Opinión

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Como ayer

Los primeros vía crucis de la posguerra murciana

"Los vía crucis de Murcia apenas eran un recuerdo a finales del siglo XIX, pero tras la Guerra Civil se reactivó el rezo callejero y ambulante de las estaciones"

Publicado: 26/02/2026 ·06:00
Actualizado: 26/02/2026 · 06:00
  • El vía crucis de los viernes cuaresmales, a su paso por la plaza de la Cruz.
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Esta tarde recibiremos a la Virgen de la Fuensanta, en su bajada habitual de estas fechas cuaresmales, que tiene lugar el segundo jueves de este tiempo litúrgico iniciado el pasado 18 de febrero, y mañana, a las seis y media de la mañana, partirá desde la plaza de Belluga el tercer vía crucis cuaresmal, que se celebra cada viernes de Cuaresma, y el Miércoles de Ceniza, desde hace décadas.

Quien no haya asistido a este piadoso ejercicio, que consiste en la meditación sobre 14 momentos (estaciones) del itinerario de Cristo desde el Pretorio de Pilatos hasta la sepultura, es incapaz de imaginar la cantidad de personas que son capaces de pegarse el madrugón una semana tras otra y de hacerlo asiduamente desde hace muchos años.

El vía crucis tiene su origen en Jerusalén, donde quienes peregrinaban a los Santos Lugares en los siglos IV y V hacían memoria de la Pasión recorriendo la que con el tiempo se llamó Vía Dolorosa. Siglos más tarde, los franciscanos, Custodios de Tierra Santa, fueron quienes dieron forma a aquella devoción y la llevaron a todo el mundo, implantando itinerarios en numerosas localidades, que solían dirigirse a las afueras de la ciudad y, si la orografía lo permitía, hacia un lugar elevado, simulando el Calvario.

 

En Santa Catalina del Monte se erigió el primer vía crucis murciano en torno al año 1600"

 

En Santa Catalina del Monte se erigió el primer vía crucis murciano en torno al año 1600, y años después fueron los erigidos por los también franciscanos de los conventos de San Diego, frente a la ermita de San Antón, que se iniciaba en la superviviente ermita sita en el arranque de la calle llamada Pasos de Santiago, y el del Malecón, que discurría por el paseo hasta la ermita del Calvario, poco más allá del cruce de las Cuatro Piedras.

Los vía crucis murcianos apenas eran un recuerdo a finales del siglo XIX, y la práctica de esta devoción, centrada en el tiempos de Cuaresma, se llevaba a efecto en el interior de los templos. Pero tras la Guerra Civil, se reactivó el rezo callejero y ambulante de las estaciones, comenzando por el llevado a cabo pocos días de la conclusión del conflicto bélico,

Fue a la una de la madrugada del Viernes Santo, salió de la Catedral, y se anunció como la primera vez que salía en Murcia la procesión del Silencio, aunque también se le dio el nombre de Vía Crucis expiatorio, y lo organizó la Adoración Nocturna.

El itinerario y estaciones que siguió fue Puerta del Perdón, Ayuntamiento, solar de la Casa de la Cruz (en Martínez Tornel, donde radicó la primera sede de los Maristas y luego se inició la apertura de la Gran Vía) Poeta Zorrilla (el cruce de Jara Carrillo con Pascual y Conde del Valle de San Juan), plaza de San Pedro, plaza de las Flores, Santa Catalina, San Bartolomé, plaza de Joufré, Cuatro Esquinas, Trapería, plaza de la Cruz, calle Salzillo y plaza de Belluga. Figuró en la comitiva una imagen del Crucificado, abrió marcha un grupo de tambores destemplados y ante el Cristo intervino una orquesta.

Un año después, pero el 16 de febrero, segundo viernes de Cuaresma, se celebró otro gran vía crucis partiendo desde la Catedral, aunque en esta ocasión en un horario menos tardío, a las nueve de la noche, y fue consecuencia de las misiones populares que se celebraron tras la Guerra para reevangelizar España después de los años de anticlericalismo y persecución religiosa. 

A las ocho de la noche se congregaron en la Catedral todos los párrocos y misioneros con sus feligreses, y en el interior del templo se rezaron las diez primeras estaciones, que fueron dirigidas por el vicario capitular, Antonio Álvarez Caparrós, y a continuación salió la comitiva a la calle, precedido de una cruz alzada, seguida por centenares de hombres cantando el rosario y salmos de penitencia. Presidió el cortejo la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, titular de la procesión matutina del Viernes Santo.

La solemne procesión siguió por la plaza de la Cruz a la de Cetina, donde se rezó la XI estación, y un fervorín a cargo de un padre redentorista. Luego, en la plaza de Santo Domingo, fue rezada la XII estación, con plática del jesuita padre Navarro; la procesión siguió por la Platería hacia la plaza de San Bartolomé, en donde se rezó la XIII estación e intervino un fraile capuchino.

El vía crucis concluyó en la plaza de Santa Catalina, donde se rezó la última estación y el célebre padre Rodríguez, de la Compañía de Jesús, pronunció una plática llena de unción religiosa, acorde con su gran fama de predicador. Según las crónicas de la época, 12.000 hombres (sólo hombres en aquellos años) participaron en el acto. Desde aquél punto, en torno a la medianoche, numerosos participantes en la práctica cuaresmal acompañaron a Nuestro Padre Jesús en su regreso a su ermita.

 

En 1941 se recuperó el otro vía crucis que recorría las afueras de la ciudad en los tiempos antiguos, el de los Diegos o Pasos de Santiago"

 

Pero no debe dejar de citarse el vía crucis organizado por la parroquia de San Antolín el Viernes Santo, a las cuatro de la tarde, por el mismo itinerario que seguía el desaparecido de los franciscanos a lo largo del Malecón, una evocación de tiempos pasados, muy vinculada a la Cofradía del Perdón, con sede en aquél templo, que tiene por titular al crucificado que presidió en su día la ermita del Calvario del camino de la cruz. 

En 1941 se recuperó el otro vía crucis que recorría las afueras de la ciudad en los tiempos antiguos, el de los Diegos o Pasos de Santiago, partiendo desde San Miguel los viernes de Cuaresma al toque de oraciones (que se hacía coincidir con el anochecer). El último viernes, el denominado de Dolores, presidió la oración la imagen de Nuestro Padre Jesús, obra de Roque López, que más de medio siglo después volvió a hacerlo, pero ahora el primer viernes de Cuaresma, para finalmente integrarse como cuarto paso en la procesión de la Cofradía de la Misericordia.

De este modo, la nueva ola de catolicismo posbélico buscó un reencuentro con el pasado, pero fue finalmente el vía crucis de las madrugadas de los viernes de Cuaresma, que impulsó Acción Católica en el marco de sus campañas cuaresmales de Oración y Penitencia, a partir de 1951, el que ha llegado hasta nuestros días y cumple ahora 75 años. Y todo apunta, a la vista de la concurrencia de fieles, que serán bastantes más.

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