AL OTRO LADO DE LA COLINA / OPINIÓN

Biden, ¿la gran esperanza blanca?

Foto: EUROPA PRESS

Acabamos de iniciar un año en el que parece que estemos sentados en una montaña rusa llena de sorpresas 

23/01/2021 - 

MURCIA. La vida política está tan radicalizada, tan belicosa, que en demasiadas ocasiones le es aplicable lo dicho por el griego Esquilo, hace unos 2.500 años, "La  verdad es la primera víctima de la guerra"; lo ocurrido en los Estados Unidos de América es un buen ejemplo.

Porque claro si al público en general se le pregunta por las mentiras, las medio verdades y las fakes en política, a la mayoría le vendría a la cabeza el ya expresidente Donald Trump, pero no ha sido el único, aunque sí el más ruidoso, fabricante de esas fakes. Lo ocurrido en la toma de posesión del ya 46º presidente USA, Joe Biden, es otro ejemplo, de cómo usar la verdad para neutralizar a tus oponentes políticos, eso sí, gracias a contar con todo el apoyo de los mass media y grandes grupos económicos.

No sólo es suficiente desalojar al contrario de la Casa Blanca, sino hay que estigmatizarlo para retirarle sus derechos políticos y civiles, y así evitar que se vuelva a presentar a las siguientes elecciones. Y el caso norteamericano se presenta propicio, porque lo ocurrido el día de Reyes del 2021 en el Capitolio de Washington, si no fuera por el significado de que es la sede de la Soberanía Popular USA, sería un caso cuasi folclórico a estudiar en los centros y escuelas de Seguridad, por mala planificación y ejecución en un dispositivo de orden público, y aquí es donde surgen las dudas.

Donald Trump. Foto: EUROPA PRESS

Y ojo no digo que se deje impune a Trump de lo ocurrido ese día, las acciones penales deben actuar con toda la contundencia del Estado de Derecho posible, para dirimir todas las responsabilidades del asalto. Sino que en un principio, y con trazo grueso, el impeachment es un juicio político con el objetivo de destituir a un alto cargo de la Administración Norteamérica, y en este caso Trump ya no es el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, por lo que el juicio más que buscar la justicia parece que busque venganza, en contradicción con el mensaje de necesaria reconciliación de la vida política en los USA utilizado en el discurso de investidura de Biden. E insisto está también la vía penal para que pague por sus pecados de incontinencia verbal con fatales consecuencias.

Porque claro, si con esta medida se quiere evitar que se vuelva a presentar, o eso es lo que se manifiesta abiertamente (sería una demostración de debilidad), es una manera muy eficaz de mantener a los adeptos y seguidores de Trump exaltados, y así propiciar la escisión del partido republicano creándose otro partido, pues ya Trump ha hablado de crear el Partido Patriota, por lo que sería un éxito de los demócratas la aplicación de la máxima clásica de Julio César -Divide et Impera- divide y vencerás. Porque si en España hay mucho debate sobre la división del voto en el centro, centro derecha y derecha entre dos o tres marcas, y la imposibilidad de volver a gobernar de esa parte del espectro político español, en el caso norteamericano no hay debate ni discusión: si el partido republicano se escindiera en dos le dejaría al partido demócrata largos años y legislaturas de Gobierno. 

Dentro de esta trampa diabólica para el espectro conservador del electorado americano, está también la corriente de opinión, que con mucho éxito llama a lo ocurrido golpe de Estado. Y es exitoso porque a muchas partes, casi todas e incluso contrarías, del arco político les interesa esa denominación; al centro izquierda-izquierda radical (que ha empujado a la victoria de Biden) le viene bien como manera de ahondar en la división de sus oponentes siguiendo el razonamiento anterior de demonizarlos; a los moderados del partido Republicano usan y acusan de golpe de estado a esa parte exaltada del partido para expulsarlos del mismo, actuando de forma cuasi pusilánime, pues un golpe de Estado es algo muchísimo más doloroso, serio y organizado que ver a un individuo a modo de Toro Sentado en la mesa presidencial del Capitolio; y a los participantes en el asalto les interesa y satisface pues les da una capacidad y potencia que jamás hubieran soñado en alcanzar.

Foto: EFE

Otro de los elementos curiosos en el relevo de la presidencia americana ha sido los gestos del presidente Biden haciendo exhibición de convicciones religiosas. No debe DE pasar desapercibido como participó en un servicio religioso católico, justo antes del juramento, e introdujo citas religiosas como la de San Agustín en su discurso; pero no tuvo ninguna reacción cuando Black Lives Matter y Antifa atacaban la simbología y cultura cristiana de los hispanos, por cierto un grupo importante de sus votantes, con el derribo de estatuas, como la de San Junípero Serra. Tampoco su oposición a la política de Trump, en defensa de políticas en favor de la vida en línea con lo que dispone el Vaticano, parecería una posición muy pro católica que parece ahora querer transmitir, algunos recordarán el dicho de dime de que alardeas y te diré de lo que careces. Como cuando, desde los medios, mayoritariamente pro demócratas, acusaban de los casi 80 indultos dictados por Trump el último día, cuando Barack Hussein Obama II en su último día dictó más de 200 indultos, a esto también se le llama la ley del embudo.

Otro de los hechos que hemos podido ver, y es otro ejemplo de la crisis de la República (como le ocurrió a Roma) que ya les comenté en un anterior artículo, ha sido cómo el presidente Biden nada más tomar el cargo, de forma más rápida y contundente que otros presidentes, ha firmado un gran número de Órdenes Ejecutivas (decretos presidenciales ejecutivos), en algún caso enmendando indirectamente políticas sobre expulsiones y el muro con México de presidentes demócratas como Obama o Bill Clinton. Un ejemplo más de cómo a medida que los años pasan para la república norteamericana, el ejecutivo, el poder presidencial va ganando importancia respecto del poder legislativo de las cámaras, con un complejo funcionamiento (tanto el Senado como la Cámara de Representantes) y que en algunos casos pueden bloquearse por el ejercicio del filibusterismo de su miembros.

Barack Obama. Foto: EUROPA PRESS

Muchos gustan usar la política USA para tapar sus propias vergüenzas, presentando una imagen desastrosa de ellos, cuando sus datos son todo lo contrario, por lo menos si los comparamos con los nuestros. La tasa de paro en aquel país está en torno un 6% y en España del 17% (además de los ERTE), o los datos bursátiles pues en los USA está en máximos históricos, mientras que nosotros sufrimos por mantener los 8.000 puntos prácticamente un 50 % de nuestro máximo, e incluso en los datos de la pandemia en la comparativa nos aventajan, están mejor que nosotros, partiendo de los datos gubernamentales, y si usamos los datos oficiales del INE, nos ganan por goleada, tienen menos muertos en proporción que nosotros.

En fin, en este inicio de la administración americana de Biden nos jugamos mucho todos los occidentales, aunque viendo la historia debemos de tomar perspectiva, y no  desesperar. Recordemos que la civilización construida por los Estados e Imperios Europeos, cuna de Occidente, como fueron en su momento las polis y reinos griegos, se desarrolló hasta límites insospechados en los USA, como lo fue Roma respecto a Grecia en su tiempo, y no olvidemos que para cuando cayó en decadencia el Imperio y Roma fue conquistada por los barbaros, de nuevo Grecia recogió el testigo civilizador durante otro milenio en torno a la segunda Roma, Constantinopla.

En estos momentos si Biden quiere volver a unir su país, gran objetivo de su mandato, debe centrar el debate, y buscar la defensa del interés general de la nación frente a los intereses particulares de las minorías, entre las que ya están los WASP (blanco anglosajón y protestante) de Wall Street, que tanto han apoyado al ya presidente Biden para alcanzar el éxito. Como dice mi amigo el Marqués de Foyos, para polarizar la política hacen falta dos.

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