La cámara de ecos de Cartagena

Opinión

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El eurocristiano tibio
Publicado: 27/09/2026 · 06:00
Actualizado: 27/09/2026 · 06:00
  • Felipe VI preside en la UPCT la apertura del curso universitario.
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El pasado jueves se celebró en la UPCT el acto de inauguración del curso universitario nacional. Por invitación de su rector, no solo asistieron muchos otros rectores, el presidente de la CRUE, la alcaldesa de la ciudad, el presidente de la región y la ministra de Universidades, sino también Felipe VI. Aunque todos los discursos que se pronunciaron tenían su enjundia, en este Tibio me centraré en las palabras del rey. Defendió que las universidades deberían ser espacios esenciales para formar ciudadanos con la capacidad de pensar libremente, contrastar pareceres y convivir con quienes mantienen opiniones distintas a las propias. Constatando la polarización existente, denunció el riesgo de que la sociedad se encierre en una “cámara de ecos”, en la que solo se refuercen las ideas consabidas de antemano.

En efecto, como todos padecemos un sesgo de confirmación, tendemos a prestar más atención a los mensajes que concuerden con nuestras opiniones previas y a obviar los que las contradigan. Mucha gente se abona al lema de que dato mata relato, pero luego resulta que eligen solo los datos que confirman el suyo y esconden los que lo refutan. Por mi parte, llevo muchos años practicando una ascesis intelectual con vistas a librarme, en la medida de lo posible, de mi propio sesgo de confirmación. Desde luego, me ha ayudado mucho a conseguir tal objetivo haber colaborado en sucesivos momentos de mi vida con personajes tan distintos como los siguientes: el democristiano Ruiz Giménez, el sindicalista Eduardo Saborido, el eurocomunista Santiago Carrillo, el socialista Antonio Pascual, el comunista Julio Anguita, el progresista Ramón Tamames, la liberal Cristina Gutiérrez Cortines y el arzobispo castrense Juan del Río.

Con tales contradictorias influencias, todas de notable calidad, o bien uno se queda definitivamente tonto, o bien se vuelve un irrecuperable librepensador. Como complemento, me he esforzado en leer diariamente varios periódicos de tendencias opuestas, disfrutando con las opiniones que comparto y soportando estoicamente las que me repelen. Así he avanzado tanto en mi proceso de despolarización que he llegado a intentar, empezando por Cartagena, iniciar un movimiento político, titulado Dos Orillas, basado en la idea de tomar todo lo positivo que puedan aportar los dos o tres bloques principales en contienda y rechazar las negativas. Naturalmente, encontrar gente que asuma ese enfoque ha sido extraordinariamente difícil, pues, a pesar de su buena voluntad, casi nadie puede evitar alinearse, siquiera inconscientemente, con alguno de los bloques implicados en la polarización. No todo el mundo lleva varias décadas tratando de evadirse de la cárcel emotiva de las dos Españas. Y si no reaccionan en clave polarizada cuando le mencionan al PP o al PSOE, lo que ya tiene su mérito, es superior a sus fuerzas mantenerse despolarizados cuando salen a relucir Vox o Sumar.

 

Mientras que tanto Izquierda Española como Myriam González han expuesto sus ideas en Sevilla, y la segunda también en el Casino de Murcia, sus voces no se han oído todavía en Cartagena

 

Con todo, lo más sorprendente que he aprendido con esta experiencia es lo sumamente difícil que resulta organizar en Cartagena un debate político abierto. Como si la trimilenaria ciudad estuviese atrapada en una cámara de ecos, no hay manera de encontrar un local que acoja la presentación de las ideas de cualquier fuerza política extraparlamentaria. Da lo mismo que se trate de Izquierda Española, una formación socialdemócrata que, caso único en ese sector, cree que España es una nación y no una nación de naciones ni un Estado plurinacional, o se trate de España mejor, un grupo de pensamiento reformista radical capitaneado por Myriam González Durántez, la repuesta suele ser negativa porque la institución pertinente no quiere ninguna clase de “politización”. Es indiferente a qué puerta llames, pues la respuesta es siempre la misma. Los más sinceros optan por la negativa directa; los más diplomáticos aducen que tienen la agenda completa, y los más sibilinos prometen que acogerán el acto en el futuro (un futuro con la curiosa propiedad de que nunca deja de ser futuro).

Es asombroso: ninguno de los salones de las antiguas cajas de ahorro, ni tampoco el salón de la UNED, ni el de la Sociedad Económica de Amigos del País, o cualquier otro local adecuado, está dispuesto a facilitar que ningún proyecto político renovador se de a conocer en Cartagena. Así, mientras que tanto Izquierda Española como Myriam González han expuesto sus ideas en Sevilla, y la segunda también en el Casino de Murcia, sus voces no se han oído todavía en Cartagena. Naturalmente, esa situación de bloqueo va en contra del dinamismo político y social comarcal, por lo que espero que alguna de las instituciones que disponga de los medios necesarios reaccione sin mucha dilación. Como hizo antaño con otras tareas parecidas, quizás una vez más le corresponda asumir esa tarea a la UPCT, que acaba de renovar su imagen corporativa para definirse como la universidad de los retos reales. Pues bien, es muy posible que uno de los retos reales de Cartagena sea abrirse a las novedades políticas que estén surgiendo en España. Y no me refiero al Frente Amplio, la nueva denominación de un proyecto que lleva más de diez años en España y que tiene ministros en el gobierno. Eso solo es una renovación lingüística, que no política. Las verdaderas novedades se llaman Izquierda Española, Iustitia Europa o Democracia 21, el incipiente partido de Myriam González. 

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