Cuando un servidor estudiaba bachillerato, aprendió que la humedad relativa en esta ciudad en la que vivo y habito era, por termino medio, del 60%. Un poco alta, comparada con otras partes. Hoy, mi barómetro casero no pasa del 50%. Y muchas veces, menos. Don Francisco Morote, profesor memorable de Geografía e Historia, decía que la temperatura tiene dos condicionantes para definirse del todo: la humedad y el viento. Y fue a quien primero oí aludir a eso de sensación climática para expresar lo que realmente experimentamos en todos los casos. Así, 20º de temperatura pueden ofrecer distinta sensación, si hace tal viento o cuál humedad.
La Murcia de antañazo, con calles de albero, la huerta encima mismo de la urbe y la acequias sin entubar, “disfrutaba” de una humedad, superior al 60%. El río, que, aparte de pasar bajo los puentes, regaba de barro el resto del valle, de la costera sur a la costera norte, era el máximo causante de esa humedad. El agua salía en forma vaporizada, a través de esas calles, de esos huertos urbanos y de esos solares, al aire de Murcia. Y la humedecía. En la huerta provocaba ese “humo dormido”, que decía Gabriel Miró: una nube de niebla entre los naranjos y limoneros, a metro y medio de altura. De eso, poco ya. O nada.
Murcia capital es más Albacete, climáticamente hablando"
Hoy, con las presas que atrapan, afortunadamente, las escorrentías de las sierras de cabecera, el agua que llega a la Contraparada ya no es de aluvión, sino de medidas discretas. Y, por otra parte, el sellado de las calles de la ciudad, con granito, asfalto, cemento y enlosado en general no deja salir a la atmósfera murciana esa humedad que tanto nos caracterizaba. Con eso, el efecto sequedad está servido. El calor, más seco, es el de la meseta, casi. Y el frío, igual. El calor húmedo no gustaba mucho, y el frío, si húmedo se metía en el cuerpo, fueras abrigado o no. Hoy, todo más seco. Murcia capital es más Albacete, climáticamente hablando.
Y ¿qué le vamos a hacer? Las señoras verán rizarse menos sus cabellos, al igual que los caballeros de melena abundosa. Igual nadie recuerda los tiempos húmedos, porque ya hace tiempo (1964) que el Cenajo cerró su grifo, dejando escapar el agua necesaria exclusivamente. Y el tapón sólido que son las calles y plazas de la ciudad –siempre de guardia- no permite “perdidas” hídricas hacia arriba.
Verdaderamente, somos, en esto también, otra ciudad.