Aunque muchos tal vez no lo entiendan, el fútbol tiene mucho en común con la religión, al igual que todo en esta vida. Enrique Carretero lo describe en su libro ‘La religión esférica’. Ambos no son contrapuestos, sino que pueden complementarse.
En el año 2000 la FIFA creó ‘El Jugador del Siglo’, un galardón que tenía la finalidad de decidir el mejor jugador de fútbol del siglo XX. Se entregaron dos premios oficiales: uno fallado por un jurado formado por expertos y, otro, realizado mediante una votación popular por la web oficial de la FIFA. Los ganadores fueron Pelé, en el primer caso; y Diego Armando Maradona, en el otro sufragio.
Pelé era un gran practicante de la religión católica. A lo largo de su vida el astro brasileño manifestó esta fe de manera abierta. En una entrevista que le hizo el L’Osservatore Romano en el año 2008 afirmó: «Dios me ha dado el don de saber jugar fútbol, porque realmente es un don de Dios; y mi padre me ha enseñado a usarlo».
Aunque muchos tal vez no lo entiendan, el fútbol tiene mucho en común con la religión, al igual que todo en esta vida. Ambos no son contrapuestos, sino que pueden complementarse
Maradona también profesaba el catolicismo. Mantuvo una relación muy personal y devota a lo largo de su vida, a pesar de sus altibajos y críticas frecuentes a la institución eclesiástica. De hecho, llevaba tatuado el rostro de la Virgen María (la ‘Tota’) en su hombro derecho.
Pero Pelé y Maradona no son excepciones, sino que los principales jugadores de la historia del fútbol han sido religiosos y, concretamente, católicos. El legendario Alfredo Di Stéfano profesó esta fe toda su vida. Nació en Buenos Aires, al igual que el Papa Francisco. Pero no solo eso, sino que fueron vecinos en la infancia pues vivían a tan solo dos calles de distancia y, además, estudiaron en el mismo colegio. Di Stéfano afirmó una vez: «A lo mejor el papa fue alguno de los chicos con los que yo jugaba a la pelota en la calle de niño». No en balde, a Jorge Mario Bergoglio le pusieron el apodo de ‘El Papa futbolero’.
La leyenda alemana Franz Beckenbauer fue católico, a pesar de vivir en una nación de mayoría protestante. Tras una profunda reunión que mantuvo en 2005 con su compatriota el Papa Benedicto XVI, a quien el ‘kaiser’ admiraba profundamente, reafirmó sus convicciones religiosas y practicó activamente más que nunca el catolicismo.
Los principales jugadores de la historia del fútbol han sido religiosos y, concretamente, católicos
Pero centrémonos en los futbolistas que han jugado el Mundial que acaba de finalizar y el cual España ha ganado. Los mejores jugadores de la selección croata, Kristijan Jakić, Mateo Kovačić y el capitán Luka Modrić, profesan el catolicismo y lo manifiestan públicamente. Este último lleva sendas imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen María en sus espinilleras, que besa antes de saltar al terreno de juego.
El delantero brasileño Vinícius Junior manifestó en una entrevista concedida al diario Marca en 2018 que su religión es la católica y lleva tatuada la frase «Bendecido por Dios». El ‘ariete’ belga Romelu Lukaku profesa la fe católica. Durante una de sus peregrinaciones a Lourdes escribió: «La fe siempre ha sido importante para mí. Desde Lourdes, Dios es grande». Al delantero mexicano Armando ‘La Hormiga’ González se le vio arrodillado ante una imagen de la Virgen de Guadalupe antes del encuentro entre México y República Checa. Y el portero de la selección estadounidense Matt Freese, católico desde la infancia, asistía a Misa incluso los días de los partidos del Mundial.
El entrenador de la selección brasileña Carlo Ancelotti es conocido por su devoción a San Pío de Pietrelcina, el popular ‘Padre Pío’. Además de ganar tres Mundiales de Clubes - dos con el Real Madrid y uno con el Milán - ostenta el récord de ser el único entrenador en haber ganado las cinco principales ligas europeas.
Tal vez se podría pensar que la creencia en Dios y, concretamente, en la religión católica, ayuda a ganar partidos, récords futbolísticos y Campeonatos Mundiales. ¿No creen? Yo, personalmente, sí lo creo. A las pruebas me remito
Kylian Mbappé, campeón del Mundial Rusia 2018, francés de origen camerunés y argelino, es católico. De hecho, en charlas con niños en escuelas lo ha expuesto abiertamente. Ha sido el jugador que más goles ha metido en el Mundial que acaba de terminar, llevándose la ‘Bota de Oro’ y batiendo dos récords: el registro más alto en toda la historia de la competición con 10 anotaciones y convertirse en el único jugador en la historia en ganar dos veces este galardón, pues ya lo consiguió en el Mundial de Qatar 2022.
Tampoco tiene ningún reparo en manifestar su fe católica el campeón del mundo Lionel Messi, afirmando en varias ocasiones: «considero mis talentos un regalo de Dios». De hecho, tiene dos tatuajes que lo demuestran: uno es de Jesucristo con la corona de espinas en la parte superior del hombro derecho y, el otro, un Rosario en el antebrazo.
Y, para terminar, centrémonos de nuestra selección nacional. El entrenador Luis de la Fuente siempre ha hablado abiertamente de sus fuertes creencias católicas en diversas ocasiones. Es un gran devoto del Santísimo Cristo de la Expiración de la Hermandad del Cachorro desde su estancia como futbolista en el Sevilla.
Los dos ‘héroes’ de las dos Copas del Mundo que hemos conquistado profesan arraigo católico. Andrés Iniesta hizo notoria su fe cuando visitó en 2010 a la Virgen de Guadalupe junto a sus compañeros para ofrecerle tanto la Copa como la camiseta que dedicó al difunto jugador Dani Jarque y que mostró tras anotar el gol que dio a España su primer Mundial. Y Ferrán Torres declaró al Canal 5 de la televisión de Panamá al finalizar el partido y en plena celebración: «Gracias a Dios, Él que me da la fuerza para seguir adelante».
Una vez leído todo lo que he expuesto y sin nombrar a muchos más jugadores que me he «dejado en el tintero», tal vez se podría pensar que la creencia en Dios y, concretamente, en la religión católica, ayuda a ganar partidos, récords futbolísticos y Campeonatos Mundiales. ¿No creen? Yo, personalmente, sí lo creo. A las pruebas me remito.