Opinión

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El eurocristiano tibio

Los que no sabemos por dónde sopla el viento en Venezuela

"Somos los despistados que nos oponemos tanto a la intervención de Trump como a la dictadura chavista"

Publicado: 11/01/2026 ·06:00
Actualizado: 11/01/2026 · 06:00
  • Delcy Rodríguez toma posesión como presidenta de Venezuela.
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En un manifiesto firmado por más de cien juristas españoles se dice que el ataque de Trump contra Maduro es “incompatible con la inmunidad personal de los jefes de Estado en ejercicio”, reconocida por “el derecho internacional consuetudinario”. Entre los firmantes figuran Baltasar Garzón, Victoria Rossel y Javier Pérez Royo, lo que nos da una idea del alineamiento político del conjunto. Desde otra orilla, ya Javier Benegas nos había avisado de que el derecho internacional podía “amparar delitos de lesa humanidad”, añadiendo que los detractores de Trump nunca hablaban de legalidad internacional cuando se trataba de China y de Rusia. Aun así, sería triste vernos obligados a reconocer que el derecho internacional no siempre protege a los pueblos, sino a veces a los dictadores. Porque, en efecto, al calificar a Maduro de jefe de Estado los ilustres juristas han omitido que se trata de un usurpador que se negó a entregar el Gobierno a los ganadores de las elecciones celebradas en julio de 2024.

Cabe preguntarse qué dijeron esos juristas cuando Maduro adquirió formalmente la condición de dictador al obviar que la oposición había obtenido cerca del 70% de los votos. Me temo que nada, una omisión corregida por el historiador argentino Pablo Stefanoni, para quien “el fraude electoral de Maduro fue un regalo para todos los reaccionarios.” Desde una posición progresista reconoce que hubo un fraude electoral, pero no lo lamenta porque privó a los venezolanos de su legítimo presidente, sino porque regaló un argumento a los reaccionarios para oponerse al régimen chavista. En resumen, seríamos reaccionarios los que criticamos las dictaduras cuando no son regímenes capitalistas. Para calificar a los que discrepamos de esa idea, varios destacados cronistas de izquierdas han acogido la idea, inventada por la periodista Esther L. Palomera, de que no sabemos por dónde sopla el viento. A la vista de esas concepciones, me he adscrito voluntariamente al pelotón de los que no sabemos por dónde sopla el viento en Venezuela. Somos los despistados que nos oponemos tanto a la intervención de Trump como a la dictadura chavista. Y no solo porque ha aplastado las libertades de los venezolanos, sino también por su alineamiento con el bloque antidemocrático internacional.

 

Los que no sabemos por dónde sopla el viento hemos criticado que Trump haya prescindido de María Corina Machado; tampoco nos gusta que haya cedido el mando a Delcy Rodríguez"

 

¿Quiénes forman ese bloque? Los rusos afines a Putin, los seguidores del Partido Comunista Chino y los islamistas radicales de la teocracia iraní. Varios datos prueban que el sistema chavista se incorporó años atrás al tridente internacional antidemocrático: más de veinte mil militares castristas controlaban el aparato del Estado, la guardia personal de Maduro estaba compuesta casi exclusivamente por cubanos, en el sistema mandaba una élite militar profundamente corrupta, el pueblo estaba vigilado por unas fuerzas paramilitares con dos centenares de miles de miembros armados, el sistema defensivo electrónico y balístico venezolano había sido proporcionado por Rusia y China, más de la mitad de las exportaciones venezolanas iban dirigidas a Rusia y China; los agentes iraníes intervenían en algunos asuntos importantes... Por si eso fuese poco, los resultados no avalan la gestión de la dictadura chavista: cerca de ocho millones de emigrantes han huido de Venezuela, el pueblo está sometido a una inflación económica crónica, se ha producido una reducción del 70% del PIB, se ha generalizado la pobreza y se ha acumulado un déficit de 145.000 millones de euros, lo que convierte a Venezuela en un país en quiebra que solo se sostiene por los préstamos chinos. Y eso sin contar con las varias decenas de miles de opositores asesinados y los cerca de mil encarcelados, muchos de ellos torturados. Es a todo eso a lo que nos oponemos los que no sabemos por dónde sopla el viento, que tampoco avalamos la intervención del Gobierno de Trump. Si no por dónde sopla el viento, sabemos que persigue no solo hacerse con el control del petróleo venezolano, sino también erradicar el control castrista sobre Venezuela y amortiguar la influencia china y rusa en esa nación. De hecho, en el momento de escribir estas líneas la armada estadounidense, en colaboración con la británica, ha capturado dos petroleros rusos procedentes de Venezuela.  

Los que no sabemos por dónde sopla el viento hemos criticado que Trump haya prescindido de María Corina Machado, premio Nobel de la Paz y lideresa natural de los opositores a Maduro. Y tampoco nos gusta que haya cedido el mando a Delcy Rodríguez, que jugó un papel fundamental en la gestión chavista. Por más que insistan, no nos consuela que prescindiesen de Machado porque no quiso negociar con el chavismo. De hecho, incluso se ha negado a aceptar la mediación ofrecida el Gobierno español. No ignoramos que las mediaciones previas del socialista Zapatero siempre derivaron en ventajas para los chavistas y frustración para los venezolanos demócratas, pero aun así… Los que participamos modesta pero activamente en la transición a la democracia española sabemos que habríamos fracasado si no hubiésemos negociado con los reformistas del franquismo. Si no hubiésemos aceptado la monarquía y conversado con el rey Juan Carlos y con Adolfo Suárez, el presidente del Gobierno que había sido ministro secretario general del Movimiento, no habríamos logrado derogar el franquismo e instaurar la democracia. Aunque las circunstancias sean distintas, quizás solo sea posible alcanzar la democracia en Venezuela negociando con el sector más pragmático del chavismo, si es que tal cosa existe.

Los que no sabemos por dónde sopla el viento tampoco sabemos si tendrá éxito el plan trumpista de estabilizar el país, luego recuperar la economía y finalmente implantar una transición a la democracia. Lo primero será averiguar si Delcy rompe con los cubanos y redirige las exportaciones hacia Estados Unidos y hacia los demás países occidentales en detrimento de China y Rusia. Si eso se cumple, puede que haya una transición a la democracia en Venezuela, que es lo que apoyamos los que no sabemos por dónde sopla el viento. De momento, la liberación de un importante grupo de presos políticos es un buen síntoma, pero acaso los chavistas solo están ganando tiempo hasta que Trump deje de presidir el Gobierno estadounidense.  Pasará una larga etapa hasta que podamos discernir si Venezuela se encamina hacia una democracia representativa. Mientras tanto, seguiremos apoyando lo que Machado representa.

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