Opinión

Obitiuario

Ballesta, el murciano cualquiera

"El alcalde nos ha dado a todos una lección constante de serenidad institucional, de vocación de servicio público, de compromiso por los demás, con la autoridad que te otorga el estar socialmente reconocido, el prestigio y la influencia moral"

  • José Ballesta, en la Semana Santa de 2026, con la Reina Sofía y las infanta Elena y Cristina.
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Si tuviese que resumir en una sola frase lo que representa el alcalde Ballesta citaría una reflexión que en su día él mismo hizo del profesor Jover Zamora, murciano, maestro de historiadores, que al ser preguntado por la cualidad más importante del murciano respondió “la tolerancia, el respeto al hombre por encima de todo”. Y al preguntarle quiénes han sido los murcianos más influyentes de la historia enfatizó con una afirmación que viene a colación: “los que todavía al morir, ponen en su esquela el apodo para certificar más su personalidad, los que mantienen la humanidad murciana y los que ven en el otro  un ser humano como él, y una persona que por el hecho de serlo, tiene derecho al respeto. El murciano cualquiera. Ante los ojos de Dios, para mí que soy cristiano, esos son más importantes que los que hacen grandes cosas y vienen a los libros”.

Escribir el obituario del que ha sido tu jefe y amigo durante muchos años en un momento así no es fácil, pero al releer la reflexión del profesor Jover Zamora caes en la cuenta de que, por encima de todo, el alcalde Ballesta ha sido el murciano cualquiera.

Hijo y padre de familias numerosas, abuelo orgulloso de sus herederos, el alcalde nos ha dado a todos una lección constante de serenidad institucional, de vocación de servicio público, de compromiso por los demás, con la autoridad que te otorga el estar socialmente reconocido, el prestigio y la influencia moral. La autoritas y la potestas eran dos conceptos aplicados al derecho romano a los que apelaba con asiduidad. 

 

Nunca ocultó el honor que sería para él ser alcalde de  la ciudad a la que amó sobre todas las cosas, a su huerta, a sus monumentos, pero sobre todo a sus murcianos, como herederos de un largo pasado de esfuerzos, perseverancia y tenacidad"

 

Como rector más joven de España, catedrático de medicina (1992), a los 34 años, supo transformar la Universidad de Murcia en un ámbito de excelencia académica a la altura de las orlas europeas donde se había formado. Durante su rectorado (1998-2006) vertebró las infraestructuras universitarias, creando un verdadero campus donde antes había edificios, y abrió de manera generosa la Universidad de Murcia a los campus de Cartagena, San Javier y Lorca.

Consejero del Gobierno regional (2007-2014), durante distintas etapas, y portavoz del ejecutivo murciano en momentos convulsos, nunca ocultó el honor que sería para él ser alcalde de  la ciudad a la que amó sobre todas las cosas, a su huerta, a sus monumentos, pero sobre todo a sus murcianos, como herederos de un largo pasado de esfuerzos, perseverancia y tenacidad.  

Desde la palabra, el alcalde Ballesta defendió, durante sus atropellados mandatos, un humanismo propio de un nuevo renacimiento. Evitaba el enfrentamiento y sostenía los intereses generales desde el argumento, nunca desde la exhibición del gesto, desde el exigente aprendizaje de la historia, nunca desde la banalidad de la consigna partidista.

Hablar de Ballesta es hablar de la identidad de los murcianos, de las singularidades de un pueblo que a lo largo de los siglos ha sido cruce de caminos, encrucijada de civilizaciones y tierra de fronteras, como le gustaba relatar. Es posible que la personalidad de Ballesta surja como consecuencia de esa amalgama de diversos pueblos y del mestizaje del que tanto narró. Lo propio del genio murciano que Ballesta supo ensamblar de manera singular, a todos los murcianos.

El alcalde de Murcia, no habrá otro igual, ha sabido trasladar la pasión y el entusiasmo de defender la memoria de un pueblo, en el espejo de reconocerse todo entero en él. Amaba a Murcia por encima de todo. Recorría sus calles y plazas, sus veredas, sus carriles, sus kilómetros de acequias con la mirada puesta en el pasado para construir el futuro, la Murcia que queremos, decía. Una Murcia con un proyecto definido, moderna, cosmopolita, abierta, llena de vida y oportunidades, alegre y dinámica. Y lo hacía con energía y determinación, con fuerza e ilusión, porque le movía el sentimiento del murciano cualquiera en lo más profundo de su ser. Uno de esos murcianos que llevan la generosidad, el talento y el orgullo de serlo a todos los rincones del mundo.

Ciudadano universal, su mundo que tanto recorrió, era la patria que le vio nacer, donde puso sus primeros afectos y donde halló consolados sus primeros infortunios. Como diría el comisario Regio de la Universidad de Murcia, Andrés Baquero Almansa, “para él el mundo se compone y se resume en España, España en Murcia, y Murcia en la torre de Santa María de su Catedral”.

 

Miguel Ángel Pérez Heredia

Jefe de gabinete de Alcaldía de Murcia

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