Hay etapas que uno sabe que le van a acompañar toda la vida. Para mí, estos dos años en el Gabinete de Prensa del Ayuntamiento de Murcia están siendo una de ellas. No solo por el trabajo, la intensidad o la responsabilidad. Sino por haber aprendido a mirar Murcia de otra manera.
Tengo y he tenido la suerte de trabajar cerca del alcalde Ballesta y de su equipo más cercano, con sus inseparables Pepe Guillén y Miguel Ángel Pérez, Vanesa o Pablo, así como con todos mis compañeros de Gabinete y los 14 concejales del Equipo de Gobierno a los que exigía y cuidaba a partes iguales. De escucharle hablar de Murcia con una pasión difícil de explicar. Siempre decía que esta ciudad no podía vivir “mirándose los zapatos”. Que Murcia tenía que quitarse los complejos, levantar la cabeza y creerse capaz de competir con cualquiera. Una Murcia luminosa, moderna, culta, abierta y, como no, una Murcia “de Champions”.
A veces las personas se van, pero las ideas permanecen. Y hay ideas que, cuando nacen de la pasión y de la convicción, terminan convirtiéndose en legado"
Porque más allá del alcalde, del Jefe, queda su visión de Murcia. Queda la forma de entender esta ciudad. Queda esa idea contagiosa de que conformarse nunca fue una opción. Y quienes tuvimos la oportunidad de trabajar cerca de él sabemos que detrás de cada proyecto, de cada discurso y de cada decisión había algo muy sencillo pero muy poderoso: amor sincero por Murcia.
He vivido jornadas interminables. He visto preocupación auténtica por los barrios y pedanías, por las familias, por los pequeños detalles que muchas veces nadie ve. Y también he aprendido que trabajar en lo público significa asumir desgaste, sacrificio y responsabilidad, pero también el privilegio de formar parte de algo más grande que uno mismo.
A veces las personas se van, pero las ideas permanecen.
Y hay ideas que, cuando nacen de la pasión y de la convicción, terminan convirtiéndose en legado.
Estos dos años me han servido para creer en esa Murcia que no se resigna. Esa Murcia que mira al futuro con ambición. Esa Murcia que dejó de pedir permiso para soñar en grande.
Esa Murcia que nos lega José Ballesta y que los miles de murcianos que le acompañaron en su funeral y los que no pudieron hacerlo, pero lo sienten y sentirán siempre cerca, saben que continuará vivo. Un legado que ahora toca no solo mantener sino seguir trabajando para que crezca y hacer que nuestra Murcia sea por siempre de Champions.