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GENTE DE ORDEN / OPINIÓN

Sánchez, ese hombre

21/09/2020 - 

MURCIA. La gran Carmen Calvo Poyatos, gloria del foro, insigne jurisconsulta y autora en su día de una frase inmortal ("El dinero público no es de nadie"), asegura que España no puede seguir ni un día más sin una ley que reescriba nuestra historia reciente de acuerdo con la merma ideológica del Gobierno del que forma parte.

La vicepresidenta no ha explicado la complicidad reciente de su partido con el franquismo, puesto que el PSOE ha sido el partido que más tiempo ha estado gobernando en democracia sin acometer esta tarea que ahora se antoja imperativa. Felipe González estuvo 14 años en el poder y ni siquiera Alfonso Guerra, detentador de las esencias del socialismo de Puerto Hurraco, sufrió ningún episodio de angustia vital por estar gobernando una España esencialmente franquista. Han tenido que llegar Sánchez y su banda para poner a la sociedad española ante el espejo de sus contradicciones como usufructuarios de una democracia que, en realidad, es puro fascismo.

Pero en realidad es todo mucho más sencillo. A Sánchez le importa un comino la revisión histórica de nuestra historia reciente, una tarea que debería quedar reservada a los historiadores y cuyo juicio global, a tenor de una amplísima historiografía, atribuye al PSOE la mayor responsabilidad en la caída de la II República (contra la que se rebeló en dos ocasiones) y los mayores latrocinios y atrocidades durante la Guerra Civil.

El interés de Sánchez es, única y exclusivamente, mantenerse en el poder, para lo cual está dispuesto a cometer todas las vilezas que sean necesarias. También la de recuperar rencores cainitas que habían quedado zanjados (incluso jurídicamente) durante la Transición, como pretende hacer con esta nueva vuelta de tuerca a la, así llamada, memoria democrática.

Este proyecto de ley no busca mejorar la condición de los herederos de las víctimas de uno de los bandos, sino poner a la derecha actual en el brete de protestar por este abuso evidente, momento en el cual quedará señalada como franquista y, en consecuencia, inhabilitada moralmente para gobernar en España por siempre jamás. De paso, Sánchez enfrenta a VOX con PP y Ciudadanos agudizando la división del centro-derecha al tiempo que excita el celo electoral de la izquierda más zarrapastrosa que, hasta ahora, votaba a los chavistas en lugar de al PSOE, como es su obligación.

Jugada redonda para un personaje sin escrúpulos, capaz de llevar a la sociedad española a unos niveles de enfrentamiento desconocidos desde la Transición. Lo pagará. No él, que inevitablemente acabará saliendo de la política por el alcantarillado de los apestados, sino el partido que representa, en cuyo seno parece que ya no queda nadie capaz de actuar con un mínimo de decencia intelectual.

 

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