria, protagonizando una discusión que recordaba a la de un abuelo y un nieto durante una comida familiar, diciendo cada uno una cosa distinta. Que si hay que suspender; que si se sigue adelante; que déjame que ahora hablo yo; que vamos a mantener las formas y no me toques; que si es mi criterio porque soy mayor que tú... Y todo ello ante la estupefacta mirada de decenas de personas que no entendían nada: ni las explicaciones de la secretaria, ni el motivo por el que Pérez Abellán mantenía un pulso algo forzado con Jáudenes, ni cómo este no daba su brazo a torcer.
Hubo conversaciones que oímos y otras que no, pero durante ese tiempo el concejal de mayor edad, al que le quedan apenas once meses de vida política, se sintió visiblemente incómodo por la presión de propios y extraños, hasta el punto de pedir una solución porque no quería, ni podía, terminar su carrera política con este papelón.
Tuvo el edil que defender una postura, la de los concejales de la oposición, que le venía grande porque ni sabe de legislación ni era capaz de argumentar los motivos por los que discrepaba de la secretaria. De ahí que algunos vieran en sus palabras -"es mi criterio y sí se cumplen los requisitos para celebrar el Pleno"- ciertos visos de prevaricación. Así se comentó posteriormente, cuando la propia alcaldesa anunció que denunciaría la celebración del Pleno porque "defendemos cumplir y hacer cumplir la ley, y hoy se está cometiendo una ilegalidad en este pleno por intereses personales y sin fundamento. No queremos que se politice la mesa de edad; debe basarse solo en criterios jurídicos. Nadie tiene miedo; ganamos las elecciones y queremos seguir con nuestro programa de gobierno, aunque este pleno no debería celebrarse".

- -
En el lado contrario argumentaban mediante mensajes de WhatsApp enviados a los periodistas y sentencias que indicaban lo contrario. A la vez, subrayaban que «la LOREG regula cómo se presenta, se convoca, se debate y se vota una moción de censura, pero no contempla ningún trámite de retirada posterior de firma con efectos invalidantes. Además, la jurisprudencia sobre desistimiento confirma que el Pleno debe celebrarse y así lo hemos solicitado. A pesar de ello, han presionado al miembro de mayor edad de la mesa de una forma torticera, tratando de forzar una suspensión de la votación porque temían perderla. Ese es el espíritu democrático del Partido Popular», reiteró el portavoz municipal del PSOE, Manolo Torres.
"El transcurso de la sesión ha dejado para la historia un ridículo histórico y un intento de secuestro de la soberanía municipal sin precedentes, orquestado de forma unilateral por el Partido Popular para blindar a Noelia Arroyo, en el mayor episodio de corrupción política vivido en Cartagena", añadían desde MC Cartagena.
"A sabiendas de que iban a ganar, no querían pasar por una censura a la gestión; una censura que evidentemente suscribimos 16 concejales y que solo 10 no apoyan. Diecisiete de los 27 concejales de este ayuntamiento no están a favor de la continuidad de Noelia Arroyo", añadían desde el partido cartagenerista.
Al final, la moción murió como había nacido: envuelta en polémica, interpretaciones jurídicas enfrentadas y más preguntas que respuestas. El Gobierno siguió en pie, la oposición se marchó indignada, los abogados afilaron argumentos para los próximos capítulos judiciales y los cartageneros asistimos a una función difícil de catalogar. No fue una tragedia, porque nadie cayó. Tampoco una comedia, porque pocos se rieron. Quizá fue una de esas obras experimentales que nadie entiende del todo, pero que, al terminar, provocan el mismo comentario entre el público: "¿Y esto quién dijo que era buena idea?".