El aislamiento ferroviario en Cartagena es palmario; no debe haber partido político de color alguno que no vea como obvia la realidad a la que se enfrentan los vecinos y vecinas de la ciudad, que han de desplazarse en trayectos cortos, por ejemplo a Murcia, o en largos, a Madrid, para ver que la ciudad se ha convertido en un destino sin final.
El transporte de mercancías, cercanías, larga distancia y la prometida Alta Velocidad -¿alta velocidad?- suponen un enorme hándicap de comunicación, y cualquier noticia que llega suele ser otro jarro de agua fría a las pretensiones de una ciudad que, si bien ha sido capaz de abrirse turísticamente al resto del país, ve cómo el lastre en comunicación supone tres pasos atrás en cualquier pretensión desarrollista, tanto en materia económica como laboral.
Este obstáculo no solo limita los desplazamientos, sino que también frena el desarrollo económico y laboral de la ciudad. Cartagena ve cómo sus proyectos empresariales, industriales y logísticos sufren retrasos o incluso se paralizan ante la falta de conectividad fiable. La imposibilidad de trasladar productos, atraer inversión o consolidar empleo cualificado convierte la deficiencia ferroviaria en un freno estructural al crecimiento y a la competitividad local.
Por ello, el hecho de que a lo largo de esta misma semana se haya hecho público que la electrificación de la línea de ferrocarril con Chinchilla -interrumpida desde 2022- se vuelva a retrasar, pese a las promesas del Ministerio de Transportes de estar operativa en el pasado año, no hace más que echar leña al fuego de las vías que parten de la estación cartagenera.
El pasado jueves hubo frente común de todos los partidos políticos de la Corporación municipal al aprobarse por unanimidad la moción presentada por el edil del Gobierno Ignacio Jáudenes (PP) sobre la reapertura inmediata de la línea ferroviaria Madrid – Cartagena, exigiendo al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, a ADIF y a Renfe la reapertura inmediata del servicio ferroviario de viajeros en la línea Madrid- Cartagena por Chinchilla, con recuperación de los servicios de Media Distancia por el itinerario histórico en ancho ibérico y con paradas en los municipios del trazado.
Además, se exige un calendario oficial, con fechas concretas y compromisos por escrito, firmado por el Ministerio y ADIF, que incluya, fecha de disponibilidad operativa del tramo afectado y una programación mínima de frecuencias y paradas. 4. El Pleno solicita una reunión urgente con el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible y la Presidencia de ADIF, con presencia del Ayuntamiento de Cartagena y de los municipios afectados, para informar del estado real de las obras, del plan de reapertura y de las decisiones adoptadas para garantizar el servicio por Chinchilla.
Arroyo, alcaldesa de Cartagena, envió, en este sentido, una carta al Ministro para que dé explicaciones sobre el retraso y se comprometa con las fechas de la reapertura: “Puesto que ya vamos para cuatro años con la línea cerrada”, explicaba la máxima representante municipal de la ciudad.
“Queremos que sea un servicio de calidad, que haya frecuencias suficientes y, por supuesto, que los trenes sean modernos; que tengamos un servicio de calidad que nos conecte de nuevo con la capital de España y con el trazado tradicional pero electrificado, y estoy esperando la respuesta”. Pero mientras llega, o no, y como ha pasado con otros trenes en otros puntos de España, han pedido “la gratuidad incluso del servicio de cercanías entre Murcia y Cartagena, en tanto en cuanto no se ofreciese un servicio en condiciones digno y como merece un servicio público ferroviario para el municipio de Cartagena, porque es el único medio de transporte y con continuas averías, con un servicio que está obsoleto y lo sufrimos todos los cartageneros y también quienes se desplazan hasta nuestra ciudad porque tengan que trabajar o estudiar”.
Bueno, esa es la versión y la argumentación municipal, algo en lo que, al parecer, no está de acuerdo el Partido Socialista, el otro lado de la moneda. Y así lo ha manifestado el propio delegado del Gobierno, que trata de salir al paso ante una pública evidencia: “De verdad que ya no conocemos límites a la demagogia y al populismo del Partido Popular”, respondía Francisco Lucas, quien aseguró que “quien condenó y quien desmanteló la línea Cartagena-Chinchilla fue el PP cuando pactó la llegada de la alta velocidad por Alicante”.
Se atrevió a anunciar Lucas que el Gobierno socialista de Pedro Sánchez “no solo no desmantela la línea, sino que vuelve a dotarla de servicio”, y ha recordado que actualmente la línea está en obras, previstas para concluir a finales de este año.
Mientras tanto, la ciudadanía y el tejido empresarial de Cartagena permanecen a la espera de soluciones concretas, con la sensación de que cada nuevo retraso ahonda la brecha con otras regiones mejor comunicadas. La prolongada inacción no solo erosiona la confianza en las instituciones, sino que también amenaza con frenar el crecimiento local, limitar la creación de empleo y reducir la capacidad de la ciudad para competir en un entorno económico cada vez más exigente. La ciudad corre el riesgo de que sus proyectos estratégicos queden estancados, perpetuando un retraso estructural que afecta a todos los sectores.