En los Tibios anteriores he comentado las tres variantes principales, capitaneadas por otros tantos médicos, del movimiento eugenésico en España: la versión del socialista Madrazo, la del franquista Vallejo-Nájera y la del liberal Marañón. Sería injusto acabar este ciclo sobre la eugenesia sin mencionar la variante catalanista. En consecuencia, es obligado mencionar al abogado gerundense Josep Antoni Vandellós.
Especializado en Estadística, en 1934 promovió el manifiesto “Por la conservación de la raza catalana”, en el que se oponía a que los catalanes se casasen con inmigrantes. A raíz de este documento al año siguiente nació la Sociedad Eugénica Catalana, de la que fue nombrado secretario. Este colectivo, que se disolvió en 1937, aspiraba a difundir la educación sexual, prevenir las enfermedades venéreas y, especialmente, dificultar que las catalanas generasen hijos con inmigrantes. Después de viajar en el tren Transiberiano, hizo gala de gran ingenio al denominar “transmiseriano” al tren que llevaba españoles de otras regiones a Cataluña. En resumen, la eugenesia catalanista fue racista desde su comienzo. En 1936 Vandelló emigró a Venezuela donde ayudó al Gobierno en materia estadística. De ese modo se libró de nuestra guerra civil y falleció años después en Estados Unidos.
No obstante, el tesoro racista que había acumulado, luego dulcificado a supremacista, no se disipó: el periodista Carlos Sentís la continuó. Ese tipo empezó su vida política en Izquierda Republicana de Cataluña, luego se hizo franquista y finalmente se afilió a la Unión de Centro Democrático. De hecho, fue uno de los artífices de que Tarradellas volviese a Cataluña antes de que se aprobase la Constitución, lo que luego aprovecharon los separatistas para afirmar que la legitimidad de la Generalidad no dependía de la Constitución. A las lectoras de este diario les interesará saber que el flexible Sentís atribuyó el tracoma, una infección bacteriana que puede provocar ceguera, a la promiscuidad de las mujeres murcianas. Según él, mucho antes de que las primeras hippies nos instasen a hacer el amor (en español, a follar) en vez de hacer la guerra (en español, la guerra), ya las murcianas inmigrantes se dedicaban al amor libre en Cataluña. En realidad, el tracoma no tenía un origen tan divertido, sino que se debía a las malas condiciones higiénicas, asociadas a la pobreza, en las que vivían los inmigrantes.
Con Torra, se produjo una polémica entre los separatistas: para unos, los catalanes eran genéticamente diferentes de los españoles; para otros, no solo los españoles éramos diferentes, sino que teníamos arrugados nuestros genes"
En la misma línea se movió el científico barcelonés Heribert Barrera. Licenciado en Química y en Física, se exilió en Francia a raíz de la guerra civil. No obstante, retornó para recuperar en la clandestinidad las estructuras de Izquierda Republicana de Cataluña. Tras informarnos de que los negros eran menos inteligentes que los blancos (al menos en Estados Unidos), se popularizó en Cuba una antigua cancioncilla: “Desde el fondo de un barranco/grita un negro con afán/ ¡Dios mío, quién fuera blanco/ aunque fuese catalán!”. Sin desanimarse, Barrera propuso esterilizar a los débiles mentales, si bien, siempre preciso, solo a los de origen genético. Y anunció que la raza catalana (blanca e inteligente) se perdería si se cruzaba con los inmigrantes (blancos, pero menos inteligentes). Así mismo predijo que el bilingüismo destrozaría la cultura catalana (un pionero de la inmersión lingüística que ahora defienden los socialistas). Ya en su última etapa, reconoció que los catalanes habían podido superar la inmigración andaluza, pero puso en duda que lo lograsen con la latinoamericana. En suma, él quería una Cataluña sin inmigrantes.
Horrorizado, el buenazo de Jordi Pujol declaró que estaba en desacuerdo con Barrera y sus compañeros de IRC lo expulsaron. Quizás para compensar, Pujol declaró que los andaluces eran hombres medio hechos, incompletos. Por su parte, Carod Rovira negoció con ETA que sus terroristas no atentasen en Cataluña, sino solo en el resto de España.
Esos datos nos ayudan a entender la opinión que Oriol Junqueras, el destacado separatista catalán de IRC, publicó en el diario Avui en 2008: “Los catalanes tenemos más proximidad genética con los franceses que con los españoles, y los españoles más con los norteafricanos que con nosotros". Tres años después achacó a las emigraciones las supuestas diferencias genéticas entre los catalanes y los españoles, pero aclaró que no pretendía atribuirse ninguna clase de superioridad. Según él, los españoles no eran genéticamente inferiores a los catalanes, sino simplemente diferentes. Al parecer, nadie tuvo el coraje de regalarle un espejo.
Al año siguiente, en diciembre de 2012, el igualmente separatista Quim Torra, que luego presidió la Generalidad de Cataluña, escribió en El Món que "hay algo freudianamente profundo en los españoles: un bache en su ADN". Se había producido una polémica entre los separatistas: para unos, los catalanes eran genéticamente diferentes de los españoles; para otros, no solo los españoles éramos diferentes, sino que teníamos arrugados nuestros genes. Nadie sabe si porque él sí disponía de espejos, de los penes de los españoles Torra no dijo nada.
Después de escuchar a esta tropa, no extrañará a nadie que Silvia Orriols, al frente de su Alianza Catalana, pida ahora la expulsión de los islámicos y los españoles de Cataluña. Y, según las encuestas, será la tercera fuerza catalana, por delante de Juntos por Cataluña, en las próximas elecciones. Por mi parte, me quedo con la detectada promiscuidad de las mujeres emigrantes murcianas. ¿Alguien conoce a alguna entusiasta del amor libre? Pues que le aconseje que no es necesario que emigre a Cataluña, pues ya la también murciana Águeda Bañón nos legó una fotografía en la que estaba orinando graciosamente en la Gran Vía de Murcia como parte de un acto artístico. Coautora del proyecto “Muchachas a las que les gusta el porno”, fue nombrada años después directora de Comunicación del Ayuntamiento de Barcelona en la gloriosa etapa de Ada Colau y Gerardo Pissarello. Materializando un hecho que Barrera no había previsto, a pesar de ser murciana, Bañón triunfó en Cataluña.