Región

Reportaje

El Vaticano murciano donde brotan las vocaciones: "Mis padres montaron una fiesta cuando mi hermana entró en el convento"

La Ribera de Molina, una pedanía molinense de la Vega Media, consagra cerca de 170 religiosos, incluido un beato, desde finales del siglo XIX: “Los ribereños tienen la fe católica integrada en sus vidas”

  • Los ribereños acompañan en romería a su patrona, la Virgen del Amor Hermoso.
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MURCIA. Cuando se habla de vocación espiritual, la primera imagen que se viene a la cabeza es una familia inquieta y no muy segura ante la decisión que está tomando quien se lo comunica: “Los padres se piensan que han perdido a su hijo”, reconoce el padre Diego. Es una escena que ha retratado recientemente Los Domingos, la aclamada película en los premio Goya. Sin embargo, existe un pequeño rincón en la huerta de Molina de Segura que ha sido la excepción durante más de un siglo, la Ribera de Molina. ‘Vivir para servir’ podría ser su lema. No es para menos: en este pueblo donde residen unos 3.200 habitantes (según las estadísticas del INE en 2024) han salido casi 170 vocaciones, entre sacerdotes, monjas, misioneros y misioneras, incluso un beato. Estos ‘siervos de Dios’ han partido del llamado coloquialmente como el ‘pequeño Vaticano’ para llevar el orgullo y fervor ribereño a remotas partes del mundo como Brasil o Panamá. Siempre han manifestado su alegría por pertenecer a una población con tanta cultura religiosa. “Los misioneros han llevado la pasión de la Ribera por el Sagrado Corazón de Jesús a todos los lugares a los que han tenido que ir”, explica a Murcia Plaza el padre Diego, el sacerdote de Ceutí aunque nacido y ordenado en la Ribera de Molina.   

Esta devoción religiosa nace principalmente por el cariño que profesan los habitantes hacia su patrón, el Sagrado Corazón de Jesús, a quien le dedicaron en 1834 el nuevo santuario. La iglesia, que lleva su nombre desde entonces, perteneció a Molina de Segura hasta que se constituyó como parroquia independiente en 1888. De hecho, hay que destacar que esos 170 religiosos se empiezan a contabilizar desde que el templo de la Ribera empezó a valerse por sí solo. Todas las vocaciones que surgieron antes de 1888 se le atribuyen a la que era su ‘madre’: la iglesia de la Asunción de Molina. A los cien años de la parroquia, es decir en 1934, el pueblo ribereño ya contaba entre sus habitantes con 120 religiosos, lo que correspondía al 10% de la población de aquel entonces.

La familia, cuna de vocaciones

El respaldo familiar es un punto clave que ha propiciado que los ribereños crezcan con la fe ‘integrada’: “En la Ribera de Molina el púlpito de las familias, es decir, la transmisión de la fe dentro de estas ha sido otro impulso para las vocaciones”, reflexiona el padre Brian, actual párroco de la pedanía molinense. Además, y a diferencia de la familia de Ainara, el personaje protagonista de Los Domingos, una vez que los hijos mostraban la voluntad de irse al seminario o a un monasterio, los padres eran los primeros que se alegraban: “Ellos montaron una fiesta cuando mi hermana entró al convento”, como así recuerda Teresa Martínez, cuya hermana, Consuelo Martínez, fue monja carmelita desde los 17 años. Teresa revela que incluso en una misma familia ribereña llegó a haber dos religiosas y un sacerdote franciscano.

  • El padre Brian, el párroco de Ribera de Molina. -

Pero es cierto que no todo prospera en la vida, y en las llamadas de Dios tampoco. De las 170 vocaciones, no todas han perdurado hasta el día de hoy (o por el propio fallecimiento). El número de personas que han sido fieles a ese sentimiento de entrega se redujo hasta 133, quedando actualmente unos treinta en activo.

A principios del año pasado, la Asociación de Mayores de la Ribera de Molina organizó un homenaje para todos los religiosos y religiosas del pueblo con una misa que contó con la presencia del obispo de la Diócesis de Cartagena. José Manuel Lorca Planes acabó realmente emocionado tras escuchar el testimonio de varias monjas que relataron cómo habían conocido la fe y se habían entregado gracias al modelo de vida de las misioneras ribereñas. También, instantes antes de comenzar la eucaristía, el padre Brian presumió: “Este es uno de los pueblos de España con más vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada de personas pertenecientes a la parroquia”.

  • El obispo Lorca Planes rinde homenaje a los religiosos de la Ribera de Molina -

Testimonios que encienden la fe

El ejemplo no procede solo de las familias, sino también de aquellas personas que dieron la vida hasta el extremo, y se convirtieron en ejemplos vitales para los fieles ribereños. Es el caso del beato Fulgencio Martínez, como destacaba el padre Diego. Durante la Guerra Civil fue arrestado y encarcelado varias veces, pero siempre lo liberaban. Hasta que el 2 de octubre de 1936, un Juzgado Popular lo condenó a muerte por negarse a ‘quitarse la sotana’, es decir, por oponerse a dejar el ministerio sacerdotal. La noche del 3 al 4 de octubre, Fulgencio escribió una carta a sus padres en la que expresaba la profunda serenidad y el ánimo que le daba saber que iba a dar la vida por Cristo: “Alegre y contento voy a la muerte y la ofrezco en reparación de mis pecados y para que pronto acabe esta lucha que está ensangrentando a España”. Finalmente fue ejecutado el 4 de octubre de 1936 al grito de: ¡Viva Cristo Rey, Viva España Católica!, aunque la palabra ‘Católica’ no llegó a terminarla, como bien recoge Francisco Víctor Sánchez Gil, fraile ribereño, en una misiva dedicada a este mártir. Su beatificación se llevó a cabo el 13 de octubre de 2013 en Tarragona.  

El sentimiento de la fe en la Ribera traspasó fronteras gracias a los misioneros y misioneras. Su principal objetivo no era otro que ayudar a los más necesitados, pero la presencia e implicación de muchos de ellos provocó la conversión y la entrega a Dios de algunas personas que vivían en aquellos países. “Desde que mi hermana estuvo en Indonesia, han emergido muchas personas que quieren ser monjas”, cuenta Teresa, que vio cómo su hermana dejaba su tierra natal para entregarse a los demás en el país asiático. 

La devoción de todo un pueblo

La religiosidad no solo se ha visto en las vocaciones sacerdotales, sino tamibién se siente en todo el pueblo, que se ha visto muy unido en varias ocasiones gracias a la fe. Por ejemplo, en 1960 se iniciaron las obras de la fachada y de la torre de la iglesia. Para la realización de estas labores, la propia gente del pueblo fue la que, en sus tiempos libres, echaba una mano. La actual torre del templo se levantó gracias a su colaboración, al traer materiales, entre otras funciones.

  • La gente del pueblo colabora con las obras de la iglesia. -

La aventura es tanta que Ribera en cielo convertida está”, dice el himno a su patrona, la Virgen del Amor Hermoso. Esta frase se hace realidad desde los inicios de su romería, que se celebra cada último domingo de abril, cuando las familias gracias a la devoción por ‘su madre’ se reúnen para intercambiar anécdotas e historias mientras la virgen pasa casa por casa y los fieles entonan cortas canciones llenas de tradición. “En el día de la Virgen, la Ribera se llena de primos”, bromea Teresa. Es otro ejemplo de la unidad familiar que enorgullece a este singular y pequeño Vaticano murciano.

La devoción disminuye con el tiempo, pero no desaparece. Se mantiene a salvo en este pueblo único. Por los rincones de la villa huertana aún se puede sorprender a algún vecino hablando con su familiar religioso por teléfono. O también se puede ver alguna persona mayor que espera con ansias recibir una carta de su hermana o de un primo que se encuentra en algún punto distante del mundo, llevando la devoción al Corazón de Jesús y a la Ribera por bandera.

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