Opinión

Opinión

LA ENCRUCIJADA

Marca Madrid

Publicado: 19/05/2026 · 06:00
Actualizado: 19/05/2026 · 06:00
  • La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, interviene durante una sesión plenaria en la Asamblea de Madrid, a 14 de mayo de 2026, en Madrid (España).
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

Malas semanas para el Madrid del gran poder. Hasta el exflemático presidente del Real ha tenido que convocar elecciones para tapar los escándalos que circulan por el vestuario del club y conjurar la sensación de que la disciplina deportiva está ahora más cerca de la desidia y la tangana que de un ejercicio responsable: el propio de los sueldos de quienes integran la erosionada muralla blanca. 

El segundo charco ha procedido de México y ha tenido a la presidente de la Comunidad de Madrid como protagonista. La señora Ayuso se ha enredado con Hernán Cortés, poniéndolo como ejemplo civilizador de la España que emigró a las Américas. Es evidente que la presidenta no ha leído a Fray Bastolomé de las Casas ni se encuentra familiarizada con los desmanes del conquistador, incluida su traición al líder azteca Moctezuma, por aquello de que el oro bien vale una infamia. Desde ese enfoque, la viciosa relación de Trump con el petróleo merecería que Venezuela le considerase un nuevo Bolívar.

Un viaje ¿institucional? a México que ha triturado el catón de la diplomacia autonómica: se puede presumir de lo propio, -la Comunidad Autónoma-, pero, en ningún caso, frivolizar ni desfavorecer la labor de las instituciones estatales. Menos aún cuando el rey y el presidente del gobierno han trabajado activamente para reconducir la sensibilidad de México a cuenta de la conquista española del país. Si la señora Ayuso pensara en algo más que en sí misma quizás hubiera caído en la cuenta de los difíciles equilibrios que debe mantener España para que persistan las Conferencias Iberoamericanas con el apoyo de todos y, en particular, de los principales países del área, de los cuales México constituye un actor clave. Las relaciones internacionales no se improvisan: cuesta mucho crearlas, pero se derrumban rápido si se las trata con ligereza e ignorancia. 

Tomar razón de cuestiones tan básicas es aún más importante si se toman en consideración los intereses que mantienen en México las empresas de las Comunidades Autónomas, -incluidas las de Madrid-. Intereses que se desbaratan con declaraciones necias como las llevadas al país anfitrión por la señora Ayuso. Posiblemente desconoce que la mayor dimensión de la leyenda negra española, a diferencia de las atribuidas a otros países de más reciente colonización, tuvo que ver, entre otras causas, con el aislamiento y la censura practicadas por los españoles gobernantes del absolutismo y las dictaduras domésticas. Cuando se cierran los flujos del saber, bien difícil es que emerjan discursos serios que contradigan los excesos y falacias que llegan de fuera. Vean en cambio cómo, a finales del siglo XVIII, con una atmósfera temporalmente más permeable a la circulación de ideas, diversos intelectuales salieron a responder las acusaciones sobre la aportación de España a Europa plasmadas por Masson de Morvilliers en el primer volumen de la “Géographie Moderne”. Entre ellos, el valenciano Juan Antonio Cavanilles. 

Finalmente, rematando un tiempo más doloroso que gozoso para la presidenta madrileña, en abril se ha publicado el libro del periodista David Fernández titulado “Ayuso. Zancadillas, intrigas y venganzas en la Corte de Madrid”. Una obra que, además de a la actual presidenta, repasa a las dos anteriores, Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes. Una tríada que, sin olvidar a Ignacio González, permite refrescar lo mucho que han escandalizado y avergonzado las presidencias regionales de Madrid desde aquel “Tamayazo“ que permitió a Esperanza Aguirre ser presidenta gracias a la aparición de dos oportunos tránsfugas y la consiguiente repetición de las elecciones regionales. Un libro que recorre al detalle las historias familiares de la señora Ayuso a cuenta de diversas iniciativas que han buscado atajos hacia la riqueza, incluidas las todavía pendientes en los tribunales.

En su personalidad, los adjetivos que parecen definirla, según se deduce del relato del autor, son los de ignorante, victimista, temeraria, ambiciosa, tenaz y extrema devota de las redes sociales. Fue en este último terreno como se dio a conocer en las parcelas del PP de Madrid, aunque junto al reconocimiento de su dedicación también prosperara el término “ayusadas” aplicado a algunas de sus más descabelladas propuestas. 

Parte de las anteriores características personales no le son exclusivas: en mayor o menor medida se encuentran presentes en una generación de políticos reconocible por su escaso poso ideológico, más habituado a los eslóganes que a la profundización; más centrado en el brochazo gordo que en el pincel fino. Un conjunto de agentes políticos identificables por ser lenguaraces, desvergonzados e igualmente fanáticos de lo que entienden como libertad digital. Caracteres humanos voraces a la hora de combinar lugares comunes, descalificaciones, bulos, manipulaciones e invectivas. Unos materiales que, al obviar respuestas a los problemas, inquietudes y aspiraciones de los ciudadanos, se convierten en materiales tóxicos de desecho: sin relevancia alguna para construir una gobernanza democrática responsable, pero muy útiles para sembrar la confrontación, el rencor y las fobias. 

El “todo sea por el relato” constituye la consigna. El “relato” como interpretación falaz de un hecho que, simultáneamente, integra todos los recursos embaucadores, lingüísticos y narrativos precisos para proporcionarle una presunción de superioridad explicativa: sin argumentos sostenibles, pero con textos que rebanan la certeza y la catalizan con mentiras y medias verdades aglutinadas en frases cortas, secas y humillantes. 

Aun con estos y otros recursos, entre ellos los pagados desde los presupuestos regionales, difícil es defender y sostener la corriente separadora de Madrid que representa la señora Ayuso sin que se produzcan reacciones indignadas en el resto de España. Los separadores  toleran, mientras no les importune demasiado, las luchas internas, -“madrileñas”-, por el poder, -político, económico, mediático, diplomático-; pero se arraciman en torno a una visión monopolista defendida a fuego cuando alguien, desde otro lugar del Estado, reclama un trocito de la tarta española (que no madrileña): en financiación, infraestructuras, ubicación de organismos oficiales de la administración central, neutralización de lobbies y mayor competencia empresarial, cultura con alas voladoras más allá de la M30, contratas públicas  y un extenso etcétera. 

Ahí, el Madrid separador ya no es España: es un lugar endogámico e incestuoso en el que sólo caben de verdad las relaciones mutuamente provechosas entre los Madriles institucionales y los restantes centros de poder que comparten espacio, población e intereses cruzados. Y si el color político es un obstáculo para los vasos comunicantes de los distintos poderes, vuela la flecha del señor Aznar dirigida contra el gobierno central: “Y el que pueda hacer, que haga” o, como diría el señor Miguel Ángel Rodríguez, escudero de la presidenta madrileña: “P’alante”.

Y sí: la señora Ayuso es un arquetipo y al mismo tiempo clave de bóveda de ese Madrid egotista porque ha conseguido situarlo al servicio de sus ambiciones personales y le conviene acrecentarlo. Lo materializa cultivando el aislamiento; situándose por encima o delante de la línea opositora de su presidente ante La Moncloa; absorbiendo recursos de otras Comunidades Autónomas con rapacidad, ya sean profesionales cualificados o patrimonios millonarios. Es separadora porque defiende una visión rancia de España que desemboca en un popurrí de tópicos sobrepasados de lo que, realmente, es un país pluricultural; una acción separadora que desemboca en la exaltación de las emociones y los sentimientos antagónicos como único combustible político y social válido: el mismo de VOX, con añadidos ad-hoc de Ayuso. Sí, ambos son rompedores de España: una forma insana, alucinada, de fragilizar el país y abrir brechas en la convivencia e igualdad de sus gentes.

No se puede ocultar una agobiante realidad, complementaria de lo anterior: ese centro, en su más estricto sentido, es el que más se ha beneficiado del Estado autonómico en los últimos 40 años. Es la representación genuina de un nuevo centralismo surgido contra Estatutos y Constitución. La nueva dimensión de un proyecto compuesto del Estado no puede seguir obviando que las leyes poco pueden conseguir en la redistribución de la riqueza y el bienestar frente a los acorazados de la concentración pública, empresarial y de la riqueza individual; frente a los cómplices lazos existentes entre los defensores de la España radial; frente a los intereses creados de todos los poderes que concurren en ese desatado centro que amenaza con desplazar la Marca España y sustituirla por la Marca Madrid.

Y, como dicen algunos párrafos de la letra del himno de su Comunidad, compuesta por Agustín García Calvo: 

“Y en medio del medio, /capital de la esencia y potencia, /

garajes, museos, /estadios, semáforos, bancos, /y vivan los muertos:/

¡Madrid, metrópoli ideal/del dios del progreso! /

Lo que pasa por ahí todo pasa/en mí, y por eso/

funcionarios en mí y proletarios/y números, almas y masas/

caen por su peso;”

Recibe toda la actualidad
Murcia Plaza

Recibe toda la actualidad de Murcia Plaza en tu correo

Cuando volvieron los pájaros a Murcia
Cartagena y sus barrios: la deuda pendiente con el pequeño comercio que sostiene la ciudad