jamie foxx, john boyega y teyonah parris en una comedia de intriga 'blaxploitation'

'El clon de Tyrone': un camello, un chulo y una prostituta en el blockbuster del verano en Netflix

21/08/2023 - 

ALICANTE. Jamie Foxx, que tiene un Oscar al Mejor Actor por su papel en el biopic de 2005 'Ray', y que con 'Collateral' (2004) ya fue nominado al Mejor Actor de Reparto por llevar a un Tom Cruise peliblanco de crimen en crimen, tiene ya poco que demostrar. Quizá por eso el 'nuevo Denzel Washington' ha abrazado últimamente sin complejos el cine más comercial y palomitero, incluso recuperando la vis cómica con la que se dio a conocer como humorista (y músico de R&B) antes de protagonizar peliculones. 

Siguiendo los pasos de Adam Sandler (aunque en el caso de Foxx no consta que tenga un contrato a largo plazo firmado), sus últimos pelotazos han sido producidos y, por tanto, estrenados en exclusiva por Netflix. Es decir, no llenan salas de cine, pero sí sofás. Habitualmente, sin mantita, porque vienen a estrenarse en fechas en las que en el Hemisferio Norte es más recomendable tener encendido el aire acondicionado que arroparse. En 2022 protagonizó 'Turno de día' con aspiración de blockbuster veraniego (probablemente habrá secuela), y en 2023 ha repetido con 'El clon de Tyrone'.

Tratándose de películas muy distintas, ambas comparten el ser tremendamente efectivas en su categoría, sin haber inventado nada (hay mucho de autoconsciencia en sus desarrollos, que se toman a chufla a sí mismos), y ser por tanto una estupenda opción para pasar dos horas muy agradables y luego pulsar el botón 'atrás' del mando con una sonrisa. 

Un chiste lleno de estereotipos

Claro que 'El clon de Tyrone' no sería tan efectiva sin el carisma de Foxx (multiplicado hasta el infinito en la versión española por la voz de Juan Antonio Bernal, a quien han escuchado también como Jason Statham o Robert Downey Jr), pero en este caso, además, el oscarizado actor cuenta con el respaldo de un fantástico e irreconocible John Boyega (Finn en la nueva trilogía de 'Star Wars'), auténtico eje de la historia, y de Teyonah Parris ('Mad Men' o, más recientemente, el remake de 'Candyman'), que interpreta al personaje más interesante de los tres. 

El trío, dirigido por Juel Taylor (inédito hasta ahora en el cine y más habituado a escribir guiones o dirigir series) con guion del propio Taylor y Tony Rettenmaier, protagoniza una historia que mezcla la comedia de acción, la intriga, la ciencia ficción y la crítica social, con un fuerte aroma a 'blaxploitation'. De hecho, la cinta, en la que apenas se ve un personaje blanco (Kiefer Sutherland, que además es 'el malo' y que también derrocha carisma en unos pocos minutos), es una intencionada colección de clichés y estereotipos afroamericanos, empezando por los protagonistas: un camello con dientes de oro que vende coca y defiende su territorio a tiros (Boyega), un chulo blandengue que parece sacado de un capítulo de Starsky y Hutch (Foxx) y una prostituta ilustrada que sueña con salir de su barrio para irse a vivir a Memphis invirtiendo en blockchain (Parris). 

Crítica social al servicio de la historia

La cinta, además de un buen guion que maneja con acierto los giros hasta el final (la suspensión de la incredulidad que requiere la historia es de las altas), y de la química en pantalla de su trío protagonista (con una docena de deliciosos momentos absurdos a lo largo del metraje y Foxx disparando chascarrillos y poniendo caras en plan Eddie Murphy cuando tenía gracia), cuenta a su favor con una puesta en escena muy cuidada que aúna sin estridencias la estética setentera de sus personajes y la presencia de móviles. Todos en la historia son un estereotipo, individual o colectivo, incluido el gheto en el que viven, y esto tiene una poderosa razón de ser. 

Sin dar muchas pistas más allá de la que viene en el título (también en su versión original), la parte 'seria' de la historia recuerda vagamente a 'El show de Truman' (1998) y, en algún aspecto, a la fantástica 'Déjame salir' de Jordan Peele (2017), y hará las delicias de los conspiranoicos. El componente racial, desde la óptica puramente social y no tanto ideológica, tiene su peso, claro. La película no renuncia a la crítica social, pero esta no es (afortunadamente, porque estaríamos hablando de otra cinta) el motor de un relato que avanza de forma orgánica y perfectamente engrasada hasta el sorprendente final donde conoceremos a Tyrone.

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