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el rincón de pensar / OPINIÓN

Soberanamente bobos (con perdón)

Foto: EDUARDO PARRA (EP)
30/10/2023 - 

MURCIA. Quizá recordemos de nuestra infancia alguno de los cuentos de Hans Christian Andersen, ese magnífico escritor y poeta danés del siglo XIX que ha acompañado las primeras letras y las primeras enseñanzas de tantas personas.

Por citar alguno de los más famosos, suyos son El patito feo o a La sirenita. De esta última hace unos meses se ha estrenado la enésima versión, esta vez dirigida por Rob Marshall y con un presupuesto de 250 millones de dólares.

Pero hoy quiero hacer unas reflexiones sirviéndome de otro de sus cuentos que seguro hemos (o nos han) leído también siendo niños, aunque quizá de este no recordemos tan bien su título. Me refiero a El traje nuevo del Emperador.

Decía que a lo mejor no lo recordamos porque casi es más conocido como El rey desnudo. Cuenta la historia de aquel soberano vanidoso al que unos supuestos sastres prometen confeccionar un traje tan ligero y fino que parecería invisible, pero solo para aquellos que eran ignorantes. El rey los colma de oro, y solo se descubre el engaño cuando desfilando por la calle para mostrar el traje a su pueblo un niño se atreve a gritar: "¡Pero si el rey va desnudo!”.

Y una de sus moralejas: no tiene por qué ser verdad lo que la mayoría o incluso todo el mundo dice. Una enseñanza necesaria siempre, pero me parece que especialmente en un tiempo como el actual.

En la época en la que Andersen escribe ese cuento (primera mitad del siglo XIX), en gran parte de Europa se ha ido implantando el parlamentarismo como "fruto" de la Revolución Francesa. Pero en la conciencia social aún permanecía esa mentalidad de que el emperador o el rey representaba la soberanía. Y ese es también el sentido del cuento: el engaño, la tomadura de pelo al soberano.

A raíz de las elecciones generales del pasado mes de julio y de la actual situación de incertidumbre política, mucho se ha insistido (tanto determinada prensa como sobre todo algunos partidos políticos) en que es el pueblo soberano quien ha decidido sobre su futuro. Y así es, porque ese es su derecho, reconocido en el primer artículo de nuestra Constitución, que dice: "La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado" (CE art. 1.2).

Pero yendo más allá también he podido leer algo que hoy se ha convertido en un lugar común, un mantra que a base de repetirnos pretenden convertir en verdad, cuando de hecho no siempre lo es; e incluso diría que con bastante frecuencia no lo suele ser.

Me refiero a que el pueblo, por ser soberano, nunca se equivoca.

Y sobre esto quería reflexionar…

Quiero empezar trayendo la primera acepción que recoge el diccionario de la RAE de los términos soberanía y soberano. Dice así:

  • soberanía: cualidad de soberano
  • soberano: que ejerce o posee la autoridad suprema e independiente

No es este el lugar ni el momento para analizar si efectivamente la soberanía nacional está residiendo de hecho en el pueblo español y, sobre todo -como expresamente puntualiza nuestra Ley Suprema-, si de ese pueblo están emanando los poderes del Estado.

Aunque pienso que en la práctica nuestra actual clase política está prostituyendo esa soberanía con acuerdos y pactos que despojan al pueblo de esa autoridad "suprema e independiente". ¿O no son manejos 'políticos' los de un Poder Ejecutivo que ha "intercambiado" votos a cambio de modificaciones legislativas partidistas (indultos, eliminación de la sedición, nuevo "sentido" de la malversación, etc.); que maneja al fiscal general del Estado sin ningún recato; al propio Poder Judicial (chalaneando con los nombramientos del Tribunal Supremo); o que interviene en otros órganos del Estado que deberían ser independientes como el Tribunal Constitucional?

Pero insisto en que no es la soberanía nacional el motivo de mi reflexión.

Lo que quiero plantear es si "el pueblo" puede ser engañado; o por el contrario se cumple ese mantra de que por ser "soberano" (me parece que a estas alturas ya se puede poner entre comillas), nunca se equivoca.

En mi opinión, lo más grave que ha sucedido en los últimos años en España ha sido la perdida del sentido de la verdad. Sobre esto escribí hace ya unos años afirmando que era una pandemia peor que la que entonces estábamos sufriendo.

Cuando con todo ese pueblo "soberano" por testigo, en televisión y en horario de máxima audiencia un político afirma que no pactará con un determinado partido porque no podría dormir tranquilo , y a los pocos días se alía con ellos para obtener la presidencia del Gobierno y empieza a tomar decisiones contrarias a sus compromisos electorales, me parece que está despojando de la soberanía al pueblo español.

Pero cuando cuatro años después ese mismo político, que no ha ganado las elecciones, parece dispuesto y dando los pasos necesarios para pactar no sólo una amnistía que hasta el día previo a las elecciones afirmaba no cabía en la Constitución, sino sobre todo con unos partidos políticos absolutamente minoritarios numéricamente (ERC, JxCat, EH Bildu y BNG suman el 5,42% de los votos válidos) y cuya esencia es destruir la “indisoluble unidad de la Nación española” (art. 2 CE) y la igualdad de TODOS los españoles (arts. 9.2, 14, 149.1.1ª CE), más que despojar al pueblo de la soberanía me parece que lo que hace es de "sastre del soberano…"

Mi trabajo me da la oportunidad de tratar a diario con personas de muchos países, y cada vez me convenzo más de que los españoles somos bastante pasionales (y sé que toda generalización es peligrosa y además falsa). Pero en la vida, no solo social y política, quizá nos iría mejor -sin perder esa pasión- ser un poco más reflexivos.

Javier Giner Almendral 

Economista

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