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Tribuna política

Los caudales ecológicos como invento del bipartidismo

"El caudal ecológico siempre estuvo diseñado como una trampa para acabar con el Trasvase"

Publicado: 15/01/2026 ·08:50
Actualizado: 15/01/2026 · 08:50
  • Trasvase Tajo-Segura.
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Los caudales ecológicos son la pesadilla de la planificación hidrológica en España. Nadie obligaba a establecerlos. Ni la Directiva Marco Europea del Agua ni la Agenda 2030 los imponen como obligatorios. Pero los políticos españoles quisieron superar a la ONU y la Unión Europea para vestirse a la moda climática con todos sus tirabuzones.

Los jefes socialistas y populares quisieron colocar su ecologismo por encima de su torpeza. El resultado fue el invento de los caudales ecológicos. Un cilicio que los agricultores deben colocarse, para las mortificaciones de la falsa religión climática, que es adorada y oficial en gobiernos acomplejados por el ecologismo radical.

Gracias al empeño de algunos dirigentes del PP, guiados por la izquierda ecofeminista, los planes hidrológicos deben establecer caudales ecológicos con todos sus componentes técnicos: caudal mínimo, máximo, generador y tasa de cambio. Y además el componente político (una “concertación” a medida) que excluye a los regantes del Segura. Y ahora toda esa tramoya está avalada por el Tribunal Supremo, con su jurisprudencia de intereses a favor de la discrecionalidad del gobierno para establecer los caudales de cualquier manera.

El desastre de este invento ha sido especialmente devastador para el Trasvase Tajo-Segura. Podemos decir que los caudales ecológicos son la fórmula perfecta para acabar con el Trasvase. No salió adelante la reforma de los estatutos para que las autonomías puedan mangonearlo y tampoco lo había dejado fuera de juego el orden de prioridades donde la agricultura se coloca detrás del medio ambiente para las asignaciones de agua.

 

Los caudales ecológicos son una trampa, un engaño, incluso un fracaso para los ecosistemas fluviales"

 

¿Y qué es el caudal ecológico? En primer lugar, hay que decir que es un concepto raro, porque no es un caudal ecológico o natural. No estamos hablando de la corriente de agua que corresponde al río por su naturaleza, sino un caudal totalmente artificial, una construcción, una elaboración de los planificadores y, por tanto, es un caudal que sólo es posible establecer aguas abajo de los pantanos.

Por tanto, ya tenemos la primera falsedad, la primera contradicción, y es que ese caudal, a pesar de su denominación, no puede ser ecológico, porque no se da en la naturaleza, sino que sólo es posible donde hay obras de regulación y, precisamente por eso, donde no hay pantanos no hay caudal ecológico.

¿Y cuál es la finalidad del caudal ecológico? Pues no es otra que mantener la vida piscícola y la vegetación de ribera. Pero con esa finalidad ya teníamos la legislación de pesca fluvial desde los años 40 y, posteriormente, las normas sobre espacios naturales, por lo que no hace ninguna falta el atropello del caudal ecológico.

Por tanto, si el caudal ecológico es un artificio montado por los políticos del PP y PSOE, y no hace ninguna falta para mantener la vida piscícola y la vegetación de ribera, la pregunta es cuál es el verdadero sentido del caudal ecológico.

El caudal ecológico siempre estuvo diseñado como una trampa para acabar con el Trasvase. Nuestros enemigos sabían perfectamente que la única manera del acabar con el Trasvase era subir el caudal circulante en Aranjuez de forma desmesurada (hasta 8.6 m/s) y camelar al Levante con un plan de desalación para compensar por las pérdidas de agua trasvasada.

Toda la política de agua que se ha desarrollado en España en las últimas décadas se ha diseñado con ese objetivo. El odio y la ojeriza al Trasvase (que algunos ven como obra del franquismo) era insoportable para los defensores de la prioridad de los ecosistemas frente a la producción agraria y las exportaciones del Levante español.

 

La política española de aguas se ha convertido en un juguete de los ecologistas y un arma de los separatistas para destrozar la unidad hidrológica nacional y la seguridad alimentaria"

 

Los políticos de todos los partidos han colaborado activamente en la puesta en marcha de los caudales ecológicos. Singularmente son culpables los ministros autores de la instrucción de planificación hidrológica, aprobada en 2008 y reformada en 2011 y 2015, donde figuran destacadamente los dirigentes del PP, que le dieron un arreón para colgarse las medallas del ecologismo que les negaba la izquierda progresista.

Y con todo ese empuje, con toda la colaboración socialista y popular, la política española de aguas, en lugar de tener por objetivo distribuir los recursos de la nación y hacerlos productivos (abastecimientos, electricidad y agricultura), se ha convertido en un juguete de los ecologistas y un arma de los separatistas para destrozar la unidad hidrológica nacional y la seguridad alimentaria.

Los caudales ecológicos son una trampa, un engaño, incluso un fracaso para los ecosistemas fluviales. Por eso hay que derogar la normativa que los regula y establecer, en su lugar, caudales circulantes mínimos (para el Tajo en Aranjuez 6 m/s) que son los únicos caudales “ecológicos” posibles, legales y ajustados a las necesidades del Tajo y del Segura. Para hacerlo basta tener una visión de las políticas del agua al servicio del bien común de nuestra Patria.

Pero no será posible acabar con la falsedad de los caudales ecológicos mientras el PP murciano no sea capaz de aceptar las propuestas de Vox y además tengamos socialistas empeñados en expulsar la agricultura hacia Marruecos. Tenemos que librarnos de esos dirigentes traidores, capaces de financiar los trasvases para la morería tomatera y narcotraficante, mientras en España prefieren cerrar el Tajo-Segura y dedicar el agua para diluir la contaminación de las alcantarillas y dar personalidad a los ecosistemas acuáticos, lo mismo que ya han hecho con el Mar Menor, con resultado nulo y además, en gran medida, ridículo.

 

Antonio Martínez Nieto

Diputado de Vox en la Asamblea Regional de Murcia

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