crónicas de una región misterioso

¿Quiénes eran los lemures?

30/04/2023 - 

MURCIA. Culturalmente hablando los podemos situar en época romana y literalmente significan 'larvas'. Según las creencias de esta civilización no eran otra cosa que las almas errantes que se encontraban a caballo entre nuestro mundo y la Laguna Estigia, si bien no han podido atravesarla por alguna circunstancia, que podía ser desde que Caronte no los dejase subir a su barca por no llevar el óbolo del pago hasta que los ritos relacionados con la muerte y su enterramiento no se hubieran realizado de forma correcta por su familia; también encontramos este tipo de seres en los lugares de batalla, siendo en estos casos las animas de los legionarios caídos.

Al no pertenecer a ninguno de los planos existenciales se les consideraba enemigos de los vivos y éstos tenían que protegerse frente a ellos. Desde Cartaganovoa hasta Begastri (Cehegín), pasando por Elioscroca (Lorca), Urci (Águilas) o Fortuna, cientos de familias celebraban, no sin terror y cierto desconsuelo, la festividad conocida como las Lemuria, una especie del día de difuntos en donde se realizaban rituales con el fin de mantener alejadas a estas almas de las inmediaciones de las domus y de sus congéneres.

Entre otros muchos, destacamos el ritual de las habas negras, documentado ya en sus días por Ovidio, en donde el pater familia, entre los días 9, 11 y 13 de mayo, se levantaba a medianoche y realizaba una señal de protección con el puño cerrado y alzando el brazo derecho, con el pulgar sobresaliendo sobre los dedos. A continuación se lavaba las manos con agua y cogía un puñado de habas negras (9), las cuales y según su tradición tenían ese color porque estaban repletas de sangre, y las arrojaba a su espalda sin darse la vuelta, evitando así encontrarse con esos lemures, a los cuales, en esos días, se les estaba permitido andar por donde se les antojara, llevándose consigo a quienes se encontraran en su camino. Este rito impedía que entrasen en las casas, pero para asegurarse de esto los patriarcas de cada familia realizaban este rito en el acceso de las casas, hacia afuera y en cada una de las puertas de las habitaciones, siempre mirando al impluvium o patio central que había en cada casa, protegiendo, así cada una de las dependencias de las domus.

Al arrojar las habas debían pronunciar estas palabras: "Yo arrojo estas habas, con ellas me salvo yo y los míos". Se creía que el espíritu cogía las habas "repletas de sangre" y, quedándose así satisfecho, se marchaba. 

En ocasiones y para terminar el rito esta misma persona hacía sonar un pequeño gong de bronce mientras decía de forma repetida (nueve veces también): "Sombras de mis antepasados, ¡marchaos¡". Con ello el ritual había terminado y se habían protegido, un año más, de los seres del inframundo.

Al parecer, una de las principales motivaciones de los lemures, además de otras como la búsqueda de venganza o justicia, consistía en el ansia de probar de nuevo alimentos humanos. Esta es la razón por la que en algunos mosaicos que decoraban los suelos de las domus se representaran alimentos tirados a modo de ofrenda a estos espíritus

    

*Santi García es autor del libro 'Murcia, Región Sobrenatural'

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