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COMO AYER / OPINIÓN

Bibliotecas en los jardines de Murcia (a dos años del centenario del Día del Libro)

18/04/2024 - 

MURCIA. Nos aproximamos a la anual conmemoración del Día del Libro, el próximo 23 de abril, de igual modo que nos acercamos al primer centenario de su institución en España, que tuvo lugar por un Real Decreto de 6 de febrero de 1926, reinando Alfonso XIII, que señaló dicha fiesta para el día 7 de octubre de cada año, por entender que en esa fecha del año 1548 tuvo lugar el nacimiento en Alcalá de Henares del gran genio de las letras Miguel de Cervantes. Unos años después, en 1930, se cambió el día del nacimiento por el del fallecimiento, y el otoño por la primavera.

La norma establecía la celebración durante la jornada en Reales Academias y las Universidades e Institutos sesiones solemnes dedicadas a ensalzar y divulgar el libro español; en todas las escuelas especiales, sesión pública, dedicada al libro español y particularmente a conferencias sobre bibliografía de las especialidades correspondientes; en las Escuelas Nacionales, una hora, por lo menos, a la explicación de la importancia del libro español y a la lectura de fragmentos de obras destacadas; en todos los establecimientos de enseñanza particular, una fiesta adecuada…

"la prensa conservadora advertía en 1926 sobre a necesidad de poner en manos del pueblo libros que cumplan un fin de elevación"

También se señalaba que las bibliotecas oficiales y las de los centros e instituciones de enseñanza deberían dar ingreso en ese día a nuevos volúmenes; y deberían crear las Diputaciones Provinciales y los Ayuntamientos bibliotecas populares; y también se señalaban los descuentos en las ventas de libros, o la creación de premios periodísticos, y por el denominado entonces Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes un premio especial destinado a la obra de mayor interés científico, cultural o literario que se publicara cada año.

A los efectos murcianos, esto se tradujo, en octubre de 1926, en la instalación de una biblioteca en la plaza de Santo Domingo, no sin advertencias previas, por parte de la prensa más conservadora, sobre la necesidad  de poner en manos del pueblo libros que cumplan "un fin de elevación", y no "de perdición".  

Lo cierto es que unos días antes de la celebración del primer Día del Libro Español estaba colocada la biblioteca en su sitio, y no era cualquier cosa la novedad, pues Murcia había carecido hasta ese momento de una biblioteca pública que facilitase el acceso de todos, y sobre todo de las clases populares, a la lectura y a la cultura.

El diario El Liberal, que aplaudía la noticia, hacía votos porque se instalara otra en el parque de Ruiz Hidalgo, a orillas del Segura, lugar de esparcimiento por excelencia en aquellos años, pero a la vez se preguntaba si el nuevo establecimiento contaría con usuarios.

En la misma página se anunciaba que el día de San Francisco de Asís, 4 de octubre, sólo tres antes del Día del Libro, se inauguraría, a sólo unos metros de la flamante biblioteca, el monumento dedicado a Ricardo Codorniú, el llamado 'apóstol del árbol', realizado por el escultor murciano José Planes.

El 7 de octubre se llenó de actos de homenaje al libro, pero el más sonado, por su significado y por ser en un espacio abierto, fue el de Santo Domingo. Autoridades, alumnos de las escuelas públicas y un "numeroso gentío", en palabras del cronista. La tan nombrada biblioteca no era sino un quiosco, "una construcción en ladrillo descubierto de severo y exquisito gusto", en la descripción esgrimida, de la que da fe la imagen que se adjunta a estos ayeres.

"en 1928 se acordaron aquellas pequeñas bibliotecas que ilustraban espacios ajardinados en Santa Isabel con el nombre del poeta Pedro Jara Carrillo"

La relación de oradores fue larga y distinguida: el maestro nacional Jerónimo Ramírez; el profesor de Derecho Administrativo Recaredo Fernández de Velasco, efímero rector por un año entre 1929 y 1930; el presidente de la Diputación, José Ibáñez Martín, futuro ministro de Educación durante el régimen de Franco; el histórico rector José Loustau; el vicesecretario del Obispado, Antonio Fernández Nistal; cerrando el acto el gobernador civil interino, Manuel Fernández Reyes; y el alcalde, Francisco Martínez García, director de La Verdad durante una docena de años.

Hubo otras celebraciones, de corte académico, pero la que tuvo lugar en la antigua plaza del Mercado arrojó como balance la puesta en marcha de aquella mínima biblioteca municipal, que contaba como sala de lectura con los bancos del jardín, bajo la pétrea mirada de San Vicente Ferrer, asomado a su balconcillo de la fachada de Santo Domingo.

No fue la última vez. Al contrario, sentó un grato antecedente, ya que un año más tarde, con ocasión del Día del Libro de 1927, llegó el turno de una segunda biblioteca municipal en el jardín de Floridablanca, a la que se bautizó con el nombre del ilustre escritor y diplomático murciano Saavedra Fajardo.

Para no romper la buena costumbre iniciada con el primer Día del Libro, en sesión municipal de finales de agosto de 1928 se acordó instalar otra de aquellas pequeñas bibliotecas que ilustraban espacios ajardinados en Santa Isabel, y darle el nombre del poeta murciano Pedro Jara Carrillo, que había fallecido en vísperas de la conmemoración literaria del año anterior.

Durante el verano de 1929, desde las páginas de Levante Agrario, diario que había apostado fuerte por las bibliotecas públicas, pedía el poeta Ángel Vergel, en un extenso reportaje sobre jardines y monumentos, que se restaurara el dedicado a Salzillo en Santa Eulalia, se desplazara la fuente que en él había y se habilitara un jardincillo en su rededor, que incluyera una nueva biblioteca dedicada, precisamente, al escultor murciano. Esta vez no vio cumplidos sus propósitos.

Puestos a pedir, rogaba Vergel al Ayuntamiento que tuviera abiertas estas las bibliotecas a la hora en que más se precisaban, "puesto que sus lectores son en su mayoría gente trabajadora que no dispone de otras horas en que ir a leer que aquellas en que se cierran habitualmente. Además, los domingos, por mañana y tarde, y siempre mientras la luz permita leer, deben estar abiertas al público". Lo que prueba que la petición de horarios amplios y adecuados para los lugares de lectura es una vieja demanda.   


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