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entrevista

Susana Ye: "Con la escritura no supero nada, solo expreso"

6/02/2024 - 

MURCIA. Susana Ye ha plantado un poemario en un lugar que se creía tierra de nadie, pero en el que poco a poco van haciéndose hueco a codazos algunas voces: la de la narración de las mujeres racializadas en España. Transhumante en arenas movedizas es el relato de una familia migrante económica china, y de la segunda familia obrera española con la que creció; pero también la determinación de una mujer que ha encontrado también cómo escapar de las losas culturales y las expectativas y de la búsqueda de la identidad en aquello esencial en la que no opera eso, como el amor o el sexo. Susana Ye atiende las preguntas de Culturplaza.

- En la primera parte del libro, que es en la que continuamente estás hablando de tus dos familias, de las raíces, se nota cierta herida heredada. A través de este poemario, ¿has intentado superarla, curarla, o simplemente poner sobre la mesa algo irresoluble?

- ¡Hablar en términos absolutos con la de años que quedan por delante es muy atrevido con conmigo misma como autora! Y como persona, yo me rijo por el nunca digas nunca y no pongo la mano en el fuego ni siquiera por mí misma. Yo creo que escribir es una manera de expresar, no necesariamente de curar. Entiendo que desde fuera, cuando cuando se abordan temas tan íntimos para la autora, se pueda ver como un ejercicio de superación. Yo no creo que las vivencias se superen, yo creo que lo que se hace sobre todo desde la literatura es darles espacio.

Ahora bien, que eso lleve a una superación… Creo que es como crear una especie de de discurso de relato de casi bélico. Lo que es importe es que la mayoría de literatura que te llega no refleja historias diversas ni circunstancias que no sean normativas. Eso no quiere decir que sea mala literatura, no tiro piedras contra lo que se consideran clásicos, sino que lo que creo que es interesante a la hora de de escribir como autoras es plantear que hay muchas más historias por descubrir y hay muchas más historias que merecen el espacio de un libro. Y si no hay historias o autoras que reflejen esas historias no significa que no existan, sino que hay una cierta barrera.

Foto: PALOMA CHEN

- La precariedad y la conciencia de clase está muy presente en el libro. El choque cultural, el ver de cerca la realidad de la relación con el trabajo de muchas familias de la diáspora china, ¿ha sido la puerta de entrada para ti para esa conciencia de clase?

- En mi caso, la conciencia de clase y el abordar temas del del mercado laboral de una manera muy y no buscada me ha ido ayudando a percatarme de, como dices tú, la de la configuración de de la estructura familiar y del hecho de que mis constelaciones familiares no dejan de estar inscritas en en unos límites impuestos muy definidos que crean una psique y una personalidad.

Sí que creo que, en mi caso, ha determinado la manera en la que me he configurado como adulta funcional, de sentir lo que espera de mi la sociedad y el sistema. Ahí te vas relacionando (afortunadamente) con personas de otros contextos y te vas percatando de que hay otras maneras posibles y detectas cuáles son los rasgos de personalidad de cada una de estas familias. Yo he crecido en una familia china migrante económica, y en una familia española obrera blanca. Cuando entras en contacto con personas de distintos contextos y clases sociales, te vas percatando de las fortalezas, pero también de las carencias que tú misma has ido teniendo a lo largo de tu crianza y de tu educación. 

A mí la conciencia de clase me ha llevado también a una conciencia de hija. Y eso ha hecho que que haga un ejercicio de entender primero lo que tengo en casa para entender mejor por qué hay ciertas presiones que soportamos muchas veces las mujeres racializadas. 

- En esa primera parte del libro, percibo continuamente que tienes la sensación de estar escapando de esas expectativas o de unas losas culturales. ¿Tienes esa sensación?

- Sí creo que hay una tendencia la huida, y es una tendencia inconsciente casi siempre, no es algo elegido. Creo que las personas que somos creativas normalmente somos altamente sensitivas. Somos como antenas parabólicas y recibimos todo tipo de señales y de información emocional en nuestro entorno. ¿Qué ocurre? Que muchas veces la generación millennial muchas veces estamos muchísimo más educadas a nivel emocional que nuestros adultos. Cuando en mi entorno hay una emoción muy agitada, tener esa mirada poética, ese prestar atención, te puede generar una especie de sobrecarga bastante importante.

Hay una tendencia a huir por saturación de todos esos estímulos emocionales que hay en mi entorno, en los que soy receptora pero no puedo asumir el acto de de dirigir esas emociones. Cuando escribo no huyo, es todo lo contrario. En la vida no-literaria solo puedo recibir y no puedo intervenir; en la escritura más bien recibo todo eso pero lo canalizo, y dejo que esa emoción me atraviese de arriba abajo, y busco la belleza de esa emoción porque creo que, sobre todo, hasta hace relativamente poco, la sociedad le tenía mucho miedo a las emociones negativas.

- A veces te pones en la piel de personajes de la cultura pop y de lecturas tuyas. En un verso tuyo  dices “Incendiaremos nuestra memoria para hacer historia”. ¿Quién es ese nosotras que invocas?

- Mi lectura de esa frase que he escrito es un nosotras abierto para quien se sienta conectada con el poema, pero sí que es cierto que yo considero que soy muy consciente de todos los prejuicios y sesgos que existen en en la sociedad. Así que es un nosotras que apela mucho a las mujeres de ascendencia asiática, porque creo que hemos sido interpretadas como personas muy pasivas. Apela tanto a la amplia gama de mujeres de ascendencia asiática, como adoptantes, como interraciales, como mujeres que han venido aquí por trabajo… Apelo a todas ellas pero es un nosotras también muy abierto porque creo que toda conciencia social es en colectivo (y cuando digo en colectivo, lo digo en su vertiente más aspiracional). Al final, si prestas atención, te das cuenta de que las opresiones no nos tocan solo a una, nos tocan a todas y en varios niveles. 

- El poemario no habla solo de tus raíces y de tu condición racializada, sino que también abres una ventana a temas como la crítica al amor romántico o el sexo.

- Cuando me puse a reunir todo el material escrito, tenía una idea de los temas pero no de la estructura. El tema del deseo, de las relaciones no solo familiares, de la relación de las mujeres con nuestro propio cuerpo… A mí me resulta muy natural crear una especie de viaje entre distintos escenarios metafóricos, y algunos de los que me atraviesan son el cuerpo y el deseo.

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