Opinión

In memoriam

José Ballesta: alcalde de Murcia para la eternidad

"Se ha ido mi maestro, mi amigo, mi referente, una persona con la que compartí trabajo, preocupaciones, ilusiones, conversaciones difíciles y también sueños durante muchos años; hoy nos dejas huérfanos"

  • José Ballesta y José Guillén.
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Hay noticias que uno nunca está preparado para recibir.

Por muchos años de vida pública, por muchas responsabilidades acumuladas, por muchas situaciones difíciles atravesadas, uno nunca termina de estar preparado para despedir a alguien con quien ha compartido una parte tan importante de su vida y de la vida de Murcia.

Hoy no hemos perdido únicamente a nuestro alcalde. Hoy se ha ido mi maestro, mi amigo, mi referente, una persona con la que compartí trabajo, preocupaciones, ilusiones, conversaciones difíciles y también sueños durante muchos años, hoy nos dejas huérfanos.

He visto de cerca su entrega absoluta, las horas invisibles que nadie ve, las llamadas interminables, las decisiones complejas, el desgaste silencioso. El peso real que supone llevar sobre los hombros una ciudad entera y sentirla como una responsabilidad personal.

Y también he conocido a la persona.

Al hombre cercano, al fervoroso esposo que admiraba a su mujer por encima de todas las personas, al que ama a su familia y los suyos hasta el extremo. Al compañero, al universitario brillante que nunca dejó de ser profesor, al médico que entendía el valor de cuidar, al murciano que hablaba de su tierra, no desde el discurso, sino desde una convicción profunda y casi emocional.

 

Entendía que gobernar no consiste solamente en gestionar presupuestos o inaugurar infraestructuras, consiste en cuidar una identidad colectiva, en escuchar, en resistir, en mantener el equilibrio entre tradición y futuro. En querer profundamente la tierra a la que sirves"

 

Hace ya casi treinta años, cuando muchos apenas comenzábamos nuestro camino en la vida pública y universitaria, ya aparecía esa manera tan suya de entender su amada tierra: como algo que había que proteger, dignificar y proyectar hacia el futuro sin perder jamás el respeto por su historia, la tierra donde están enterrados nuestros padres y donde vivirán nuestros hijos y nietos, como siempre decía.

Con el tiempo compartimos proyectos, momentos buenos y otros extraordinariamente difíciles. Conversaciones largas. Dudas. Decisiones que nunca salen en los titulares, porque la política de verdad no sucede únicamente en los grandes anuncios, sucede muchas veces de madrugada, frente a un problema urgente, intentando encontrar soluciones para la gente.

José Ballesta entendía eso mejor que nadie.

Entendía que gobernar no consiste solamente en gestionar presupuestos o inaugurar infraestructuras, consiste en cuidar una identidad colectiva, en escuchar, en resistir, en mantener el equilibrio entre tradición y futuro. En querer profundamente la tierra a la que sirves.

Y quería a Murcia de verdad.

La quería cuando hablaba de su patrimonio. Cuando defendía sus tradiciones, cuando imaginaba nuevos proyectos, cuando soñaba una ciudad más moderna, más abierta y más orgullosa de sí misma. Y también cuando las cosas se ponían difíciles y había que sostener la institución con serenidad.

 

Murcia siente dolor, pero junto al dolor también existe orgullo: el orgullo de haber tenido un alcalde que entendió que gobernar es servir. Que la política municipal no va de uno mismo, sino de mejorar la vida de los demás"

 

Las ciudades tienen edificios, calles y proyectos, pero las ciudades también tienen alma. Y quienes las lideran desde la autenticidad dejan una huella que trasciende la política y permanece en la memoria colectiva mucho más allá de cualquier mandato.

Hoy Murcia siente dolor.

Un dolor sincero. Profundo. Compartido.

Pero junto al dolor también existe orgullo. El orgullo de haber tenido un alcalde que entendió que gobernar es servir. Que la política municipal no va de uno mismo, sino de mejorar la vida de los demás.

Esta mañana, durante el entierro, mientras la ciudad entera parecía caminar en silencio, uno entendía que hay despedidas que trascienden cualquier ideología o cualquier diferencia política, porque cuando una ciudad despide así a una persona, lo que está reconociendo realmente es una vida entregada a los demás.

Y eso no se improvisa. Eso se construye durante décadas de trabajo, de coherencia, de amor por tu tierra y vocación de servicio.

Descansa en paz, Jose.

Tu ciudad no te olvidará jamás.

Siempre a tus órdenes, Pepe Guillén.

 

José Guillén Parra

2º Teniente de alcalde y concejal delegado de Desarrollo Urbano y Ciudad Inteligente

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