A PROPÓSITO DE…  / OPINIÓN

Operación Pompeya

Foto: BALLESTEROS / POOL (EFE)
20/05/2024 - 

MURCIA. 

"Escasa concentración, sueño alterado, disminución del apetito, convulsiones…". Aparta la vista de la pantalla y se dirige a la mujer, de aspecto cansado e imagen descuidada, sentada al otro lado de la mesa:

Adela, abandone la culpa… No tiene de qué avergonzarse. Recupere la confianza… Nadie le ha probado nada. Todo han sido especulaciones. Somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario. Lo dice la Constitución… ¡Adela…!

Ella, como asomada de una náusea, levanta su mirada turbia, río de emociones contenidas, y dice con voz fracturada, apenas audible:

Si soy inocente, ¿por qué no puedo sostener la mirada de mi hijo cuando le pongo el Cola-Cao con las galletas? ¿Por qué me siento desnuda en presencia de los demás? ¿Por qué me aterra volver… al trabajo? ¿Por qué me he visto expuesta en los tribunales? ¿Por qué se ha roto mi pareja? Si soy inocente, ¿por qué no quiero despertar…?

Este diálogo se desenvolvía, entre terapeuta y paciente, en el interior de la consulta, bajo la luz débil y sutil del Servicio Médico de Psiquiatría, donde las palabras, casi privadas de sonido, adquirían un tono íntimo y sobre todo grave.

En el siglo XXI asistimos a la "Operación Pompeya", maniobra de derribo de cuidada ingeniería en dos pasos, que se suceden el uno al otro:

  1. En el primero se esputa el veneno con la frase "difama que algo queda” de Francis Bacon, "Calumniad con audacia; siempre quedará algo" (1625). Se trata de difundir bulos y patrañas para dañar la imagen de alguien. En un mundo donde cualquiera puede expresar sus opiniones en plataformas públicas, la línea entre la crítica legítima y la calumnia se vuelve borrosa. El daño de ésta es inconmensurable en el tiempo y en el espacio, y, aun en caso de rectificación, la anatomía de la sospecha persigue al afectado de por vida. ¿Cómo se recoge el líquido derramado de un vaso? Cualquier rumor, por el hecho de producirse, se da por cierto: "Cuando el río suena agua lleva...".

Amparados en el derecho a la libre expresión de artículo 20 de la Constitución. La difamación es un efecto secundario, no deseado, de la Democracia, para cuyo perjuicio carecemos de pantallas gástricas.

Hemos resucitado las hogueras medievales suprimidas en el XVIII. En el Medioevo, en el centro de la plaza, se erigía una pira, donde los líderes prendían y avivaban el fuego y el pueblo se daba cita para asistir al ritual. Entre luces y sombras los rostros, anaranjados por el resplandor de las llamas, veían abrasarse en estas a señalados como herejes o brujas, ofreciendo el más puro cuadro tenebrista.

"HOY, A LA LUZ DE LAS TECNOLOGÍAS, INSTALAMOS LA FOGATA VIRTUAL EN LOS PLATÓS, LAS PLATAFORMAS, LAS REDES Y HASTA EN LA LETRA DE MOLDE"

Hoy, a la luz de la energía solar, las tecnologías y otros avances, instalamos la fogata virtual en los platós, las plataformas, las redes y hasta en la letra de molde. Los organizadores de las llamas del escándalo son los pseudoperiodistas, los comentaristas de pacotilla y otros bien intencionados del mismo corte, que alimentan las brasas con la reputación de terceros. Y la congregación son los usuarios en línea o espectadores, que desde espacios públicos o decorados particulares, solos o en compañía, contemplan, embriagados en sinestesia olfativa por el sahumerio humano, el crepitar del fuego tiznando el aire. Para el sacrificio en el altar del escarnio público vale un anónimo, un popular, un famoso, un político… hasta una Reina

  • En el segundo despliega su sustancia letal la máxima "No solo hay que serlo, sino, también parecerlo" derivada de la sentencia "La mujer del César no solo debe ser honesta, sino, parecerlo", del dictador romano e influencer de su época Cayo Julio César después de fabular contra su esposa Pompeya para divorciarse de esta.

Este pensamiento de "parecer" germina bien en la tierra fértil de una sociedad donde la impostura y la apariencia son valores arraigados, en que la reputación es crucial, incluso si no refleja la realidad.

Al desacreditar a alguien primero y obligarlo después a "parecer", la operación de derribo está concluida.

Este método injurioso no es fortuito. Se nutre de intereses económicos y motivaciones espurias, dando lugar a una nueva modalidad de lucro y poder, aprovechando el deleite que la murmuración, cuando es de ajenos, provoca en los instintos más primitivos del ser humano.

"La Constitución nos garantiza que somos sin necesidad de parecer"

Aunque carecemos de protectores estomacales para contrarrestar las acciones agresivas de las acusaciones maliciosas, la Constitución ofrece un antídoto contra ellas al someter la libertad de expresión a la “Veracidad” (Art. 20.1 y 4) y el "derecho al honor, y la intimidad…"; e instaurar la "presunción de inocencia" (Art.24). Ambos artículos amparados por la Seguridad Jurídica del Art. 9 de la Carta Magna, que actúa como un manto protector de toda ella.

Veracidad" implica evidencia irrefutable. No conjeturas fundadas en un "lo vi…, se comprobará" y demás "supongo" y "compongo", ya que mentiras repetidas y medias afirmaciones resultan las más grandes falsedades.

El mandato constitucional tiene que hacerse efectivo en la práctica social diaria, sin relegarse al ámbito judicial. De lo contrario, aquel y este se convierten en papel mojado. La actitud social no puede eclipsar la presunción de inocencia constitucional, porque daña la integridad de nuestros sistemas jurídico, y político.

El "parecer" nos lleva a la semántica del maquillaje y la estética. El "ser" a la de la legalidad y la ética. No tenemos que parecer para ser. La Constitución nos garantiza que somos sin necesidad de parecer. Dejemos que en el XXI la luz venza a las sombras. Apaguemos las hogueras medievales con el helado cáliz de nuestra indiferencia. No compremos pseudoinformación, lléguenos por tierra mar o aire, a través de libros, plataformas u otros.

La legalidad es el escudo que nos protege a todos. Sócrates, condenado injustamente, bebió el veneno sin vacilación ejecutando la ley (El Fedón, Platón). Siglos después, Jesús de Nazaret tuvo que cumplir la legalidad divina muriendo en la cruz. Estaba escrito. (Mateo.27:35b-37).

"Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar". No olvidemos que para ser calcinado en el horno de la opinión pública vale un anónimo, un popular, un famoso, un político… hasta una Reina.


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