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EL GATO EN LA TALEGA / OPINIÓN

Cultura frente a la cobardía del olvido

22/02/2022 - 

MURCIA. Creo en las apuestas por la cultura y la tradición de cada lugar como un motor frente al olvido. Y, es más, como una innovación de futuro que puede ayudar a proteger del abandono de un lugar, un modo de vida, un ecosistema, y generar también beneficios materiales.

"De su rica belleza pasamos al sentimiento de dolor, al grito desesperado, a los hechos y amenazas, a las señales y los resultados"

Digo esto porque el pasado sábado asistí a la inauguración de la exposición Mar de Todos organizada por el Ayuntamiento de Los Alcázares y coordinada por Lola Gracia con 16 artistas relevantes de las artes plásticas de nuestra Región. El motivo: apostar por la cultura vinculada al Mar Menor. En ella podemos ver desde la mirada de sus autores y autoras el Mar Menor de diferente modo. De su rica belleza pasamos al sentimiento de dolor, al grito desesperado, a los hechos y amenazas, a las señales y los resultados. Ante cada cuadro una puede saber, reconociendo la realidad y recogiendo el mensaje depositado. No pude sustraerme a la sensación de amenaza consumada en su deterioro, a los gritos que, a través de pinceladas, rompen el espacio sin dejar de mostrar su singularidad. Observando en silencio es posible sentir cómo se extiende la conexión entre personas ante un desafío imposible de obviar.

Apuestas así honran la memoria, pero también construyen un presente y un futuro. Las actividades culturales que se nutren de la raíz del lugar o lo vinculan al resto del mundo generan latidos, y son por sí mismas una oportunidad de crecimiento que produce beneficios en la calidad de vida de una población impactada junto a su ecosistema. Precisamente ahora que la población española ha mirado con mayor nitidez, aunque aún no la suficiente, hacia la España vaciada, podemos encontrar en ella iniciativas culturales como motor para el desarrollo y la supervivencia. En algunas incluso han obrado milagros de recuperación.

Pero es necesario hacer mucho más. La recuperación y resiliencia que todos intentamos tras pasar lo peor conocido hasta hoy de la pandemia como algo nuevo se ha venido instalando permanentemente en los pueblos de esa España vaciada. La incapacidad para crear empleo e innovar en estas zonas se ha traducido en abandono. La mirada de la Administración Pública se ha concentrado en los mismos lugares que la de la empresa privada y ambas, se han ido olvidando de una población resistente en pueblos semivacíos, mermada por la edad y las carencias, que apenas tiene voz.

No hablo por hablar, paso el tiempo que mi trabajo me permite en una pequeña localidad leonesa. Sé bien de las pérdidas de servicios, sean médicos o de transporte por citar lo más esencial, del envejecimiento de la población residente de forma permanente y su dificultad para desplazarse, e incluso de la deficiente cobertura. Pero allí hay un espíritu forjado ante la adversidad de un clima frío, de una escasa comodidad, de una Naturaleza incontestable que abraza en enormes distancias. Desde la caja tonta este mismo sábado, desde un pueblo semiolvidado, un señor mayor, junto a la lumbre de su hogar con su compañera de vida al lado, narraba la epopeya que suponía simplemente solicitar una cita médica una vez desaparecida la asistencia primaria ubicada en su localidad y ante ello decía con las manos derrotadas en su regazo, entre otras cosas, sentirse cobarde. Me quedé impactada y aún me revuelvo. Cobarde alguien que día a día lucha contra los elementos y una sociedad desalmada, cobarde por resistir donde nació, sobreviviendo de puntillas, legando vida. Cobardes aquellos que cultivan el olvido de quienes te dan ejemplo. Los que permiten que mueran los lugares por abandono o por destrucción, y con ellos sus personas.

¿Qué nos hace revelarnos ante la injusticia? ¿Por qué cuando se trata de pérdidas propias y esenciales estamos tan agotados que no proceden manifestaciones similares a las de los bandos de un partido político que miran de lejos? ¿Es quizá el lenguaje económico, para variar, el que actúa de motor para gritar virulentamente las tendencias de cada cual? Cuando son las personas las que padecen, al dolor se suma un estupor que nos convierte en espectadores de nuestro propio drama.

En el Mar Menor también hemos ido despidiendo lugares y vivencias. Por eso es tan importante trabajar por conservar su realidad, generar tejido cultural vinculado, no para tenerlo de recuerdo en un futuro, sino para construir con él nuevas oportunidades. El olvido es de cobardes; aquí lo que necesitamos son valientes. Vayan mostrándose.    

Celia Martínez Mora

Investigadora

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