Opinión

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AL OTRO LADO DE LA COLINA

Y quién defiende a las ovejas

Publicado: 23/05/2026 · 06:00
Actualizado: 23/05/2026 · 06:00
  • El presidente chino, Xi Jinping, y el presidente ruso, Vladimir Putin.
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Nuestra cultura popular rica donde las haya, basada en esas seculares tradiciones de millones de personas a lo largo de siglos, nos recuerda con ese dicho “reunión de pastores, vísperas de oveja muerta”, que los encuentros de personajes relevantes tienen siempre consecuencias que afectan a terceros no presentes en esa misma reunión, y esto también ocurre en las relaciones internacionales.

Una de esas reuniones, la de Donald J. Trump y Xi Jinping, era citada y cerraba mi artículo anterior, y la otra reunión relevante es la de Xi Jinping con Vladimir Putin, muy relacionada, creo yo, con la primera. En lo formal, estas reuniones han reafirmado el significado del nombre del país, China, “el centro del mundo”, pues conectar de forma consecutiva a los grandes líderes del mundo no lo hace cualquiera, y tiene tanta relevancia como la que hubo el verano pasado entre Trump y Putin en Alaska.

China no es un país cualquiera. Si hacemos caso a los calendarios históricos, es la segunda civilización más longeva. Viven en el año 4723, solo detrás de la Hebrea del año 5786. Es un inmenso país que siempre ha liderado su entorno o área geográfica, a excepción de lo que ellos llaman “el siglo de la humillación”, que comprende desde mediados del siglo XIX con la expansión del colonialismo occidental y japonés hasta el año 1949 con el triunfo de la Revolución de Mao Tse Tung, por lo que puede, y es casi seguro, hacer conservar en la memoria colectiva china cierto espíritu de revancha contra Occidente.

Del encuentro entre Trump y Jinping no ha trascendido mucho en cuanto a los acuerdos, pero de las palabras citadas por esos dos mandatarios, resuenan las palabras del líder chino recordando, o advirtiendo (nunca se sabrá), a los norteamericanos que no deben caer en la trampa de Tucidides. Ya saben aquello de “fue el ascenso de Atenas y el temor que eso inculcó en Esparta lo que hizo que la guerra fuera inevitable”. Recuerden, por analogía, que siendo Atenas los USA (potencia marítima), y Esparta China (potencia continental), la guerra del Peloponeso se produjo cuando el líder, Atenas, quiso ser más fuerte todavía, más hegemónica y esto atemorizó a Esparta, y ya saben cómo acabó la guerra, … la terminó ganando Esparta, ergo esto sería un mensaje subliminal de China.

Y lo que es evidente es que tras la reunión de Trump y Xi Jinping, se realizó la reunión de Vladimir Putin y Xi, que evidencia quién es el centro del mundo o al menos se lo considera, y cómo éste decide o hace de puente entre las tres grandes superpotencias mundiales y globales. Está claro que en la negociación se habrá hablado de Irán, el estrecho de Ormuz, o de la isla renegada de Taiwán, como la llaman los chinos, de la guerra de Ucrania, y las sanciones varias entre ellos, y habrán intentado llegar a un acuerdo para equilibrar la situación global, que cada día es más inestable, frágil y asimétrica, acuerdo en el que alguna potencia media o menor habrá salido perjudicada, “quítame esta bloqueo y te daré o permitiré que te quedes, más adelante, esa isla, y haremos la paz, en un todo incluido, con tu aliado”, podría haber sido la conversación.

La inestabilidad está claro que existe porque no existe un liderazgo mundial global, o incluso en algunos casos regional que proyecte el necesario poder para dar estabilidad al sistema, la fragilidad se debe a la complejidad alcanzada por los sistemas que ante cualquier cambio, cualquier huracán, o volcán, o cualquier incidente bélico, o de piratería, pone todo el sistema en estado de shock, y la asimetría surge de ese proceso desacoplado en el que vivimos.

Porque este incremento de amenazas asimétricas en la era de la post-globalización es fruto de un proceso diacrónico, por lo evolutivo en el tiempo, disfuncional, en cuanto que cada vez el sistema funciona peor, y desacoplado en términos del juego de las fuerzas centrifugas y centrípetas, de las que hablaba el gran estadista General J.F. Fuller, dado que existe o ha existido un proceso centrípeto convergente de intereses económicos (la globalización), con por ejemplo, incrementos de tráfico marítimo en los Chock Points (puntos de estrangulamiento), en paralelo a un proceso centrífugo del poder, la multipolaridad o la tan citada y querida por algunos multilateralidad, en la que ninguna potencia ejerce el orden y el poder necesario para que haya seguridad, consintiendo la violencia y asimetrías varias.

Nunca olvidemos, y debemos trabajar en ello, que para que exista riqueza y libertad tiene que haber orden. Sin orden no puede haber seguridad, y sin seguridad, no puede existir ni comercio, ni riqueza ni libertad. Tenemos todos muchas tareas pendientes, y deberes varios para afrontar los retos del mañana, sobre todo si somos la Unión Europea, que estando en medio entre esas tres superpotencias podemos acabar siendo la oveja de su banquete.

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