La universidad que mira al futuro sin perder de vista a las personas

Formación y Educación

Felipe VI preside en la UPCT la apertura nacional del curso universitario, marcada por la reflexión sobre los límites de la tecnología y el valor de una educación capaz de abrir oportunidades para todos

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Hay una pregunta que sobrevuela cualquier universidad que quiera hablar de futuro: qué hacemos con la tecnología cuando la tecnología empieza a hacerlo todo por nosotros.

La cuestión ha encontrado este jueves en Cartagena un escenario singular. La Universidad Politécnica de Cartagena ha acogido el Solemne Acto de Apertura del Curso Académico 2026/2027 de las Universidades Españolas, presidido por Felipe VI, con la presencia de la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant; el presidente de la Región de Murcia, Fernando López Miras; el presidente de la CRUE, Julián Garde; la alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo, y una treintena de rectores.

 

 

Pero bajo la solemnidad de la ceremonia había un debate mucho más profundo: qué universidad necesita una sociedad que está cambiando a una velocidad que ni siquiera la propia tecnología parece capaz de medir.

El rector de la UPCT, Mathieu Kessler, ha recurrido al filósofo Bernard Stiegler para poner el asunto sobre la mesa: “Toda tecnología tiene un poder curativo, para las personas y el entorno, pero también un potencial tóxico”.

La frase le ha servido para plantear una responsabilidad que afecta especialmente a una universidad como la Politécnica. “En un momento en el que la tecnología lo permea todo, lo moldea todo, influye en todo”, ha señalado, quienes se dedican a enseñarla, investigarla y transferirla tienen también la obligación de preguntarse qué efecto tiene sobre la sociedad y sobre nosotros mismos.

Y ahí aparece una segunda idea: educar no es simplemente transmitir conocimientos.

La educación es siempre un proyecto de individuación”, ha defendido Kessler. “No consiste en transferir contenidos, sino en crear las condiciones para que alguien se transforme para el resto de su vida”.

Una reflexión especialmente relevante cuando la inteligencia artificial amenaza con convertir en automático aquello que hasta ahora exigía esfuerzo, ensayo, error y aprendizaje.

“Una formación que elimina la dificultad, que evita las fricciones y la resistencia, que delega en automatismos lo que el sujeto debería atravesar activamente, no es formación”, ha advertido el rector, que ha reclamado cautela ante la introducción de la IA en los procesos de aprendizaje.

“La educación entendida así requiere de la implicación activa del estudiante para construirse como persona, para integrarse y contribuir a un colectivo”, ha remarcado Kessler.

Es precisamente ahí donde el discurso de la UPCT deja de hablar únicamente de tecnología y empieza a hablar de qué tipo de personas quiere formar la universidad.

Cuando la tecnología sirve para quitar una barrera

La segunda gran intervención de la mañana ha llevado ese debate desde la teoría hasta una historia personal.

El profesor de la UPCT Antonio Sánchez Kaiser ha pronunciado la lección magistral de apertura, titulada Cuando el progreso tiene un propósito, centrada en la accesibilidad y la inclusión.

Su punto de partida no ha sido un laboratorio ni un algoritmo, sino su hija Vega, con discapacidad visual severa.

A partir de sus necesidades, Sánchez Kaiser comenzó a desarrollar una solución tecnológica destinada a transmitir en tiempo real aquello que otras personas estaban viendo y escuchando y adaptarlo a distintas necesidades visuales y auditivas.

El proyecto le obligó a aprender cosas que estaban fuera de su especialidad, a preguntar y, sobre todo, a trabajar con otros investigadores.

Los problemas reales no entienden de áreas de conocimiento ni de departamentos”, ha explicado.

La frase resume buena parte del mensaje de la jornada.

Porque la tecnología de la que se ha hablado en el Paraninfo no es la que sustituye a las personas, sino la que les permite hacer cosas que antes tenían vedadas.

Sánchez Kaiser ha defendido que todos tenemos capacidades extraordinarias para algunas cosas y enormes limitaciones para otras. “La diversidad no es una excepción para la que debamos hacer adaptaciones. Es la condición natural de la sociedad para la que diseñamos”, ha afirmado.

Y ha colocado a la universidad ante una responsabilidad concreta: no decidir quién puede llegar y quién no, sino proporcionar las oportunidades para que cada persona descubra hasta dónde puede llegar.

La historia de Vega ha convertido esa idea en algo tangible. La joven ha estado presente en el acto. “Puede verlo, puede escucharlo, puede vivirlo con nosotros”, ha explicado su padre. No porque su discapacidad haya desaparecido, sino porque algunas de las barreras que encontraba sí lo han hecho.

Y hay algo especialmente simbólico en ello: la tecnología que permite esa experiencia nació precisamente en la universidad que este jueves ha recibido al Rey.

Garde: la universidad como ascensor social y motor científico

El nuevo presidente de la Conferencia de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas (CRUE), Julián Garde, ha llevado el debate al conjunto del sistema universitario español.

Garde, rector de la Universidad de Castilla-La Mancha, ha defendido que “la Universidad es uno de los mecanismos más fuertes que poseen las sociedades para educar en valores sociales, para formar profesionales y para actuar como ascensor social”.

Y ha utilizado los propios datos de matriculación para explicar la confianza que, a su juicio, mantiene la sociedad española en la universidad. Aunque España es una sociedad cada vez más envejecida y cuenta con menos jóvenes, el número de estudiantes universitarios continúa creciendo.

Para Garde, ese dato evidencia que la ciudadanía sigue confiando en la universidad como espacio para educar, impulsar el talento y transformar la vida de las nuevas generaciones.

Pero la universidad no solo forma. También investiga. El presidente de CRUE ha recordado que el 80% de la investigación que se realiza en España procede de las universidades.

Esa responsabilidad, ha advertido, necesita recursos. Garde ha reclamado “una financiación justa” y ha señalado que, pese a las mejoras registradas, la financiación de la universidad pública española permanece un 20% por debajo de la media de los países de la Unión Europea.

También ha situado sobre la mesa el objetivo de alcanzar en 2030 el 1% del PIB de inversión en la universidad pública que establece la Ley Orgánica del Sistema Universitario.

Su intervención ha dejado así otra de las grandes cuestiones de la jornada: si la universidad está llamada a formar, investigar y transformar la sociedad, también necesita capacidad para afrontar esa responsabilidad.

Morant: “¿Para quién estamos construyendo?”

La ministra Diana Morant ha recogido precisamente ese hilo para llevarlo desde la historia de Vega hasta una reflexión más amplia sobre el papel de la universidad.

Tras elogiar la lección de Sánchez Kaiser, Morant ha lanzado una pregunta que ha quedado flotando durante su intervención: “¿Para quién estamos construyendo?”.

Su respuesta ha conectado directamente con la historia contada minutos antes. “Trabajamos, o al menos lo intentamos, para todas las personas, para una sociedad natural y orgullosamente diversa, para Vega, para que todo el talento encuentre su oportunidad”, ha señalado.

Para Morant, esa oportunidad también se construye desde las universidades. Y eso obliga, ha defendido, a repensar su papel en un mundo que cambia a una velocidad extraordinaria y cuya dirección “no siempre favorece al bien común”.

La ministra ha situado además el debate tecnológico en una cuestión más profunda: qué puede perder la universidad si la formación se reduce a una pantalla y a una inteligencia artificial.

“¿Cuántas lecciones insustituibles perderíamos sin las aulas, los pasillos, las bibliotecas, sin el contacto con los otros, sin la conversación, la empatía, la discrepancia?”, ha planteado.

Por eso ha defendido una universidad que no se limite a entregar titulaciones, sino que cumpla también un “compromiso democrático”: formar personas capaces de pensar por sí mismas y romper la relación entre origen y destino.

Que el lugar del que vienes no determine el lugar al que puedas llegar”, ha resumido.

López Miras: una universidad pegada a Cartagena y a su industria

El presidente de la Región, Fernando López Miras, ha situado el discurso en otro terreno: la relación entre universidad, territorio e industria.

En su intervención ha reivindicado la singularidad de la UPCT como una institución estrechamente vinculada a la identidad industrial, tecnológica, marítima y militar de Cartagena.

Y ha recuperado precisamente la idea planteada por Sánchez Kaiser: “Es la universidad donde la ingeniería ayuda a mejorar la vida de las personas”.

Para López Miras, ese debería ser el sentido último de la institución: “Mejorar la vida de las personas, no se me ocurre más digno objetivo”.

El presidente regional ha defendido además el sistema universitario de la Región de Murcia como un sistema “sólido, plural, consolidado y profundamente vinculado a la sociedad a la que sirve”, con más de 55.000 estudiantes y 295 títulos de grado, máster y doctorado.

En ese ecosistema, ha presentado a la UPCT como una universidad especialmente conectada con los retos productivos de la Región y con las tecnologías que están transformando el presente y el futuro.

La apuesta, ha explicado, pasa por unir conocimiento e innovación y orientar la investigación hacia desafíos concretos: desde Escombreras y la alimentación de precisión hasta la computación avanzada, la investigación en salud o la recuperación del Mar Menor.

También ha situado a las universidades en el centro del futuro industrial de la Región a través del Plan Industrial 2026-2035, al tiempo que ha reivindicado el nuevo marco legislativo regional en materia de universidades y de ciencia, tecnología e innovación.

Pero en su discurso ha habido también una idea especialmente ligada a Cartagena: la identidad.

“Cada una debe definir la huella que aspira a dejar en la sociedad”, ha señalado. Y, a su juicio, la UPCT está construyendo una identidad propia “profundamente vinculada a Cartagena y a la Región de Murcia”.

Una universidad que, ha defendido, no solo forma y genera conocimiento, sino que participa en la transformación de la ciudad, comparte sus retos e impulsa sus oportunidades.

Felipe VI: “Las preguntas de nuestro tiempo necesitan, en definitiva, universidad”

Felipe VI ha definido a la UPCT como una universidad “heredera de una larga tradición de ingeniería y de vocación de servicio” y ha vinculado su identidad con la propia historia de Cartagena, una ciudad que ha descrito como “la síntesis, desde tiempos remotos, del Mediterráneo: un lugar de encuentros, de emprendimiento, de ciencia y de navegación”.

El monarca ha recurrido además a una figura inseparable de la historia científica de Cartagena, Isaac Peral, para lanzar un mensaje a los estudiantes e investigadores: ampliar las fronteras del conocimiento exige “mucho trabajo, horas de estudio e investigación y no pocas frustraciones y fracasos”.

La referencia a Peral enlaza así con una de las ideas centrales de la mañana: el conocimiento no se construye sin esfuerzo.

Felipe VI ha defendido además la necesidad de combinar distintas disciplinas para afrontar los problemas actuales. “Las preguntas de nuestro tiempo son de una complejidad tal que necesitan ingenieros y filósofos, científicos y juristas. Necesitan, en definitiva, universidad”, ha afirmado.

En el caso de la UPCT, ha unido esa concepción de la universidad con su propio lema, Fechos allend mar: “hechos más allá del mar”.

“La universidad encarna a la perfección la simbiosis entre el saber como tradición y el saber como aventura”, ha señalado el Rey.

Pero su discurso también ha entrado de lleno en uno de los problemas que atraviesa la jornada: la información en la era digital y el impacto de la inteligencia artificial.

“Vivimos rodeados de información, pero también de un volumen ingente de desinformación”, ha advertido.

Frente a ello, ha reivindicado instituciones capaces de ayudar a la sociedad a salir de las llamadas “cámaras de eco”, convertir la información en conocimiento y el conocimiento en criterio.

Porque, ha añadido, “el buen uso del saber exige discusión rigurosa”.

Y en ese contexto ha situado la inteligencia artificial: orientar su utilización hacia el bien común resulta, a su juicio, esencial para evitar que la tecnología termine actuando como “catalizador de desigualdades”.

La universidad como ascensor social

El discurso de Morant ha introducido además uno de los debates más concretos de la jornada: el acceso a la universidad pública.

La ministra ha señalado que España cuenta ya con casi dos millones de estudiantes universitarios, pero ha advertido de las dificultades que afronta el sistema público. Según los datos que ha ofrecido, durante la última década las matrículas en las universidades públicas han crecido un 3%, frente al 128% de las privadas.

Ha puesto como ejemplo a estudiantes con notas superiores al 12 que este curso no han encontrado plaza pública en la titulación que querían.

Cuando eso ocurre, ha advertido, la cuestión deja de ser únicamente académica. “En ese momento dejamos de hablar de mérito y hablamos de cuenta corriente”, ha afirmado.

Morant ha defendido así la universidad pública como instrumento de igualdad de oportunidades y ha anunciado que el Gobierno continuará reforzando el sistema mediante becas, investigación y financiación.

También ha aprovechado el escenario de Cartagena para anunciar una nueva convocatoria del sexenio de transferencia, un incentivo para el profesorado investigador complementario a los actuales sexenios de investigación y destinado a reconocer la transferencia del conocimiento hacia empresas, administraciones y sociedad.

El futuro, pero con las personas en el centro

En el Paraninfo de la UPCT se han reunido este jueves representantes de buena parte del sistema universitario español para inaugurar oficialmente un nuevo curso.

El escenario tenía todos los ingredientes de una gran ceremonia académica: el Rey, ministros, autoridades regionales y locales y una treintena de rectores.

Pero el mensaje que ha quedado sobre la mesa es bastante menos ceremonial.

La tecnología puede ser extraordinaria. También puede convertirse en una forma de empobrecimiento si nos evita aprender, pensar o enfrentarnos a las dificultades.

Y la universidad tiene que moverse precisamente en esa frontera.

Kessler ha hablado de la responsabilidad de quienes crean tecnología. Sánchez Kaiser ha mostrado para qué puede servir cuando se pone al servicio de una necesidad humana concreta. Garde ha recordado que la universidad es también formación, investigación y ascensor social. Morant ha llevado ese debate hasta la igualdad de oportunidades y el papel democrático de la universidad. López Miras ha colocado a la UPCT frente al desafío de transformar el territorio que la rodea. Y Felipe VI ha situado todo ello frente al gran reto de nuestro tiempo: convertir la información en conocimiento y el conocimiento en criterio sin permitir que la tecnología agrande las desigualdades.

Cinco miradas distintas para una misma pregunta: qué queremos que haga el conocimiento por la sociedad.

Sánchez Kaiser lo había expresado de una forma sencilla al terminar su lección:

Por encima de nuestras disciplinas, de nuestros métodos, de nuestros algoritmos y de nuestras tecnologías, hay algo que nunca deberíamos perder de vista: las personas”.

Y Felipe VI había colocado la misma cuestión en una escala mayor: “Las preguntas de nuestro tiempo” necesitan universidad.

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